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Aumento del salario mínimo profundizará la crisis

Aumento del salario mínimo profundizará la crisis


El aumento del salario mínimo decretado por el presidente Nicolás Maduro, potencia la crisis de la economía venezolana, y como consecuencia coloca en peor posición a los venezolanos.

La economía

La economía no es un término abstracto, con el cual la gente no tiene nada que ver. La economía es el agregado de lo que acontece a las personas, las empresa y a las instituciones. Cuando los venezolanos están mal, la economía va mal y viceversa.

En el último mes, y como consecuencia de la crisis gerencial de las empresas que generan y distribuyen electricidad, la jornada laboral de los empleados públicos se ha reducido en un 75%. Solo están trabajando 10 horas a la semana.

El crecimiento económico del país mide el incremento o caída de la producción de bienes y servicios con respecto al año anterior. A eso se llama Producto Interno Bruto (PIB).

El sector público, por lo tanto, contribuye con lo que se llama “servicio”. Para este año 2016, el negativo impacto de esa caída del 75% será determinante en el cálculo del PIB.

Por otra parte, el sector privado está afectado por el racionamiento y cortes de electricidad. Lo que suma a la imposibilidad de adquirir materias primas, escasas en el país, y prohibitivas en el exterior.

Las importaciones están bloqueadas, por cuando Cencoex no liquida divisas al sector productor privado desde el año 2015.

El sector metalmecánico, que transforma aceros y aluminio, esta prácticamente paralizado como consecuencia del cierre de las líneas de producción de Sidor y Alcasa en Guayana. Reducidas en su capacidad productiva inicialmente, ahora la crisis de generación eléctrica obligó a paralizarlas totalmente para poder entregar electricidad al resto del país.

El sector agrícola siguió paralizándose en el 2016. Las políticas del gobierno, de inseguridad jurídica, expropiaciones, ocupaciones e intervención en el giro comercial de los agroproductores, ha brindado sus frutos en este año.

De la misma manera, de lo ocurrido en los sectores de servicios, metalmecánicos y del agro, el impacto de los errores de las políticas públicas ha afectado el comercio, y todos sectores productivos del país, incluyendo el petrolero y petroquímico.

La consecuencia es fácil de ver: no hay productos en los estantes del comercio, y los precios han saltado por las nubes.

La baja de los ingresos petroleros, por la caída de los precios del mercado internacional, agregó una restricción a la estrategia seguida por el gobierno para compensar la baja de la producción nacional: las importaciones. El Estado no tiene dólares para cubrir sus gastos y compromisos, y mucho menos para importar lo que falta.

La consecuencia ha sido clásica. El bolívar se ha devaluado a niveles nunca antes vistos.

En términos cotidianos, se puede decir que “el serrucho se trancó”. Lo que se visualiza cada día en mayores colas a las puertas de los comercios, y la insatisfacción generalizada de la población que comienza a alterarse en las calles.

La gente

Los venezolanos -así lo recogen los estudios de opinión- mayoritariamente resumen sus problemas en tres aspectos: inseguridad, carestía y escasez de los productos básicos.

Las personas han tomado las calles para solucionar estos tres problemas. El desabastecimiento lo combaten haciendo largas colas desde la madrugada, y rotándose por cuanta farmacia o supermercado, así estén fuera del sector donde habitan.

La carestía, los venezolanos la vienen cabalgando a pedazos. Una semana le compran a un bachaquero la harina, la semana siguiente la leche, y así van rotando de manera de estirar los reales.

La inseguridad, tal vez ha sido la más costosa, y para no entrar en detalles escabrosos y ser acusados de “incitadores al delito”, simplemente mencionaremos el término: “los linchamientos”.

Regresando a los alimentos, la última encuesta “Venebarómetro”, de Croes, Gutiérrez & Asociados, reportó que en abril, comparado con febrero, los hogares en los que se comían tres veces bajó del 69,5% de los hogares a 53,5%.

Los hogares en los que sólo se come dos veces, pasaron de 24,3% en febrero a 30,3% en abril. Y los hogares donde solo se come una vez al día, pasaron de 4,8% a 13,4%.

Eso que refleja la encuesta Venebarómetro, es lo que se llama “hambre”. Nos toparemos con las consecuencias en los próximos meses, y Dios no quiera que siga aumentando.

Las empresas

Las industrias venezolanas, grandes, medianas o pequeñas, están prácticamente paralizadas. No hay sector productivo que tenga las puertas abiertas perdiendo dinero.

Los salarios se pagan cada mes, sacando los recursos de las ventas de años anteriores. Eso no puede alargarse por mucho más tiempo.

Los comercios, principalmente del sector alimentos y de medicamentos, cada vez tienen menos productos que vender. A lo que adicionalmente se ha añadido las restricciones que impone el racionamiento eléctrico.

En este ambiente de operación bajo pérdidas, es que llega el aumento del salario mínimo.

Ecuación sin solución

La verdadera magnitud de la crisis económica venezolana se percibe a raíz de este aumento de salarios. A los trabajadores no les alcanza su ingreso para comprar los bienes básicos que sustentan sus vidas. Las empresas están operando con pérdidas, y se les hará cada vez más difícil pagar los salarios de los trabajadores que cada vez son más ineficientes y menos productivos, por problemas que no son culpa de ellos (pocas horas de trabajo y ausencia de materias primas).

En una economía de desabastecimiento, por la escasez de bienes y por la alta devaluación, más dinero en el bolsillo de los trabajadores para comprar productos que cada vez se conseguirán menos, se va a traducir en una mayor inflación.

La solución no está solo en mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores venezolanos. Es necesario aumentar la producción de bienes y servicios. Solo el gobierno puede cambiar las políticas públicas que se vienen aplicando. ¿Lo hará en un futuro cercano?

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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