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Análisis: A Maduro se le agota el tiempo y el menú de opciones

Análisis: A Maduro se le agota el tiempo y el menú de opciones


Al presidente Nicolás Maduro se le agota el menú de objeciones tácticas y estratégicas, frente a la grave crisis que afecta a todos los ámbitos de la República. Sus últimas medidas, con la profundización de la militarización del gobierno y el poder dado al ministro de la Defensa, mostrarían que al fin pareciera darse cuenta que con los estantes vacíos no hay manera de seguir adelante. Aunque con esa medida ha sembrado la duda de quién manda en su gobierno.

Sin popularidad

Según los encuestadores venezolanos no hay manera de favorecer a Nicolás Maduro en las encuestas. Es imposible darle la mayor popularidad. Ni siquiera empatarlo.

Los venezolanos no lo quieren. El rechazo ya supera el 80%. Lo que significa que, pasado el 50%, todo aumento de negatividad proviene del corazón del chavismo mismo.

Para el momento en que fallece el ex presidente Chávez, la opinión de los venezolanos –punto más, puntos menos- era bastante pareja. Chavistas y opositores se igualaban a 40% cada uno, en tanto el 20% restante se mantenía como ni-ni. Siendo estos ni-ni quienes pueden inclinar la balanza.

Esta cercanía entre ambas fuerzas, habría sido la que permitió a Nicolás Maduro hacerse con las elecciones en el 2013 frente a Henrique Capriles.

Se utiliza el término hacerse” en vez de ganar, por cuanto los expertos electorales y hasta el mismo Capriles tienen dudas de la transparencia de esos resultados “irreversibles” que cantará en su momento Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE).

La historia electoral demuestra, que cuando la diferencia entre dos candidatos es inferior al 5% de los votos, la manipulación es posible para voltear los resultados.

En la medida que esa diferencia se incrementa, las posibilidades de favorecer al que va de segundo se hacen cada vez más pequeñas.

Posibles manipulaciones

Existen tres tiempos en los cuales se pueden manipular los resultados electorales: antes, durante y después de las votaciones.

En el primer tiempo se produce lo que pudiera denominarse un “fraude estructural”. Esto se realiza a través de introducir cambios en el registro de electores, ya sea con la inscripción de personas fantasmas, eliminación de electores o la mudanza a otras jurisdicciones. Así como también la configuración no balanceada de los circuitos electorales.

En el segundo tiempo –el día de las votaciones- la manipulación viene por la vía de “meterse” votos en las urnas, que es el fraude más vulgar, retrasar el proceso de votaciones, o alargando el lapso de tiempo permitido para votar.

En el tercer tiempo, una vez concluido el lapso legal, el recurso que queda es alterar los resultados. Lo que se hace por la vía de jugar con la inclusión o rechazo de las actas, retraso de transmisión de los resultados parciales, y retraso en la publicación de los resultados “hasta que estos sean irreversibles”. Lo que daría tiempo para que expertos informáticos y estadísticos “maquillen” los números.

En estos tres tiempos, la manipulación sería posible si y solo si la diferencia es muy pequeña. Cuando la diferencia es muy grande, como aconteció con las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre del 2015, es casi imposible manipular los resultados.

Los recursos del Estado

Hay otros factores que pueden influir en la voluntad de los electores a la hora de expresar su voto. Uno de los cuales, tal vez el más importante, es el uso de los recursos del Estado.

En nuestro caso, y desde los tiempos en que Hugo Chávez ejercía la presidencia, fue común la entrega gratuita de ayudas en efectivo, bolsos de comida, computadoras y útiles escolares, juguetes, electrodomésticos de la línea blanca y marrón, viviendas, y pensiones de vejez.

Esa entrega gratuita tiene mayor efectividad cuando se realiza en poblaciones pequeñas, donde la fuerza atemorizantes de funcionarios del régimen logra identificar a los electores.

En el 2015, por más que repartió el gobierno, esta estrategia demostró no ser efectiva ni eficiente. La oposición logró las dos terceras de los diputados.

Opciones extremas

Agotados los recursos, de manipular los resultados y de repartir recursos, llevó al gobierno a tener que recurrir a la vía judicial ante el hecho inconvertible de un revés electoral.

Lo que si bien, por una parte les ha sido efectivo, desde la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), por otra parte ha puesto en evidencia nacional e internacionalmente el talante poco democrático del gobierno de Maduro.

Por otra parte, al gozar del ejercicio del poder ejecutivo, el gobierno ha optado también por el uso de la fuerza coercitiva de los cuerpos represivos y de seguridad del Estado. Lo que viene ocurriendo en contra de los dirigentes de oposición y del pueblo en general que reclama por sus derechos.

De cara al revocatorio

Si alguien tiene conocimiento exacto y oportuno de la popularidad de Maduro, es el propio Maduro. No hay manera en este momento de que pueda ganar unas elecciones. Aunque cuente con el apoyo irrestricto de Tibisay Lucena.

Esta matriz de opinión adversa, es lo que ha llevado a Nicolás Maduro a transitar el camino de negarse a “raja tabla” a que se realice el revocatorio.

El diálogo, los mediadores internacionales, las exigencias del CNE, la retórica, las medidas de emergencia, son tácticas dilatorias y de distracción. Diseñadas, para que en el peor de los casos, el revocatorio se realice después del 10 de enero del 2017. Con lo cual se destituiría a Maduro. Pero en la presidencia seguiría el vicepresidente en ejercicio hasta el final del período.

Los pro-revocatorio, que numéricamente son más que la oposición por cuanto incluye a un buen número de chavistas, no se han quedado con los brazos cruzados. Todos los días se realizan manifestaciones y actos en todo el país. Están calentado la calle para cuando deban reunir firmas por un 20% del electorado.

La debilidad del gobierno

Los resultados de las encuestas ponen en evidencia la debilidad del gobierno de Nicolás Maduro. No goza de la confianza del pueblo. Lo que es muy grave para el mantenimiento de la paz social del país.

Esa debilidad también ha quedado de manifiesto en las últimas semanas con tres hechos significativos. Todos ocurridos en estados fronterizos.

En el Táchira, miles de venezolanos forzaron al gobierno a tener que abrir la frontera. Con lo que se le vieron las costuras rotas al modelo económico implantado por Hugo Chávez, y que Maduro asumió sin autocrítica.

Mientras que en el Zulia, la acción del gobernador chavista Francisco Arias Cárdenas, de quitarle las becas a 500 estudiantes que firmaron por el revocatorio, provocó una reacción de tal magnitud que no tuvo el gobernador otra opción que restituir las becas y pagarles retroactivamente los montos.

En un último episodio, Nicolás Maduro decretó este lunes la “Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro”, con la cual le da el más amplio control dado a los militares, desde la década del gobierno militar presidido por el general Marcos Pérez Jiménez.

Un decreto en que por una parte, confiesa su fracaso a la cabeza de los civiles del proceso revolucionario. Mientras que por la otra cierra el círculo militar que lo rodea. En lo que los analistas no se ponen de acuerdo para entrar a calificar el hecho.

Ilustrándolo de manera ligera, pudiera decirse que en estos momentos Miraflores no aguantaría que el Lobo –el del cuento de los tres cochinitos- soplara con todas su esfuerzas desde la esquina de Bolero en la avenida Urdaneta.

En la medida que pasa el tiempo, a Nicolás Maduro más que correr la arruga, se le agotan las estrategias, tácticas y recursos.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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