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“A dialogar con elpueblo, no con las elites” por Alexis Alzuru

“A dialogar con elpueblo, no con las elites” por Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / @aaalzuru.

Es hora del mensaje político, no de la comunicación entre elites. La situación  de Venezuela exige priorizar la interlocución con la gente en lugar de continuar conversado con algunas individualidades y grupos. De hecho, para arrasar en las elecciones la oposición estará obligada a dar un salto en la comunicación que sus jefes mantienen con los venezolanos. Deberían escuchar y entender lo que el pueblo dice en lugar de hablar por los ciudadanos. Sobre todo, debería atender las angustias de las mayorías antes que las de sus propios dirigentes. Para conseguir el control absoluto del parlamento no bastará un mensaje que se limite a reclamos.Tampoco alcanzará el que comenta la parcialidad del CNE ni el maltrato que algunos empresarios, políticos y medios reciben por parte del gobierno. No serán suficientes las estrategias de rumor ni posicionar la idea del descalabro de Maduro. Incluso, no se ganará divulgando una visión triunfalista; ni precisando que los independientes se restearon con la oposición.

El éxito electoral descansa en la comunicación que se afinca en las expectivas de la gente y en el sentido común, no en la que se atrinchera en la crítica o en la agenda privada de algunos dirigentes. Tal vez, corresponda que la oposición redifina el espacio desde el cual dialóga con el país. Por ejemplo, hasta ahora el debate sobre los derechos humanos lo encerró en la situación de los presos políticos en lugar de analizarlo a partir de las circunstancias en las que están más de 50 mil procesados del sistema peniteciario nacional.

 Para debatir la violación de los derechos humanos de los detenidos, la realidad carcelaria del preso común es un terreno social más incluyente que el contexto en que se encuentran los presos políticos. En algunas cárceles el hacinamiento es superior al 170%; los detenidos duermen sentados, parados o unos encima de otros. A veces comen y a veces consiguen acceso a un sanitario; al mismo tiempo, son obligados a cancelar unos 20.000 bolívares para terener un celular y deben pagar 1.500 bolívares por una caja de cigarros. Sólo para comentar de manera apretada algunas de las aberraciones que padecen los procesados y no hablar de ese otro rostro oscuro que tiene este asunto de la violación de los derechos humanos en las cárceles nacionales: el de la conversión de algunas penitenciarias en hoteles cinco estrellas para que residan los pranes que tienen dinero y muchos contactos con funcionarios que están en centro del poder.

 La oposición tiene más de dieciséis meses centrada en temas que preocupan  a pocos. Los problemas que posiciona en los medios interesan al 2 o 3% de la población, según reportan las encuestas. Lo cual significa que el ciudadano promedio, la persona que integra el 95 o 97% de los que habitan en este país, no se siente conectado con los temas que la MUD trata ni con la forma como los ventila ante la opinión pública.

 El interlocutor de la MUD es una minoría; no son las mayorías. A lo mejor, este hecho pudiera explicar que de cara a las parlamentarias los electores no se sientan interpretados con el mensaje opositor aun cuando tienen la disposición a votar en contra del oficialismo. Ahora bien, es bueno advertir que los graves errores del gobierno son un piso de endeble para convertir en votos la intención que tiene la gente de dejar atrás al gobierno de Maduro.

 A escasos 6 meses de las parlamentarias el liderazgo opositor no ha logrado una comunicación íntima, directa y comprometida con la población que está agobiada por la crisis que el gobierno administra. La gente espera que se les preste atención, no que sus ilusiones y su fe en el povernir se confunda con los intereses de aquellas personas y minorías que pugnan por el poder.

 Hay mucho ruido en la comunicación que existe entre la MUD y la sociedad. Su mensaje con dificultad fluye y a pocos lugares llega. Quizás por eso, existe la percepción de que el ideario de la oposición apenas emociona y convence. Sin embargo, son millones los que tienen la esperanza de transformar la precaridad de sus existencia en vidas dignas de vivirse; son millones los venezolanos que están trabajando para convertir estas tierras en una nación donde la conviencia en democracia es un sueño posible y realizable.

 

El Nacional, 04 de julio de 2015

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