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Análisis: El gobierno necesitará de la ayuda de la nueva mayoría

Análisis: El gobierno necesitará de la ayuda de la nueva mayoría


Ante la crisis económica, el gobierno necesitará del parlamento a pesar de la ira del presidente Nicolás Maduro y de los dirigentes del PSUV, por la brutal derrota.

Pueden ser muchas, las interpretaciones o explicaciones de porqué el pueblo votó abrumadoramente por la oposición.

En cambio, el significado de los resultados es una solo: el pueblo le retiró la confianza al gobierno de Maduro. Lo que lo coloca en una situación de peligrosa debilidad, frente a dos riesgos innegables: escasez de dinero para afrontar la crisis económica, y una oposición convertida en alternativa real de poder.

La debilidad es tan marcada, que nos recuerda la Venezuela de finales de febrero del 1989, cuando a menos de un mes de la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez, los saqueos removieron los cimientos del gobierno y del sistema democrático mismo.

En ese año, todo el mundo se percataba de la difícil situación, menos el alto gobierno y su gerencia media que seguían teniendo en su mente la imagen de una Venezuela millonaria y una mayoritario apoyo de los ciudadanos, que ya no existía.

Ahora, el presidente Maduro con sus reiterados discursos de retos y amenazas a la nueva mayoría parlamentaria, nos ha convencido de porqué el oficialismo perdió las elecciones como consecuencia de la pérdida de la confianza.

¿Ideología o fuentes de financiamiento?

Los primeros años de la presidencia de Hugo Chávez, y marcadamente luego del 2003, estuvieron signados por un creciente ingreso de los petrodólares.

El discurso izquierdizante y socialistoide, de expropiaciones y nacionalizaciones, y de vocación totalitaria y autoritaria, fue posible porque la tesorería de la Nación se indigestaba con los cada vez mayores ingresos petroleros.

A 100 dólares el barril, había dinero para compensar los errores del modelo económico. Hasta Cuba se benefició de la bonanza, en la aplicación de un modelo, no de redistribución de la riqueza, sino de la repartición no equilibrada de la riqueza.

La retórica de Chávez vendía unos paradigmas ideológicos de revolución y marxismo. Mientras que con el petróleo se pagaban los errores.

Al disminuir paulatinamente el ingreso petrolero, y morirse Chávez en el 2013 –porque más allá de la publicidad gubernamental de los ojitos y slogans, Chávez está realmente muerto- el proceso autodenominado revolucionario comenzó a mostrar sus fisuras, incongruencias y fracaso económico.

Las tres variables de la crisis

Lo económico, lo social y lo político, son los tres aspectos relevantes de la crisis que afecta a Venezuela y al gobierno de Maduro, y en ese orden.

La acelerada crisis económica, ya lleva varios años. Ha ido in crescendo. Cada día es peor que el anterior.

Los principales indicadores económicos marcan una tendencia a lo negativo. Al punto que en este año, el Banco Central de Venezuela (BCV) se ha permitido no publicarlo, cuando antes los expertos estimaban que se le hacían pequeños maquillajes. El deterioro es tan grande en estos momentos, que no se atreven a presentar los indicadores.

Esa tendencia de deterioro económico en aumento, alcanzó un nivel en el cual se afecta –también en forma creciente y significativa- lo social. Lo que a su vez lleva a una crisis –que suele ser determinante- en lo político.

Ese aterrizaje en lo político, conlleva a que la solución ya no sea económica. La crisis requiere una solución política. Y en las elecciones 6 de diciembre se comenzaron a materializar las consecuencias, de este proceso de crisis creciente, cuando la gente votó contra los candidatos al parlamento que presentó el gobierno.

En forma democrática y pacífica, casi dos tercios de los electores se pronunciaron con su voto. Ahora le toca a los electos, hacer el trabajo que le confiaron los electores, y que no es otro, que sentar desde el parlamento las bases de una Venezuela mejor que lo que hemos tenido hasta ahora.

