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A un año del deslave en Guatemala, la pesadilla no acaba (Fotos)

A un año del deslave en Guatemala, la pesadilla no acaba (Fotos)


Un año después de un deslave que mató al menos a 280 personas, el Cambray II es un pueblo fantasma al que algunos aún se aferran, porque no tienen a donde ir.

Las casas abandonadas o semienterradas; ropa, zapatos y juguetes son los testigos de lo que alguna vez fue un lugar activo en las afueras de la capital de Guatemala y que hoy es, literalmente, un cementerio.

Tras el alud del 1 de octubre de 2015, las autoridades mantuvieron por dos semanas las labores de rescate y excavaciones antes de suspender la búsqueda de más víctimas. El cálculo oficial es que al menos 70 personas quedaron desaparecidas, probablemente enterradas debajo de toneladas de tierra de la montaña que se vino sobre El Cambray II.

Las autoridades dijeron que el deslave se debió a la erosión de la base de la montaña por el agua de las lluvias y un río que la bordeaba. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres estima que en Guatemala hay más de 8.000 puntos donde vive gente y son vulnerables a inundaciones, derrumbes y otros desastres, aunque ninguna de esas comunidades ha sido reubicada en el último año.

De Cambray II, unas 216 familias quedaron sin hogar. El gobierno presupuestó en 2015 alrededor de 2.6 millones de dólares, para construir 181 casas a unos kilómetros de ahí. Sin embargo, a un año de la tragedia apenas si se han construido 30, aunque ninguna es habitable aún: están sin ventanas, puertas, ni luz.

En la zona del desastre no hay agua potable, ni luz, pero cuatro familias permanecen en las humildes casas que quedaron de pie a unos metros del deslave.

“No tenemos a dónde ir”, dice Sonia Ramos, quien vive en una casa al pie de una parte de la montaña que se derrumbó. Las autoridades le han pedido deshabitarla, pero ella se niega y no hay ley que la obligue a salirse.

Su casa, que quedó en pie, se convirtió en el centro de operaciones de rescate de las víctimas de la tragedia y en la morgue provisional.

Carlos Cac Pedroza tenía 17 años el día de la tragedia y hoy está completamente solo. Toda su familia, su madre y siete hermanos, murió bajo las rocas y la tierra. “Yo soy de aquí, no me hallo si me voy, no sé vivir en otro lado”, dice el joven, a quien Ramos acogió en su casa.

Tiempo después del alud, Cac regresaba a donde una vez estuvo su casa y se echaba tierra encima diciendo que quería morirse, cuenta entre lágrimas Ramos.

Parece querer llorar, pero no lo hace y sólo tiembla al recordar que sobrevivió porque su madre lo envió a comprar un huevo.

“El destino me quitó a mi mamá, a toda mi familia”, dice, pero asegura que busca sobreponerse. “Ahí voy adelante”, añade.

La fiscalía responsabilizó al alcalde Víctor Alvarizaes y a su antecesor Antonio Coro por no haber previsto el riesgo que corría la población ni desarrollado medidas de prevención. Ambos fueron acusados de homicidio culposo, aunque quedaron libres bajo fianza y han negado responsabilidad en las muertes.

Alba Sen, de 33 años, vivía a menos de 100 metros de donde se desgajó la montaña y aún llora por la muerte de sus padres y cuatro hermanos, cuya casa quedó sepultada. Ella, su esposo e hijos salieron ilesos.

“Mi esperanza era ver la casa de mis papas, pero cuando llegue corriendo ya no había nada, solo había una gran piedra y un árbol atravesado, ahí se acabó mi esperanza”, recuerda Sen, quien recuperó los cuerpos de sus padres y tres de sus hermanos. A ellos los enterró, pero su hermana Brenda, de 25 años, nunca apareció.

La pesadilla no ha desaparecido para los sobrevivientes.

Samuel Morales perdió a su esposa y sus tres hijos.

“Una de las máquinas halló al nene, salió entero, colgadito en el gancho de la máquina, pero cuando la máquina lo jaló se le quebró su cabecita, su cerebro, yo mismo con mis manos lo comencé a juntar”, dice el hombre de 43 años, y llora cuando recuerda que el 1 de octubre celebraba el día del niño y que le cumplió su último deseo a su pequeño: comer papas fritas.

En su desesperación por encontrar a su familia, Morales se enfrentó con una pequeña pala a los miles de metros cúbicos de tierra caídos. Días después, cuando no lo dejaron entrar más al lugar se disfrazó de rescatista, y al final convenció a las autoridades para que maquinaria pesada escarbara en su casa, donde rescató los cadáveres de su familia.

Once días después del alud, Morales enterró a su familia. Pero en mayo de 2016, seis meses después de la tragedia revivió el luto: el Instituto Nacional de Ciencias Forenses le notificó que encontró más restos de su esposa.

Ahora, en el cementerio local, hay dos nichos con los restos de su esposa Teresa Pérez.

“Ha sido un año muy duro, de llorar y llorar”, dice González.

