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“¡A trabajar sin tregua!”, por Henrique Capriles Radonski

“¡A trabajar sin tregua!”, por Henrique Capriles Radonski


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Pareciera que la otitis que argumentó para no viajar a Roma, y sacarle el cuerpo a la audiencia con el Papa Francisco, dejó a Nicolás sin querer escuchar el ruido de las piedras que arrastra el río y amenazan con destruir lo poco que queda en pie del maltrecho aparato productivo nacional.

Nuestra Venezuela luce atrapada en una situación de caos, con una economía colapsada, sitiada por la violencia criminal, mientras el gobierno está ocupado en actividades para que “la patria celebre los 40 años de graduación como militar del comandante supremo”… ¡No hay derecho! La verdadera Patria, la de todos los venezolanos, no merece este gobiernito de lerdos. El país, como le ocurrió al Titanic, se hunde, y la orquesta que le acompaña, la Asamblea Nacional, sigue tocando su musiquita más desafinada que nunca.

La crisis económica que vivimos es grave y escandalosa. Hace 12 días entró en vigencia el nuevo salario mínimo de 7.421 bolívares mensuales y ¿qué ha pasado? Pues que la inflación se devoró al poder adquisitivo de esos billetes. Si calculamos el “salario mínimo más alto de la región”, como aseguran los propagandistas del gobierno, con el promedio de las tres tasas de cambio oficial y del llamado mercado paralelo, que es la que realmente manda en el mercado, nos resulta menos de 13 dólares al mes, eso al momento de escribir estas líneas, porque el 1º de julio eran unos 15 dólares y a este ritmo la próxima semana será menos.

Es por eso que el 84% de los venezolanos dice que el país está mal, que está en reversa, como la guagua de Juan Luis Guerra.  ¿Y quiénes son los responsables de este descalabro en el bolsillo de los venezolanos? Hasta quienes creyeron en las promesas del oficialismo saben que los culpables de que un kilo de carne cueste hoy 1.000 bolívares, o 400 bolívares un kilo de papas, es la banda de enchufados que desgobiernan nuestro país, indiferentes y voraces, solo interesados en mantenerse en el poder a costa de lo que sea.

El señor que ocupa Miraflores nos lleva directo al hundimiento y sus músicos lo siguen en comparsa. Con la misma cantaleta de siempre de que la alta inflación es producto de la especulación de los comerciantes, del contrabando y de la guerra económica dirigida desde el imperio, un notable diputado “socialista” se sacudía de responsabilidades y declaraba en estos días que el gobierno no produce harina ni aceite.

¡No sale uno del asombro al escuchar a estos mentirosos, que se vuelven amnésicos cuando les conviene! ¿Se olvidaron que aplaudieron frenéticos las expropiaciones de la segunda empresa productora de harina precocida del país y de un importante conglomerado industrial, con casi un siglo de actividades en Carabobo, que surtía los anaqueles con aceite, margarina, jabones y otros productos? ¿Qué pasó con las más de 4 millones de hectáreas productivas que fueron confiscadas a sus productores? Aquellos vientos trajeron esta tempestad que ahora se lleva por delante nuestra economía.

Nos duele, como a todo venezolano que ama a su país, ver la mengua que sufre la producción nacional. Este gobierno descapitalizó a Pdvsa, inventó, uno tras otro, diversos fondos, y que para ahorrar los excedentes de la renta petrolera, y se los engulleron los corruptos; ahora, vende el oro de las reservas no monetarias y raspa los ahorros que tenía el país en el Fondo Monetario Internacional.

Este modelo económico fracasado, cuyo único camino nos lleva directo al barranco, debe desmontarse con acciones que propicien e impulsen un desarrollo económico verdaderamente liberador, que multipliquen las inmensas oportunidades productivas que tenemos en esta Tierra de Gracia. En eso hemos venido trabajando con un equipo de profesionales, y esta semana anunciaremos al país una propuesta para detener la destrucción y que los venezolanos iniciemos una nueva etapa para salir de la crisis, que también promoveremos con la mayoría de diputados de la Unidad, que entrará a la Asamblea Nacional en enero de 2016.

Mientras tanto, debemos trabajar sin tregua en la organización con nuestro pueblo, prepararnos para acudir el 6 de diciembre a expresar nuestro descontento a este modelo político y económico fracasado.

El 6 de diciembre tenemos una cita ineludible para comenzar a transitar por el camino que, de verdad, nos lleve al siglo XXI, para construir juntos la Venezuela de Progreso que todos aspiramos, con desarrollo, con modernidad, con oportunidades de empleo y de emprendimiento, con buenas escuelas y universidades, con salud y hospitales decentes, con paz, con tolerancia. Ya hemos perdido años, tiempo suficiente para que este gobierno cumpliera sus promesas. Es tiempo de las soluciones, de las acciones. Es tiempo de activar la fuerza que cada venezolano tiene dentro para lograr el cambio, porque sobran las razones para unirnos y hacer que nuestro país cambie. ¡Que Dios bendiga a nuestra Venezuela!

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