Pataleo de corto plazo

El discurso eruptivo del oficialismo, en las voces de Nicolás Maduro y de Diosdado Cabello, no será de larga duración. Se impondrán razones prácticas, legales y de Estado. Todo dependerá de hasta dónde le lleguen los recursos, para que el gobierno se vea en la necesidad de tocar las puertas de la Asamblea Nacional para sentarse a negociar con la nueva mayoría.

Víctimas de su modus operandi

El gobierno de Chávez, y ahora de Maduro, ha estado montado por una práctica presupuestaria indebida. Con el fin de no enterar los recursos directamente a estados y municipios (el llamado situado constitucional), se vinieron año tras año subestimando los ingresos y los gastos.

El petróleo, a pesar que se vendía a 100 dólares el barril, el ministerio de Finanzas lo estimaba en el proyecto de presupuesto en 60 dólares. El resto, 40 dólares, era asignado a gastos a lo largo del año con la figura de los “créditos adicionales”. Así se le timaban recursos a los estados y municipios, utilizándose discrecionalmente ese dinero para otros fines.

Para el 2016, el gobierno deberá enfrentar dos grandes problemas, y una situación política no menos grave.

El primer problema, es que para el 2016 en el presupuesto aprobado se contempló un barril de crudo a 40 dólares. De acuerdo a la tendencia que llevan los precios del petróleo en los últimos meses, se proyecta que el petróleo venezolano se estará vendiendo a alrededor del nivel de los 30 dólares el barril. Un 25% por ciento menos. Lo que probablemente requerirá de una reformulación presupuestaria, de necesaria aprobación por parte de la Asamblea Nacional.

Luego, el segundo problema es que la inflación anualizada ronda entre el 240 y el 300 por ciento. Lo que cuesta hoy un bolívar, con esta inflación, costará 3 bolívares para dentro de un año.

Vale la pena analizar, de dónde proviene esta estimación. Resulta que si bien el BCV lleva casi un año sin publicar el índice inflacionario, una revisión del proyecto de presupuesto revela que los gastos estratégicos como seguridad, inteligencia, y todos los que tiene que ver con el presidente, fueron incrementados en 240-260 por ciento.

Tomando en consideración la disminución del ingreso, y la subestimación de los gastos, es obvio que el gobierno requerirá que la Asamblea Nacional, a lo mejor, le apruebe una reformulación del presupuesto, y seguramente varios créditos adicionales. Lo que representará para el gobierno un grave problema político, dada su negativa actual a la cohabitación con las fuerzas de oposición.

La experiencia venezolana, habida a partir de 1959, nos señala que siempre los gobiernos de turno debieron justificar en la solicitud de los créditos adicionales, la pertinencia del gasto y la existencia del ingreso extraordinario no previsto en el presupuesto vigente.

En el caso de la reformulación del presupuesto, por baja del ingreso, es el gobierno quien debe presentar los recortes respectivos. ¿Cortarán el financiamiento a Cuba y Petrocaribe? ¿A los gastos pseudo sociales, disfrazados de misiones? ¿A las comunas? ¿A los gastos de viajes del presidente?, entre otras hipótesis.

Para rematar, el Gobierno se topará con una dificultad adicional, y eso probablemente desde el mismo mes de enero.

En la agenda que lleva la nueva mayoría, la primera ley que aprobarán es la Ley de Amnistía. Como segunda iniciativa legislativa, estaría contemplada una re elaboración de la Ley de BCV, que le devuelva la autonomía y le prohíba la ejecución de políticas inflacionarias. Entre estas, el continuar siendo la caja chica de PDVSA y del gobierno.

El pataleo por la derrota, con su aires de confrontación, seguramente no pasará de unas malacrianzas del disminuido gobierno. La necesidad de dinero, le impondrá al gobierno una actitud diferente.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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