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Ahora en las escuelas lo que roban es comida

Ahora en las escuelas lo que roban es comida


Las computadoras y los artículos de oficina dejaron de ser el principal atractivo de los hampones en las escuelas del país, pues la necesidad de comida, ha disparado los robos

A las 6:00 am del lunes 28 de marzo la portera de la escuela Obdulia de Arrioja, ubicada en la comunidad Palo Alto en Los Teques, estado Miranda, abrió la institución para darle la bienvenida a más de 300 niños que regresaban del asueto de Semana Santa. Algunos llegaron bronceados y contaban las anécdotas de sus viajes. La puerta principal de ingreso al plantel es una cerca con alambres de púa, colocados estratégicamente para evitar la entrada de intrusos.

Mientras recibía a los muchachos y conversaba con algunos representantes las experiencias de los viajes, la portera notó que al lado derecho de la reja, había un pequeño boquete. Ella estaba segura que no era producto del deterioro de la cerca y antes de que llegara el personal directivo, recorrió los pasillos y salones de la estructura de tres pisos. No observó nada irregular.

El material didáctico estaba completo, las computadoras y pupitres se encontraban en el mismo orden en que fueron dejados cuando se iniciaron las vacaciones.

Sin embargo, cuando caminó hacia el comedor que funciona en un módulo adyacente a las aulas de clases, observó que las ventanas estaban rotas. Abrió la puerta y al acercarse al área de la cocina, no había cubiertos, ni ollas, ni sartenes. Tampoco las bandejas para servir los almuerzos. La bomba reguladora de gas no apareció. La cocina permanece inhabilitada porque la bomba no se consigue en los comercios.

Al lado de la escuela hay una comunidad, conformada por unos 100 vecinos que no notaron la incursión del hampa que con frecuencia visita la institución en búsqueda de productos costosos y que reportan escasez: alimentos, utensilios de cocina y detergentes.

Episodios como el registrado en la Unidad Educativa Obdulia de Arrioja se repiten en otras regiones del país. En cinco colegios de Ciudad Guayana durante el asueto de Semana Santa, los padres y representantes tuvieron que dormir dentro de los planteles para evitar que fuesen saqueados. La Unidad Educativa Josefa Morales de la parroquia Francisco Ochoa del estado Zulia ha sido víctima de saqueos en 30 oportunidades entre 2015 y lo que va de 2016. Según los directivos, en los últimos meses se han llevado la comida y los productos de limpieza.

“Ahora las canaimitas y los artículos de oficina dejaron de ser atractivos para los hampones. El hambre se impone ante lo material”, comentó una maestra del colegio que mantuvo su nombre en reserva.

También la escuela Niños del Sol de esa entidad ha registrado más de 15 incursiones del hampa.

El balance del Plan Semana Santa Segura presentado por el vicepresidente de la República, Aristóbulo Istúriz, da cuenta de que al menos 14 escuelas en el país fueron desvalijadas en los días de asueto, cifra que se quedó corta, pues solo en el estado Miranda para esa fecha hubo siete planteles que registraron hurtos.

Tres de ellos se produjeron en los Altos Mirandinos, uno en Valles del Tuy y el resto en Barlovento y Guatire. “Llama la atención que los recientes reportes de saqueos responden a indigentes o a vecinos de planteles que cometen este delito por la necesidad de comida. Se han llevado verduras, frutas, carnes, arroz, harina y pollo porque los anaqueles de los supermercados están vacíos. Esto ha repercutido negativamente en el desarrollo de Mi Pae, pues por estas acciones se ha suspendido en varias instituciones que han sido blanco del hampa”, contó José Betancourt, coordinador general del Servicio de Policía Comunal de Polimiranda.

Detalló que en 60 % de los hurtos reportados en los centros educativos de la entidad, se han llevado alimentos y utensilios de cocina, mientras que en el 40 por ciento restante han saqueado computadoras y otros equipos de oficina.

Problema generalizado

El más reciente estudio de monitoreo hemerográfico hecho por el Centro de Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), reveló que durante el primer semestre del año 2015 se contabilizaron 12 casos entre robos y hurtos en las escuelas del país. “En un principio se detectó que este tipo de delitos se registraba con frecuencia en las escuelas de Catia y de Petare, así como en los Valles del Tuy, donde el índice delictivo es elevado. Sin embargo, se ha extendido y repunta en los estados Aragua, Anzoátegui y Bolívar”, dijo Fernando Pereira, coordinador de Cecodap.

Debido a la escasez de productos alimenticios por los problemas de abastecimiento, la comida a juicio de Pereira se ha convertido en un objeto preciado como el dinero en efectivo.

“En los estudios realizados en los centros educativos hemos constatado que los antisociales actúan con saña, es decir, que no solo saquean las cocinas y los comedores, sino que además causan destrozos, ejecutan acciones vandálicas.

Aparte de la necesidad alimenticia hay una actitud de desprecio hacia lo que representa la escuela y esta conducta responde al debilitamiento de las instituciones sociales y la ausencia de valores”, indicó Pereira.

Pobreza

La subdirectora de la Unidad Educativa Obdulia de Arrioja, Anna Briceño, relató que existen alumnos que viven en condiciones de pobreza extrema y que residen en comunidades lejanas como en la carretera vieja Caracas – Los Teques o en Paracotos. “Deben usar hasta dos autobuses para llegar a la escuela. Sus padres no tienen para preparar almuerzos y esta situación se torna más crítica con la crisis de desabastecimiento”, dijo.

Recomendaciones

Ramón González, experto en materia de seguridad, manifestó la ne cesidad de que los cuerpos policiales mantengan contacto permanente con los vecinos del plantel para que estén alerta ante cualquier situación irregular. “Ellos pueden aportar datos sobre personas sospechosas. También pueden identificar a los sujetos que cometan este tipo de delitos para facilitar su captura. El contacto permanente con los residentes o miembros del Consejo Comunal sirve para que surjan propuestas que contribuyan a poner en práctica medidas de resguardo de la institución. “Alguno puede habilitar un espacio en su residencia como depósito para guardar los objetos de valor de la institución en vacaciones o hacer recorridos a las afueras después que finalicen las actividades académicas”.
González hizo hincapié en que las estructuras de los planteles son vulnerables a ser víctimas del hampa. “Tienen muchos espacios abiertos y en la mayoría de los colegios públicos las puertas y ventanas están deterioradas por el tiempo. Esta condición facilita el ingreso de los hampones. Aunque las escuelas públicas no tienen presupuesto para invertir en sistemas de seguridad, la directiva puede contactar a representantes de las gobernaciones o del Ministerio de Educación para reforzar los accesos”, apuntó.

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