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Alfredo Serrano, el español “favorito” de Maduro

Alfredo Serrano, el español “favorito” de Maduro


Nicolás Maduro busca un milagro que salve la revolución que hoy lidera con pulso más que inestable. El primer mandatario ha perdido las calles, en las urnas es minoría, su popularidad navega a la deriva y buena parte del mundo le mira con indisimulada suspicacia. Muy poco queda de aquella revolución bonita, como la bautizó Hugo Chávez, que creció amamantada por el precio más alto en la historia del petróleo. Y eso si, en verdad, alguna vez tuvo algo de bonita.

Sólo un prodigio en forma de urgente milagro económico que alivie la vida de unos venezolanos convertidos en los parias de América, puede salvar al presidente. Por eso Maduro no titubeó al presentar ante el país a su asesor favorito, Alfredo Serrano Mancilla, como el Jesucristo español, inspirado por sus barbas y su melena de hippie de otros tiempos, nada que ver con los hipsters de hoy. Como si buscara la salvación terrenal en los terrenos de la metafísica económica más ortodoxa.

El chavismo busca su milagro entre las recetas económicas de este gaditano, nacido en La Línea de la Concepción (Cádiz) hace 41 años. Sobre sus hombros, livianos, recae el gigantesco peso de una revolución que quiso convertirse en la alternativa al capitalismo. Una revolución en la que Serrano todavía cree.

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«Más que ser noticia, os empeñáis en que sea noticia». Al todopoderoso asesor, tancercano a Podemos que no sólo comparte ideas y amistades, sino que también defiende con vehemencia al partido en su tribuna de TeleSur, la oposición le acusa de agravar la crisis por su negativa a flexibilizar el intervencionismo furioso del Estado. De ser el más duro entre los duros, de querer más controles sobre la producción y la distribución. En su débito también sitúan los muy polémicos CLAP, bolsas de comida repartidas entre los más cercanos a la revolución, una versión moderna de la libreta de racionamiento cubana.

«El chavismo siempre se caracterizó por su naturaleza ofensiva. Hay que pasar a ser proactivo sin que ello signifique que no se deba poner a salvo todo lo conquistado. Es el momento de reapropiarse del debate económico imponiendo los temas sobre los que se quiera progresar. Estamos -gramscianamente hablando- en una guerra de trincheras, en una guerra de posiciones en materia económica. Esto exige ganarle terreno al enemigo histórico que jamás renuncia a quedarse en la casa venezolana».

Serrano no rehúye el debate. Eso sí, impone sus condiciones. En el artículo titulado «Las tesis económicas del chavismo» no sólo se atisba alguna de sus teorías. También despliega una admiración sin límites por el «comandante eterno»al que este doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona dedicó un libro: El pensamiento económico de Hugo Chávez.

Escuchando a economistas y dirigentes opositores, pareciera una especie de León Trotsky del socialismo del siglo XXI. Pero en las distancias cortas, Serrano es un tipo encantador, con esa simpatía tan gaditana que adorna una inteligencia profunda. La misma que ha hipnotizado al actual mandatario venezolano. Una sonrisa que esconde un puño de hierro: ha cortocircuitado los avances del sector pragmático de la revolución, incluso echó por tierra el plan económico elaborado por la Unión de Naciones Suramericanas, siempre condescendiente con el chavismo. «Neosocialdemocracia bolivariana» y «viraje neoliberal en versión suave», según acuñó en uno de sus artículos.

La gran noticia, que confirmaba su lugar en la cumbre revolucionaria, saltó la semana pasada. La Gaceta Oficial, el BOE venezolano, situaba al español al mismo nivel que varios generales en la Gran Misión Abastecimiento Soberano, el último invento del chavismo para mitigar la escasez de alimentos y productos básicos. Al frente, el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, que eligió uno por uno a su equipo. Al general de brigada Jorge Pérez Mancilla le nombró responsable del aceite. Al vicealmirante Freddy Lozada, general de la harina de maíz. Alcontraalmirante Contreras, general de la margarina. Y así uno por uno hasta 18, encargados del arroz, el azúcar, la carne bovina, los porotos negros, el detergente, los lácteos, el papel higiénico y las toallitas sanitarias (compresas), el pescado y la carne porcina.

