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Análisis: Plebiscito colombiano desnudó a Maduro y al CNE venezolano

Análisis: Plebiscito colombiano desnudó a Maduro y al CNE venezolano


Los resultados del plebiscito en Colombia, del pasado domingo, tienen consecuencias en Venezuela más allá de la búsqueda de la paz en ese país.

El sistema electoral venezolano ha quedado al descubierto. Al igual que tantas obras del actual gobierno, el sistema electoral cuesta una fortuna y no brinda utilidad alguna a los venezolanos.

Políticamente, la actitud del presidente Santos ante la derrota, ha desnudado el disfraz democrático del presidente Nicolás Maduro.

En lo electoral

A pesar de que en Colombia el ente electoral se llama Consejo Nacional Electoral (CNE) -el mismo nombre que en Venezuela- las actuaciones son radicalmente distintas.

Recordemos que en el vecino país, que comparte más de 2 mil kilómetros de frontera con nosotros, el proceso de votaciones es y fue con conteo manual.

El CNE colombiano tuvo 33 días para montar un plebiscito. El CNE venezolano tiene 9 meses y no ha logrado montar el refrendo revocatorio presidencial.

Los electores colombianos marcaron su preferencia en un papel, el cual fue introducido manualmente en una urna. Al cierre de los comicios, esa caja fue abierta para contar también manualmente los votos.

Sin sistemas automatizados de transmisión, los resultados fueron contabilizados de forma también manual, para dar un total –bastante irreversibles según el léxico de sus colegas del CNE venezolano- en tiempo record de poco menos de dos horas.

A pesar de que todo el proceso fue manual, y que la diferencia fue mínima (60 mil votos), las autoridades informaron estos resultados definitivos que curiosamente el gobierno perdió.

En Venezuela, el CNE que dirige Tibisay Lucena junto con otras tres rectoras, cuenta con un sistema automatizado de votación, captahuellas y transmisión automática al cierre del horario habilitado para votar.

Horas después del cierre de urnas, Lucena sin desparpajo anuncia que se está esperando un resultado “irreversible” para anunciar el vencedor.

Posteriormente, y de acuerdo a quién ganó, a la Lucena la veremos transitando una rampa camino a la sala de totalización, como si no supiéramos que desde el terminal operativo en su oficina tiene acceso en tiempo real a los resultados.

En Venezuela, al contrario, los resultados nunca son definitivos. Todavía estamos esperando esas totalizaciones de varias elecciones anteriores.

En Colombia, los partes se emiten en tiempo real para acceso de los colombianos. Eso en la Venezuela de las cuatro rectoras, es impensable.

Si existiera en el ánimo de estas cuatro funcionarias públicas un ápice de decencia y dignidad, a estas horas deberían haber renunciado a sus cargos.

La experiencia colombiana del domingo demuestra la ineficiencia e incapacidad manifiesta para gestionar un proceso electoral, si no su parcialidad política.

En lo político

En el plebiscito en Colombia el electorado decidía la aprobación de un acuerdo de paz, firmado con la guerrilla de las Farc.

El electorado tuvo a bien rechazar ese acuerdo. No rechazo la paz. Rechazó los términos del acuerdo aceptado por el presidente Juan Manuel Santos. Lo que se considera una derrota política presidencial.

En Venezuela, al contrario, Chávez perdió un referendo constitucional en el 2007 con el que se pretendía convertir a Venezuela en un país socialista.

La diferencia en ese referendo, si bien fue pequeña, fue superior a la obtenida en Colombia.

En Colombia, la reacción del presidente Santos fue inmediata. Al aceptar los resultados, convocó a una reunión para el día siguiente a todos los sectores –tanto los que apoyaban el acuerdo como a los que lo rechazaban. Esto con el fin de evitar que el esfuerzo de negociación con las Farc se bloqueara.

En el 2007 en Venezuela, un país donde en las autopistas es más rápido andar por el hombrillo que por el canal rápido, la respuesta del gobierno de Chávez fue montar una serie de leyes con el fin de imponer el socialismo que el electorado rechazó.

Igual ha sucedido con las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015. La oposición obtuvo los dos tercios de los diputados, y de nuevo el gobierno -esta vez en manos del heredero de Chávez- ha desconocido y sigue desconociendo los resultados al bloquear cada decisión que liberamente toma la mayoría parlamentaria.

Los riesgos

Cuando se analizan los riesgos envueltos en ambos países, se encuentran diferencias de una asimetría que no deja bien parado, ni al CNE ni al gobierno de Nicolás Maduro.

En Colombia existe una guerra de guerrillas de no menos de 52 años. Las fuerzas de seguridad están en guerra con las Farc, el ELN y otros grupos paramilitares.

En Venezuela, el gobierno y su dirigencia política siempre amenazan que si no están ellos vendrá la violencia.

Una amenaza que resulta preocupante, considerando que quien tiene un discurso violento y el armamento letal son los afectos al gobierno.

En Colombia, el riesgo de un fracaso de este esfuerzo de paz, es que se reanuden los combates, los secuestros y los atentados.

El único riesgo que existe en cada elección en Venezuela, es que Maduro y sus amigos políticos pierdan el poder y tengan que rendir cuentas de su gestión de 17 años.

Esta disimilud de riesgos se evidencia cuando la oposición toma las calles para protestar. Vemos señoras con cacerolas, muchachos universitarios con su idealismo y hasta un señor con un gigantesco papagayo con una frase alusiva a la protesta del día.

Frente a ellos, miles de efectivos de las fuerzas represivas del gobierno. Y detrás de estas fuerzas uniformadas y apertrechadas, agrupaciones de escuadras parapoliciales prestas a arremeter en contra de cientos de miles de manifestantes opositores.

A cada convocatoria de la oposición, surge siempre una operación en paralelo del gobierno que cada vez más, reúne a menos personas. Casi todas ellos empleados públicos que son obligados a asistir, bajo la amenaza de perder su trabajo.

El plebiscito del domingo se filtra lentamente a través de la cerrada frontera con Colombia. Las comparaciones resultan casi innecesarias. Lo que está a la vista, no requiere mayor esfuerzo.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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