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Análisis: Maduro no encuentra al enemigo

Análisis: Maduro no encuentra al enemigo


Nicolás Maduro sigue sin lograr detectar quién es el principal enemigo de su gobierno. Al continuar con la inercia de apuntar a la oposición y al imperio, la debacle económica ha colocado en peligro su supervivencia política.

Para el presidente Nicolás Maduro y el PSUV, partido de gobierno, su principal enemigo es la oposición. No hay mal que padezca o afecte al proceso, cuyo origen, razón o culpa no sea encontrada entre los dirigentes o partidarios de la MUD, la alianza opositora.

Estrategia clásica

Es el juego de una estrategia de choque, basada en la división de la sociedad en general en dos grupos: los ricos y los pobres, los patriotas y los lacayos del imperio, etc.

Sigue la idea de lograr agrupar al resto de la población que no comparte sus políticas. Con la característica de que tampoco comparten los mismos puntos de vista entre ellos. Lo que incluye interés político,. No son necesariamente actores políticos. Con lo que no existe una organicidad de esos grupos para enfrentarse a las arremetidas del divisor, que en este caso es el gobierno.

El gobierno, por el contrario, suele adelantar su estrategia de enfrentamiento permanente desde una mejor posición.

Cuenta con un grupo “duro” dedicado el cien por ciento del tiempo al activismo político; dispone de los recursos públicos; y, lo que es más importante, activa las instituciones del Estado a su conveniencia, y en los tiempos adecuados a sus objetivos.

Esta estrategia clásica, y que no es nada nueva en el manual comunista de hacer política, es lo que ha estado detrás de la llamada “guerra económica”. Concepto que el gobierno no ha logrado incluir como matriz de opinión, más allá de la retórica oficial.

La huída

Port una parte ha sido un huir hacia adelante. La culpa de la crisis no ha sido la errada política de expropiaciones, sobre todo en el sector agroproductor, ni el cierre de las industrias, ni las leyes laborales, ni el control de cambio que mantiene vacíos los anaqueles, entre otras políticas. Son unos señores que han orquestado una “guerra económica”. Todos ellos políticos o empresarios, asistidos por el gran capital y el imperio.

Con retórica y sin acción

Desde que Maduro fue designado el heredero del finado Chávez, se dio inicio a una dinámica comunicacional sin contenido económico.

Ante cada tropiezo, Maduro anunció desde principios del 2013 que anunciaría un anuncio. Así fueron pasando los días, las semanas y los meses, hasta sumar tres años, sin que en el país se aplicaran políticas para corregir el rumbo, o para fijar nuevos parámetros que incentivaran la producción nacional.

No hacer nada, y refugiarse en la retórica de una presunta guerra económica, ha empobrecido a los venezolanos de todas las clases sociales.

Las consecuencias de esta estrategia de inacción, a parte de ser terribles, colocaron la atención del venezolano únicamente en sus bolsillos.

La carestía, la escasez y la inseguridad, detectados por los encuestadores como los tres primeros problemas que perciben los venezolanos, colocaron al gobierno contra la pared. Todo se concentra en el bolsillo.

Concientes que el trapo rojo de la guerra económica no estaba funcionando, convencieron a Maduro de enarbolar el patriotismo estéril.

Así revivieron a destiempo la reclamación del Esequibo, y luego el cierre de fronteras con Colombia. Olvidándose en esta última, que en el país los colombianos son una importante fuerza electoral.

El 6 de diciembre no se resolvió el problema económico. Solo el electorado compró las propuestas de que existen otras maneras de hacer las cosas. Lo que se espera haga la nueva mayoría.

El enemigo

En este cruce de caminos vale la pena preguntarse quién es en verdad el enemigo de Maduro. ¿La oposición o la economía?

Es obvio que la oposición, desde la Asamblea Nacional, puede ser un poderoso aliado del gobierno para enfrentar la crisis económica. Lamentablemente no parece verlo.

Por otra parte es evidente, que decir que es la economía el enemigo, requiere trabajar un poco más la idea. La expresión exige que se determine quiénes son los responsables de la debacle. Esos que ejecutaron políticas de exterminio de la producción nacional, para luego aconsejar al presidente que denunciara una presunta guerra económica.

Así fue, como amarrado a esta roca en la inmensidad de la crisis económica, el gobierno del presidente Maduro se hundió en el mar de votos del 6 de diciembre.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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