A Serrano le reservó un lugar en el Estado Mayor, rodeado de militares. Una designación que nada más conocerse supuso un auténtico bombazo informativo: el extranjero de la corte del presidente Maduro se había convertido en un cargo fundamental. El aluvión de críticas no cesó hasta que cinco días más tarde, la Gaceta Oficial salió corrigiendo el nombramiento: Serrano desaparecía y su puesto lo ocupaba, por supuesto, un militar.

«Hubo un error que ha sido corregido. Nunca fui yo la persona que formaba parte de ese órgano de la Gran Misión Abastecimiento Soberano. Nunca tuve ninguna responsabilidad en este tema. Es verdad que se ha escrito mucho en estos días a este respecto, pero realmente es todo mucho más sencillo: hubo un error y una rectificación», insistió el asesor a Crónica.

El caprichoso duende de las imprentas… Contactado para profundizar en su vida política, Serrano se vistió de Mágico González, como buen seguidor del Cádiz, para driblar al periodista: «No me apetece mucho autodefinirme, prefiero hablar de economía, incluso de fútbol».

Serrano no se pierde ninguno de los partidos de la Revolución. Asiste a maratones televisivos de Maduro y le toca ver cómo las manos de dirigentes y otros cargos echan humo de tantos aplausos. Escribe discursos, aprueba contratos e incluso eligió como vicepresidente económico a Luis Salas, uno de sus ayudantes en elCentro Estratégico Latinoamérica de Geopolítica (Celag), versión moderna de las fundaciones españolas que precedieron a Podemos y ayudaron a Chávez, a Evo Morales y a Rafael Correa, incluso al derrocado Mel Zelaya en Honduras, a desarrollar sus ideas constitucionales.

También se sentó muy cerquita del «hijo de Chávez» en el decisivo encuentro con el presidente colombiano Juan Manuel Santos para reabrir su frontera común. En los mentideros políticos de Caracas se cree que será una de las bazas clave durante la Cumbre de los Países No Alineados, que se celebra en Isla Margarita la semana que viene. Y además es el mentor político de Lorena Freitez, ministra de Agricultura Urbana, otro invento de origen castrista.

El heredero de Juan Carlos Monedero ha superado su propio listón, situándose mucho más cerca del poder, casi en la cúspide. Íñigo Errejón se quedó en la base al lado de otro militar, Jesse Chacón, y Pablo Iglesias no pasó de ser un visitante dicharachero.

«Ese asesor español de Podemos, que encontró en Venezuela un campo de experimentación, ¿por qué no lleva esas ideas que tiene aquí a España? Eso de estatizar las empresas y aplicar controles y racionar la comida a los españoles. Que les diga a la gente de Madrid, Barcelona o Murcia que les va a distribuir una bolsa de comida», le reprochó el diputado opositor José Guerra, ministro de Economía en la sombra.

Pero no sólo la Unidad Democrática ha cargado con saña contra el gaditano. También los primeros responsables de la economía chavista. «Quienes favorecen a los corruptos son ideólogos equivocados, como Alfredo Serrano, charlatán», se encaró Felipe Pérez Martí, ministro de Planificación con el anterior mandatario. El mes pasado, otro diputado opositor, Carlos Valero, exigió la interpelación de la Asamblea contra el economista, a quien hace cómplice de «la grave crisis que atraviesa el país».

Víctor Álvarez, titular de Industria y Comercio en el primer gabinete del mesías de los pobres, tampoco se anda por las ramas políticas para criticar a Serrano: “El país necesita verdaderos expertos que entiendan la naturaleza del problema, profesionales capacitados que no tengan su pensamiento hipotecado con ideas mohosas y fermentadas, sacadas de polvorientos panfletos de economía”.

Daniel Lozano/El Mundo con edición de Visión Global

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