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“Así viví el golpe del 3 y 4 F” por Pastor Heydra

“Así viví el golpe del 3 y 4 F” por Pastor Heydra


Pastor Heydra / @PastorHeydra

 

“Al final de la tarde del 3 de febrero subimos de Maiquetía a Caracas. Veníamos de realizar un viaje que partió de la Base Militar “Rafael Urdaneta” junto al Ministro de la Defensa Fernando Ochoa Antich y al Vice Ministro de Sanidad Latuff…Al llegar a Maiquetía, nos despedimos y cada quien tomo su rumbo, en el regreso aéreo se había sumado el Coronel Marcelino Rincón Noriega Jefe del Estado Mayor del Ejército en el Zulia quien abordó el auto ministerial, pero se presentó un incidente en el primer túnel de la Autopista La Guaira-Caracas donde habían quemado un vehículo, lo que obligó al Ministro de la Defensa a regresar al Aeropuerto.
Le ordené a mi acompañante – Sánchez, un joven de la DISIP que me había asignado CAP desde el caso Dager-Jatar-Lamaletto – que lo siguiera, simplemente porque creía que la Guardia Nacional apostada en el sitio le iba a abrir una vía alterna para que subiera a Caracas. Mi sorpresa fue cuando lo vi dar la vuelta y regresar al aeropuerto. El coche de Ochoa Antich ingresó vertiginosamente en el Destacamento 53 de la Guardia Nacional. Le indiqué al chofer, ya por olfato periodístico, que se metiera en el cuartel, haciéndonos pasar como escoltas civiles del Ministro. -portaba una Sig Sauer 45mm, que puse sobre el panel del pequeño Ford Festiva que me habían asignado, para que no hubiera dudas de nuestra afirmación-. Este se sorprendió al verme y con su tranquilidad característica me dijo “ya vengo, ya te voy a decir lo que está pasando”.
En el lugar estaba en perfecta formación la unidad militar que lo esperaba. Realizó una breve reunión con la oficialidad y posteriormente arengo a la tropa y le ordenó tomar las instalaciones aeroportuarias y sus adyacencias pues había un rumor de que un grupo de oficiales iba a asaltar esa dependencia para detener al Presidente Carlos Andrés Pérez, quien esa noche arribaría al país procedente de Davos, Suiza.
Comencé a atar cabos sueltos, ya que desde que llegamos a Maracaibo, mientras la aeronave Citation recorría la pista e ingresaba a la Base de la Aviación Militar, observé con curiosidad que toda la flota de aviones “Bronco” del país estaba allí, y artillada. Un pálpito me dijo que algo anormal estaba pasando. Al preguntarle a Ochoa por la presencia de esas unidades, me señaló que habían decidido tenerlas en ese sitio ya que en esos días en Guayana la FAN derribó una avioneta de los “garimpeiros” y querían evitar inconvenientes con Brasil. La respuesta no me satisfizo y le hice un comentario sobre la destrucción que hicieron los israelitas de buena parte de la aviación egipcia, por tenerlos concentrados en un solo aeropuerto, cuando la guerra de los siete días.
Ochoa Antich me justificó su presencia en el Destacamento 53 de la G.N. y las ordenes de asegurar el aeropuerto, que le dio a los uniformados, señalándome que había tomado esas medidas preventivas ante el rumor de que unos oficiales de menor graduación tenían un plan para tomarlo. La información se la había transmitido, mientras estaba en su carro, la Dirección de Inteligencia Militar a cuyo mando estaba el General José de la Cruz Pineda.
Ochoa se quedó esperando al Presidente Pérez, quien debía llegar a las 11 p.m. y lo hizo una hora antes. Yo le di “la colita” al Coronel Noriega, quien era Jefe del Estado Mayor de la I División del Ejército asentada en el Estado Zulia, pues al día siguiente, 4 de febrero, tenían una reunión con sus homólogos de todo el país. Y esa era la razón por la que se vino en el Citation. En otras palabras ni el 3 de febrero en la noche, ni el 4 de febrero en el día, ningún Jefe de Estado Mayor del Ejército estaba en su puesto de comando. Un detalle nunca explicado.
Cerca de las 10 de la noche del 3 de febrero, llegamos a la casa de su hermano Fredy, gran amigo desde los tiempos de las luchas estudiantiles en LUZ, vivía en las Colinas de Bello Monte. El Coronel Rincón Noriega en un gesto normal llamó a su esposa para avisarle que había arribado sin novedad. Ella le informó que lo habían ido a buscar un grupo de oficiales y soldados destacados en el Fuerte Mara, donde meses antes había sido Comandante. La intuición femenina le hizo sospechar que el móvil de la visita era para arrestarlo.
