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2017: El año de los retos políticos

2017: El año de los retos políticos


El año 2016 culmina para los venezolanos con una de las peores crisis de la historia. No existe paz social, ni bienestar económico, ni paz política. La incertidumbre signa la vida de los ciudadanos.

En vísperas del nuevo año, el sector político enfrenta el nada envidable reto de devolver la paz social a la República. Lo que pasa por resolver los problemas económicos y garantizar la operatividad de las instituciones. Dos aspectos en los que falla el sistema político venezolano.

Los procesos de deterioro de las sociedades requieren de soluciones políticas. Si bien los problemas se evidencian en lo económico y social. Es así como la voluntad política de la clase dirigencial es lo primero que debe aparecer en el contexto de la diversidad de problemas que afectan la Nación.

En el 2017 el presidente Nicolás Maduro, como jefe del gobierno, tendrá la mayor responsabilidad. Son los gobiernos los que deben garantizar el bienestar de la población. Los otros actores políticos, como son los dirigentes de la oposición, deben cooperar institucionalmente en la consecución de ese bienestar.

Hasta el momento, Maduro ha adelantado en los últimos dos días, que centrará sus esfuerzos en dos acciones: sentarse en la Mesa de Diálogo el día 13 de enero; y formalizar una “unión cívico-militar” para enfrentar la presunta “guerra económica”.

Para esta convocatoria a la unión cívico-militar, ya han sido programados “los primeros ejercicios militares de defensa territorial, de defensa antiaérea, Zamora 200, el próximo sábado 14 de enero, con un despliegue de fuerzas militares, fuerzas milicianas y fuerzas populares”, según señaló el propio Maduro.

Esta convocatoria sería más una amenaza con militares y colectivos, que una genuina disposición para propiciar un “diálogo de paz”, como suele denominarlo el gobierno.

No nos imaginamos a la oposición, de naturaleza civil y democrática, sentada con el gobierno con la presencia de un obispo enviado por su santidad, teniendo que levantar la voz para hacerse oir en un ambiente ruidoso de aviones caza volando a baja altura, y uno que otro disparo de salva de unas baterías anti aéreas.

Por su parte la oposición, agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ha confirmado que no asistirá el día 13 a la gestión vaticana de diálogo, a menos que el gobierno cumpla con los compromisos adquiridos en las reuniones anteriores. Posición que parece compartir la diversidad de partidos, movimientos y personalidades que integran la MUD.

La táctica de convocar la unión cívico-militar fue reiteradamente utilizada por el finado ex presidenet Hugo Chávez. Cuando el péndulo de la opinión se balanceaba entre malestares militares y de la población en general, Chávez proclamaba el apoyo de uno u otro sector, sino el de ambos dos conjuntamente.

Cuando las encuestas mostraban en caída su popularidad, Chávez recordaba “esta es una revolución armada”. Cuando se oían ruidos extraños en los cuarteles, Chávez amenazaba con sacar el pueblo a la calle en defensa de la revolución. En tanto, quecuando las cosas no iban bien en ninguno de los dos sectores, señalaba: “esto es un revolución cívico-militar” .

Los tiempos en que vivimos evidencian una erosión de la popularidad de Maduro, su gobierno y su partido, el PSUV. Caída en la que acompañan las fuerzas armadas. Todos por debajo del 20% de aceptación o popularidad. Así lo reportan en sus informes las encuestas que han sondeado la opinión de los venezolanos.

Lo grave de la crítica a la gestión de Maduro y de su persona, es que esos altos niveles de rechazo solo son posibles con el apoyo del chavismo. En efecto, ya hace un par de meses, la enceusta Venebarómetro registraba que el 80% de los dirigentes de la dirección nacional de PSUV rechazan a Maduro.

Por otra parte, también refieren las encuestas que hay la convicción en ese 80% de los venezolanos, en cuanto a que deben producirse cambios en las políticas del país.

Todo parece indicar sin embargo, que el gobierno no estaría dispuesto a cambiar lo que ha venido haciendo y al como lo ha venido haciendo.

Las consecuencias del modelo económico, y de las decisiones tomadas en las últimas semana -algo extrañas- en política económica, le habrían dado al gobierno provecho en el tema del control social.

Desde hace meses, millones de personas gastan horas en interminables colas a las puertas de supermercados, panaderías y farmacias; precedidas en el último mes y medio, por colas a las puertas de bancos y cajeros automáticos para tener efectivo y pagar sus compras.

Quien tiene la preocupación, que en su casa no tiene nada con que dar de comer a su familia, no puede ponerse con “vainas”, más de allá de drenar su insatisfacción con quienes le anteceden o están detrás en la cola.

Solo cuando no se tuvo acceso al efectivo, se produjeron los acontecimientos de 16, 17 y 18 de diciembre en 12 estados del país. Solo había colas en los bancos, y eran escasas las colas en los supermercados.

Por ello la oposición, el otro actor político en esta crisis, ha insistido en que es necesario un cambio político. Lo que infructuosamente trató de impulsar en el 2016 con la convocatoria al referendo revocatorio del mandato presidencial.

Ahora en el 2017, la oposición agrupada en la MUD, deberá reorganizar sus fuerzas y replantearse sus objetivos. Uan tarea nada fácil dada la diversidad entre sus integrantes.

En lo estratégico, la MUD deberá definir en el 2017 una ruta que logre los ansiados cambios que reclama la población. Superada el 10 de enero, solo se pudiera producir un cambio presidencial, pero el resto de la nomenclatura política del PSUV seguiría en el gobierno. Lo que no auguraría grandes cambios en las políticas económicas.

Frente a esta situación, Maduro dejaría de contar con el cerrado apoyo que ha tenido de la cúpula del PSUV. Su salida sería una especie de alivio para las atribulaciones de ese 80% de la dirigencia nacional del PSUV que lo rechaza.

Es así que en el corto plazo, estaríamos frente a la posibilidad de un chavismo sin-Maduro, luego de haber experimentado tres terribles años del chavismo sin Chávez, pero con Maduro.

El 2017 tendrá varios períodos de gran tensión. El primero de ellos, en los primeros 10 días del año. Luego sobrevendrán unas semanas de crisis internas del PSUV.

¿Qué sucederá en el 2017? Todo dependerá de cómo fluyan los nuevos billetes; de cómo actúen las fuerzas internas del partido de gobierno; de si la oposición logra cuajar nuevas estrategias, y lo más importante, de si alcanza a convencer a una descontenta población. Esos serán los retos.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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