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“A 22 años del #4F” por Julio Borges

“A 22 años del #4F” por Julio Borges


Julio Borges / @JulioBorges.   

Mucha gente no sabe que Primero Justicia nació en marzo de 1992, un mes después del 4F. Teníamos 21 años y pensábamos y pensamos que el camino de la fuerza no resolvería nuestra crisis. Por eso decidimos fundar Primero Justicia y dejarlo todo para sembrar en Venezuela una cultura de respeto a los derechos humanos, diálogo, progreso y justicia social. Hoy más que nunca, nuestra misión es y será dignificar a nuestro pueblo a través de la verdadera justicia.

A 22 años del golpe de Estado liderado en 1992 por el fallecido presidente Chávez, ninguno de los graves problemas de la gente está resuelto ni en vías de solución, sino que, por el contrario, la crisis se agrava.

A veces se nos olvida que al llegar Hugo Chávez al poder en 1999, el precio del petróleo rondaba los nueve dólares por barril. Dieciséis años después, el precio es 400% más elevado, a pesar del bajón que ha tenido en los últimos cinco meses, de modo que el problema no fue la falta de recursos, sino la adopción de un modelo centralista, antagónico con el esfuerzo privado.

Las persecuciones de los últimos días a diversas empresas del sector privado no son sino un capítulo más en una larga cadena de insultos, amenazas y chantajes por parte del gobierno nacional, cuyos nefastos resultados los sufre la inmensa mayoría de los venezolanos: un aparato productivo local disminuido, atrofiado y temeroso de hacer las inversiones que requiere Venezuela para echar pa’lante.

Hoy más que nunca se requiere un diálogo franco con las principales fuerzas productivas del país, no solo para generar confianza, sino también para armar consensos sobre cómo navegar la dura crisis que significa para Venezuela contar con menos de la mitad de los ingresos petroleros del año pasado.

En días pasados una señora muy humilde me preguntaba: “Dr. Borges, ¿qué pasó con todas las marcas de harina de maíz que producía el Estado venezolano hasta hace pocos años?”. La respuesta es simple: por una parte, el gobierno dejó que la corrupción se apropiara de muchas de las empresas expropiadas, inflándolas de personal y también inflando sus costos; luego, con la expropiación de Agroisleña, mermó la disponibilidad de semillas y fertilizantes para los productores domésticos. La combinación de esos dos factores nos hace hoy más que nunca dependientes de productos importados, sin que nos alcancen los churupos para comprarlo todo.

Las colas cada vez más largas y penosas son el retrato de un modelo fracasado.

Publicado por Últimas Noticias el 08 de febrero de 2015

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