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Análisis: Un armisticio sin logros llevaría a Maduro a atrincherarse en Miraflores

Análisis: Un armisticio sin logros llevaría a Maduro a atrincherarse en Miraflores


El armisticio declarado por la oposición venezolana, que durará hasta el 12 noviembre, es una posibilidad para que el “diálogo” con el gobierno permita una salida a la crisis política de la Nación.

Sin embargo este gesto -aparentemente unilateral- ha sido aprovechado por el gobierno para desarrollar una estrategia de trincheras.

La opinión generalizada de los analistas es que con el proceso de diálogo, y la suspensión de la agenda emprendida por la oposición, el presidente Maduro estaría ganando tiempo.

En las peticiones de la MUD, que Maduro ha considerado un ultimátum, se precisan lo que consideran condiciones mínimas para hacer creíble el diálogo.

La respuesta del presidente, que se refleja en la información conocida este jueves de que las conversaciones están estancadas, ha sido retórica y dentro del léxico propagandístico oficial.

Que nadie se levante de la mesa. El diálogo no debe acabarse solo porque en ese plazo no se cumplen las exigencias. Que nadie trate de engañar con expectativas sobre el proceso de paz que apenas comienza”, señaló este miércoles Maduro.

En estas palabras se esconde una especie de trampa jaula de la estrategia del gobierno.

En primer lugar, está el énfasis de denominar la apertura del diálogo como “un proceso de paz”. Algo así como para colocarlo en un episodio épico, en el estilo de lo ocurrido recientemente en Colombia, entre el gobierno y las FARC.

Se habla de un proceso de paz, cuando es precisamente el gobierno la única de las partes que tiene poder de fuego y dispara, fuerzas represivas y reprime.

La criminalizan por parte del gobierno de la disidencia al gobierno de Maduro, contabiliza en las cárceles a más de 110 presos políticos. Otros tantos han sido asesinados, como consecuencia de la represión de la PNB, la GN y grupo de colectivos-paramilitares afectos al régimen.

En un proceso de paz si este fuera el caso, habría que hablar de “pacificar” y preguntarse ¿A quién hay que pacificar?.

A Maduro lo que le interesaría es mantener alrededor de una mesa a los dirigentes de oposición para que no le embochinchen las calles. Lo que confirmaría que Maduro no cuenta con la calle, a menos que la ocupe militar y policialmente.

Una muestra de esta confirmación, es la represión ordenada pro el gobierno en la marcha de los estudiantes a la Nunciatura en la mañana de este jueves, una vez entregaron un documentos al Nuncio.

Pero también, este compás de espera –y por ello la petición de Maduro que se mantengan en la mesa- revelaría su estrategia de escudos humanos, desplegando trincheras y carpas este jueves alrededor del Palacio Miraflores. Lo que puede ser apreciado en la foto que ilustra este análisis.

En toda la extensión del discurso de Maduro, se niega una y otra vez la posibilidad de que se produzcan cambios de algún tipo, tanto en lo político como en lo electoral y en lo programático. Aquí es donde florecen las posibilidades de que el diálogo no lleve a ninguna parte, en estos días que quedan hasta el sábado 12 de noviembre.

El mandato recibido por los dos tercios de diputados elegidos el pasado 6 de diciembre es muy claro. El electorado se pronunció por un cambio de las políticas económicas, que han llevado al país al desabastecimiento y a la alta inflación, y a que se liberen los presos políticos.

Pasados 10 meses, y ante el agravamiento de la crisis económica y la generalización de las políticas represivas, los venezolanos se han venido convenciendo de que esos cambios no serán posibles si Nicolás Maduro y el PSUV siguen en el gobierno.

De allí nació la propuesta de realizar un referendo revocatorio para este año 2016.

Si el gobierno percibe una posibilidad de que no haya paz en el país, sería precisamente por el estado de cosas que la gestión presidencial sembró a partir del 2013, y en paralelo, con todas la manipulaciones, que con la participación del poder judicial y electoral, ha desarrollado para impedir que la voluntad popular se materialice.

En este punto de la crisis política, y a pesar de los esfuerzos del Vaticano y la buena voluntad de la oposición de abrir un compás de espera, pareciera que después del 12 de noviembre lo que quedaría sería calle para la oposición, y trincheras alrededor del último reducto que le quedaría a Nicolás Maduro, y que no sería otro que el Palacio de Miraflores en la avenida Urdaneta de Caracas.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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