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Análisis: Seguiremos sin el pan canilla

Análisis: Seguiremos sin el pan canilla


Desde diciembre las colas a las puertas de las panaderías se han triplicado. Y a parte del costo que significa, invertir un par de horas en esas colas, hay que sumarle el aumento del precio del pan canilla en la misma proporción.

El gobierno

El presidente Nicolás Maduro no pudo este domingo ocultar esta realidad, fácilmente observable por cualquier persona que pase frente a una panadería en cualquier ciudad o pueblo del país.

“Quiero fundar por lo menos 10.000 panaderías artesanales como parte de Los CLAP. Lo que buscamos es romper la dependencia del trigo, porque este no se da en el suelo venezolano, aunque seguiremos trayéndolo al país”, señaló el presidente desde Miraflores.

“Le hacen la guerra al pueblo, que va a buscar su pan y le dicen: ‘no hay’. Si no, le dicen que vengan a las 3:00 pm y hacen una tremenda cola. Pues eso hay que atacarlo, hay que atacar a las mafias y quien incurra en esto, va preso”, concluyó.

Los gremios del pan

Para Juan Crespo, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores de la Harina (Fetraharina), “no hay pan y no va haber porque no existen soluciones a la escasez de materia prima”.

Crespo salió al paso de los señalado por el presidente, en su enfoque de la crisis del pan señalando que “No entendemos cómo el presidente va a hacer las 10.000 panaderías que prometió, si no hay materia prima para las 10.000 que existen”.

Tan solo hace dos semanas, el presidente de Fetraharina había desnudado el origen de la escasez del pan. “Para poder tener consumo mensual ordinario tienen que venir 120 mil toneladas. 4 barcos regulares para que se acaben las colas y que se acabe ese pasticho que tienen en la mente, la guerra económica”.

“Si traen al mes 120 mil toneladas de trigo panadero, 4 barcos de 30 mil toneladas cada uno, se desaparecen las colas pero cuando viene un solo barco con 30 mil no alcanza para nada (…) Además insumos como la levadura la manteca tampoco al igual que los repuestos para la maquinaria”, había agregado.

La simple realidad

En Venezuela no se produce trigo. Debe ser importado, para ser procesado en los molinos, envasado en sacos y distribuido principalmente a las panaderías y a las industrias de la pasta.

Como dijo Crespo con una lógica sencilla, y fácilmente entendible por los consumidores: “si no hay materia prima, no hay producción, si no hay producción no hay trabajo y si no hay trabajo no hay contrato colectivo, no hay calidad de vida y las colas no van a cesar”.

Algo más complejo

La industria panadera tiene su propio ritmo. Los trabajadores de esta actividad inician su jornada de trabajo a las 4 de la madrugada cada día, con el fin de que a las 6, hora de apertura, los clientes puedan llevarse su pan canilla caliente, o desayunar un cachito de jamón o queso.

Sobre las panaderías han actuado negativamente tres factores: la escasez de materia prima, la normativa laboral, y la regulación de los precios (política de los precios justos).

El gobierno, con las políticas del socialismo del Siglo XXI, procedió a estatizar el negocio del trigo. La importación está reservada al Estado, y han sido expropiadas o adquiridas la mayor cantidad de molinas privados que funcionaban en el país.

El sistema existente hasta febrero de 1999, probó ser eficiente. Nadie recuerda antes de esta fecha colas a las puertas de las panaderías.

Con la política del precio justo, donde burócratas sin experiencia productiva se dan a la tarea de decidir que costos del negocio inciden en el precio del pan, y que luego de eliminar para este cálculo varios costos, aplican el criterio de que solo puede haber un 30% de ganancia bruta, es que se señala cuál será el precio del pan.

Una decisión que al ser tomada, coloca un hacha sobre la cabeza del empresario panadero.

No importa cual sea el incremento de precios de los insumos y otros factores para la producción, como el salario mínimo, ese empresario estará temeroso de trasladar el aumento de costos al pan canilla.

Por último, ha venido siendo el permanente aumento del salario mínimo que ha obligado a las panaderías a tener que elaborar mayor cantidad de otros productos, derivados de la harina de trigo, para poder costear las operaciones del negocio, como son el alquiler del local y el pago de los servicios.

Como si todo esto fuera poco, la escasez de la harinapan de maíz, utilizada para las arepas, ha obligado al venezolano a tener que desayunar o cenar, y a veces hasta almorzar, con el pan canilla. Un producto rendidor, porque una canilla puede dar para más de una persona. Lo que antes se lograba con la harinapan –de maíz- para preparar las arepas.

Más allá de los cálculos globales de Fetraharina, en conversación con un panadero del sureste de la ciudad de Caracas, señaló que para el 15 de diciembre solo tenían en depósito 36 sacos de harina de trigo, cuando el año anterior disponían de más de 236 sacos.

Si cumple la promesa del presidente Maduro, de duplicar el número de panaderías operando en el país, para cuando estas 10 milo panaderías se sumen a las 10 mil existente, solo se logrará aumentar el número de puntos de colas. La solución va, como dice Fetraharina, por traer cada mes 4 barcos de harina.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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