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Esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, muestra el vecindario abandonado de El Cambray (abajo) desde el cementerio de Santa Catarina Pinula, desde donde se puede ver también el centro de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que arrojó al menos 105 millones de pies cúbicos (tres millones de metros cúbicos) de tierra sobre el barrio. La explicación oficial es que el río que fluye por la base de la colina se desvió a un canal que erosionó la ladera. (AP Foto/Moisés Castillo)

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En esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, un perro yace tendido delante de una vivienda abandonada en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que destrozó el barrio. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres estima que en Guatemala hay más de 8.000 puntos donde vive gente y son vulnerables a inundaciones, derrumbes y otros desastres, aunque ninguna de esas comunidades ha sido reubicada en el último año. (AP Foto/Moisés Castillo)

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Esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, muestra viviendas abandonadas en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que destrozó el barrio. La residente Sonia Ramos es una de las que se niegan a abandonar la zona. Vive a unos metros de la zona del deslave y las autoridades le pidieron desalojar la casa. “No tenemos a dónde ir”, dice Ramos. (AP Foto/Moisés Castillo)

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En esta imagen, tomada el 20 de septiembre de 2016, Carlos Cac Pedroza, de 18 años, que perdió a su madre y a siete hermanos en un deslave hace un año, posa para una fotografía en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, que quedó destrozado por un deslave pero él sigue viviendo, en las afueras de la Cuidad de Guatemala. Otro residente que ignoró la orden de desalojar la zona fue Pedroza, que tras perder a su familia, regresaba a donde una vez estuvo su casa y se echaba tierra encima diciendo que quería morirse. (AP Foto/Moisés Castillo)

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Esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, un auto aparcado en el vecindario abandonado de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que destrozó el barrio. En la zona del desastre no hay agua potable, ni luz, pero cuatro familias permanecen en las humildes casas que quedaron de pie a unos metros del deslave. (AP Foto/Moisés Castillo)

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Esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, muestra parte un cartel con el nombre de una calle y parte de una vivienda en el abandonado vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que destrozó el barrio. El gobierno presupuestó en 2015 alrededor de 2.6 millones de dólares, para construir 181 casas a unos kilómetros de ahí. Sin embargo, a un año de la tragedia apenas si se han construido 30, aunque ninguna es habitable aún: están sin ventanas, puertas, ni luz. (AP Foto/Moisés Castillo)

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Esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, un hombre desmantela el tejado de una vivienda abandonada en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, que quedó destrozado por un deslave hace un año, en las afueras de la Cuidad de Guatemala. El gobierno presupuestó en 2015 alrededor de 2.6 millones de dólares, para construir 181 casas a unos kilómetros de ahí. Sin embargo, a un año de la tragedia apenas si se han construido 30, aunque ninguna es habitable aún: están sin ventanas, puertas, ni luz. (AP Foto/Moisés Castillo)

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Esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, un hombre registra viviendas abandonadas en busca de piezas para revender, en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que destrozó el barrio. El gobierno presupuestó en 2015 alrededor de 2.6 millones de dólares, para construir 181 casas a unos kilómetros de ahí. Sin embargo, a un año de la tragedia apenas si se han construido 30, aunque ninguna es habitable aún: están sin ventanas, puertas, ni luz. (AP Foto/Moisés Castillo)

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En esta imagen, tomada el 20 de septiembre de 2016, vista de viviendas abandonadas en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que destrozó el barrio. Tras el alud del 1 de octubre de 2015, las autoridades mantuvieron por dos semanas las labores de rescate y excavaciones antes de suspender la búsqueda de más víctimas. El cálculo oficial es que al menos 70 personas quedaron desaparecidas, probablemente enterradas debajo de toneladas de tierra de la montaña que se vino sobre El Cambray II. (AP Foto/Moisés Castillo)

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En esta imagen, tomada el 23 de septiembre de 2016, varios niños posan con carteles reivindicativos durante una protesta por el letal en el vecindario de El Cambray, en el exterior del Ministerio de Comunicaciones e Infraestructura, en la Ciudad de Guatemala. El gobierno presupuestó en 2015 alrededor de 2.6 millones de dólares, para construir 181 casas a unos kilómetros de ahí. Sin embargo, a un año de la tragedia apenas si se han construido 30, aunque ninguna es habitable aún: están sin ventanas, puertas, ni luz. (AP Foto/Moisés Castillo)

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En esta imagen, tomada el 21 de septiembre de 2016, Samuel Morales se emociona durante una visita a las tumbas de sus familias en el cementerio de Santa Catarina Pinula, en las afueras de la Ciudad de Guatemala. La esposa de Samuel y tres de sus hijos fallecieron cuando su vivienda quedó sepultada por el lodo de un deslave hace un año. “Ha sido un año muy duro, de llorar y llorar”, dijo. (AP Foto/Moises Castillo)

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En esta imagen, tomada el 20 de septiembre de 2016, huellas de manos de niños decoran una pared en el interior de una casa abandonada en el vecindario de El Cambray, en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la Ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que arrasó el barrio. En la zona del desastre no hay agua potable, ni luz, pero cuatro familias permanecen en las humildes casas que quedaron de pie a unos metros del deslave. (AP Foto/Moisés Castillo)

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En esta imagen, tomada el 27 de septiembre de 2016, un hombre carga con la puerta trasera de una camioneta mientras registra el vecindario abandonado de El Cambray en busca de materiales para revender en Santa Catarina Pinula, en las afueras de la Ciudad de Guatemala, un año después de un deslave que arrasó el barrio. En la zona del desastre no hay agua potable, ni luz, pero cuatro familias permanecen en las humildes casas que quedaron de pie a unos metros del deslave. (AP Foto/Moisés Castillo)

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