El Coronel Rincón Noriega se estremeció, pues le venía comentando que observaba movimientos como los de la Base Aérea de Maracaibo – él tenía una versión distinta a la de Ochoa sobre la presencia de los Bronco artillados con cohetes “rockets”, dijo que era una operación tipo UNITAS -, lo de la Guardia Nacional de Maiquetía y el rumor de la toma del aeropuerto que nos comentó el mismo Ochoa, que me indicaban que ocurría algo extraño, que olía a golpe de Estado en marcha.
Le sugerí que llamara a Fuerte Mara para tener precisión de lo que pasaba. Allí, como tenía voz de mando y era el Jefe del Estado Mayor, al cual estaba adscrito esa unidad, le informaron que, en efecto, se había producido un alzamiento y habían salido tres tanquetas y siete camiones llenos de soldados sin rumbo desconocido. El Coronel Rincón Noriega muy preocupado y cumpliendo con su deber institucional intentó hablar, infructuosamente, por vía telefónica con el General Lara Estraño, Jefe de la División del Zulia y con el Comandante del Ejército, General Rangel Rojas, para alertarlos sobre la explosiva situación,
Fue entonces cuando tomé el teléfono de la casa de Freddy Rincón Noriega y llamé a Miraflores 810-811, haciéndome pasar por el Ministro de Sanidad Rafael Orihuela. Solicité que me comunicaran urgentemente por la red interministerial, que generalmente atienden directamente los altos funcionarios pensando que puede ser una llamada del Presidente de la República. Hablé con el Ministro de la Defensa primero y luego con el del Interior, Virgilio Ávila Vivas, alegándole al operador que se había agravado el brote de cólera en Maracaibo, que por esos días copaba las primeras páginas de la prensa y las noticias de radio y TV.
A ellos les pregunté donde habían dejado al Presidente, respondiéndome ambos que en la Residencia de la Casona. Cosa que les reclamé, pues uno por desconocimiento e ingenuidad y el otro por cálculo y complicidad, lo habían enviado a la muerte. De inmediato les dije que había un golpe de Estado en pleno desarrollo e interrogué si tenían conocimiento del hecho. Cosa que negaron, pero que luego les fue corroborada por el Coronel Rincón Noriega, quien les dio el parte de lo que estaba ocurriendo, para que no quedaran dudas”.
Hice tres llamadas adicionales por la misma vía interministerial, La tercera al Presidente Pérez. Dando tiempo a que sus Ministros de Defensa y del Interior le cruzaran la información que les había proporcionado, pues si yo lo hubiese hecho de primero, seguro me habría dicho: “Usted fabula mucho, Pastorcito”, dándole credibilidad a la versión Ochoa de que todo eran rumores y “bolas” que corrían. Fue muy corta la conversación:
-Presidente ¿Cómo está? le habla Pastor ¿Lo llamó Virgilio y Ochoa para decirle la situación que vivimos, la cual se las informé hace unos minutos?
– Si. Gracias. Váyase para Miraflores que voy saliendo para allá.
Luego llamé al Gobernador del Zulia Oswaldo Álvarez Paz quien me dijo: “Pastor hermano, gracias, pero ya me están tocando la puerta”. Y finalmente a mi gran amigo y mentor político Antonio José Urbina “Caraquita”, quien era miembro del Consejo Nacional Electoral. Le di detalles de lo que estaba aconteciendo.
Le dije al Coronel Rincón Noriega: ¡Vámonos a Miraflores porque ese hombre se fue para allá y va a estar solo. Tú tienes tu Brownie 9 milímetros de Reglamento, yo una Sig Sauer 45 y Sánchez un Magnun 348. Entre todos hay una primera carga de 20 disparos! Así nos fuimos al centro de la ciudad. Intentamos entrar a Miraflores por los diversos accesos y fue imposible, en algunos ya habían llegado las tanquetas rebeldes. El Coronel Rincón se quitó la chaqueta de oficial superior y se quedó en franela. Nos dijo al identificarlos: “esos son reclutas del Batallón de Paracaidistas y no están suficientemente entrenados para estos eventos. Deben estar muy nerviosos y en esas condiciones son más peligrosos que mono con hojilla. Si no podemos entrar a Miraflores lo sensato es abandonar el lugar”. Así lo hicimos y al llegar de nuevo a la residencia de su hermano Freddy, comenzaba a hablar el Presidente Pérez por Venevisión, la planta de TV de Gustavo Cisneros, denunciando la asonada golpista y anunciando que controlaban la situación. Nos entró un alivio y luego de pasado un tiempo, nos fuimos a descansar, en el mismo sitio.

Vía Tomado del Libro “Historias de invasiones y golpes de estado” de Pastor Heydra

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