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Análisis: Con millones repudiándolo en las calles Maduro sigue sin identificar al enemigo

Análisis: Con millones repudiándolo en las calles Maduro sigue sin identificar al enemigo


La “Toma de Venezuela”, generalización de las protestas en todo el país, marca el inicio de un camino de no retorno en la búsqueda de la salida de Nicolás Maduro.

El empecinamiento del gobierno, de bloquear la realización de un referendo revocatorio, y cualquier otra vía constitucional, para resolver los problemas económicos, sociales y políticos, ha puesto a protestar en las calles a la gran mayoría de venezolanos que reclaman un cambio.

Este miércoles, y según fuentes del gobierno, las estimaciones de asistencia a la jornada de protesta señalan que se habrían congregado en las calles entre 8 y 9 millones de personas.

En tanto la contramarcha del gobierno, solo llevó unos pocos cientos de personas a los alrededores del Palacio de Miraflores.

No hubo ciudad o población, independientemente de su tamaño o importancia, en la que no se vieran grupos de personas repudiando a Maduro y exigiendo la realización del referendo revocatorio.

A estos millones de personas les une en sus propósitos el rechazo a la gestión de Maduro, y la exigencia de un revocatorio que debe ser entendido como un medio para sacarlo de la presidencia.

El gobierno ha desarrollado una estrategia que involucra a todos los poderes y sectores que tiene a mano. Ya sea el TSJ, el CNE, los tribunales penales y hasta la cúpula del sector militar, han torcido la letra de la Constitución para evitar que al presidente Maduro le sea revocado su mandato presidencial.

Sumado a este uso de los poderes que le son afines, el gobierno al verse con el agua al cuello –según las encuestas, dos de cada tres venezolanos lo quiere ver fuera de Miraflores- ha maniobrado para imponer un diálogo como manera de retrasar lo inevitable.

En este sentido, ha querido montar negociaciones de diálogo con ex presidentes amigos, tales como Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, entre otros.

Al no obtener resultados, y a pesar que ha tenido que aceptar la mediación papal propuesta por la oposición. no cejó en su maña de manipular las conversaciones preliminares, en lo que se ha llamado el “diálogo de Margarita”.

Sin embargo, al ser la MUD una alianza democrática, de inmediato surgieron posiciones en contrario de esta iniciativa.

Esta abortada zancadilla, logró que en el seno de la oposición se verificara una discusión franca y abierta sobre el objetivo de dialogar.

En el punto al que llevó el gobierno el proceso revocatorio, los dirigentes opositores debieron preguntarse “para qué dialogar”.

Por inquietud propia, o porqué esos millones de personas los empujan, la dirigencia encontró que perseguir un diálogo no es más importante que exigir el respeto a la Constitución, que establece como un derecho de los electores el poder revocar a un gobernante que encuentran que no cumple con sus deberes presidenciales.

Desde el 2013, cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia en un cuestionado proceso electoral, el gobierno se esmeró en montar procesos de diálogo para oírse a si mismo.

Así dialogó con industriales, comerciantes y hasta con los dirigentes de oposición. Para luego proseguir con el mismo guión, el mismo modelo económico y político y de persecución policial y judicial a la oposición.

Luego de tres años, sin suficientes divisas en el Banco Central, con el ingreso petrolero en caída por el doble efecto de bajos precios y caída continua de la producción, fue desapareciendo el apoyo popular a la misma velocidad que fueron escaseando los productos y encareciéndose los precios.

En el 2015, las elecciones parlamentarias le dieron a la oposición los dos tercios de los diputados. Lo que fue una señal cuya lectura el gobierno se negó a entender.

En paralelo, la crisis fue afectando al país en todos los sectores y en todos los ámbitos. El empeño presidencial, en estos 10 meses, ha sido tratar de conservar el poder, no de solucionar los problemas.

Maduro, sin entender la señal política que los venezolanos le enviaron el 6 de diciembre; sin reconocer que el parlamento está en manos de la oposición; sin comprender que todos los indicadores económicos y sociales son negativos, tercamente ha seguido desarrollando una estrategia retórica carente de logros que beneficien a la población.

La gente se alimenta de productos tangibles, no de palabras, lemas o proclamas, que lo único que han hecho, hacen y harán, es llenar los espacios públicos cada vez que la oposición convoca a una manifestación en las calles. Lo que ocurrió este miércoles 26 de octubre.

Si el presidente quiere sobrevivir a este momento político, tiene que cambiar de estrategia y de consejeros. El manual que viene usando, ya no es aplicable. Y muy probablemente, hasta es tarde para buscar otro “librito” que lo guíe.

No hay peor cosa, en medio de una confrontación, que equivocar al enemigo. No saber a quien se enfrenta.

Su antecesor y mentor, el difunto Hugo Chávez, siempre trataba de individualizar al enemigo en una persona para luego destruirlo políticamente.

Maduro, por el contrario, no ha logrado identificar quién es su enemigo, a pesar de que lo tiene enfrente. No es otro que el “hambre” que padecen sus gobernados. Un enemigo difícil de identificar y ubicar, porque está en todas partes.

Cuando Maduro ataca a los dirigentes de la oposición, los persigue o los apresa, no se da cuenta que el enemigo está en la panza de cada uno de los venezolanos. Razón por la cual el repudio que sienten los venezolanos está en un punto de no retorno.

Por lo tanto pueden reprimir a los dirigentes opositores, a los militantes y activistas de los partidos, a los manifestantes, sin lograr revertir la creciente falta de apoyo de que goza como presidente.

Eso explica el porque las acciones represivas, como las de este miércoles en Aragua, Bolívar, Margarita, Táchira, Trujillo, Mérida, Monagas, Sucre y Zulia, tienen y tendrán un impacto contrario al que persiguen.

A partir de este jueves, existe una agenda para la exigencia de la restitución de los derechos constitucionales. La gente seguirá en las calles. El gobierno insistirá en un diálogo. La oposición no estará dispuesta a dialogar sobre lo que la Constitución establece que debe hacerse. Ese es el conflicto. ¿Quién cederá?

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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