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“Balance: El efecto catalizador del 1S” por Richard Casanova

“Balance: El efecto catalizador del 1S” por Richard Casanova


Richard Casanova/@richcasanova.

La clave del éxito del 1S está en su impacto como catalizador del proceso de cambio pero antes de abordar el tema, conviene puntualizar lo siguiente: la movilización jamás tuvo un “objetivo más trascendente”, tal como sugiere una versión que le limpia el rostro al gobierno. Tampoco su éxito es producto de “un giro inesperado” debido a un supuesto “desmembramiento del alto mando opositor” o ante la arremetida del régimen. ¡Nada de eso! Todo salió tal como se planificó y se anunció, su éxito responde a una estrategia bien definida que ha logrado posicionarse en la unidad opositora y reafirmar la ruta democrática y electoral. La jornada permitió consolidar el liderazgo y la unidad en el campo opositor, al demostrar poder de convocatoria y una enorme capacidad de movilización; dejando en ridículo ante el mundo al gobierno con su tesis golpista, al evidenciarse la vocación democrática de la oposición y el carácter cívico de la protesta.

Ahora ¿cómo explicar su efecto catalizador en el proceso de cambio? Veamos, no importa cuán violenta sea una protesta, siempre será posible reducirla con la fuerza militar: los ciudadanos no tenemos fusiles, tanques o aviones. Lo que realmente pone fin a una dictadura es la imposibilidad de sostenerse al perder su legitimidad, principal factor de gobernabilidad. Pérez Jiménez no abandonó el poder por la violencia de la protesta sino por perder el control de los mecanismos de coacción institucional. Todas las dictaduras pierden el poder cuando su ilegitimidad fractura la cadena de mando. Cosa que le pasó a Chávez cuando inútilmente llamaba a un general para activar el Plan Ávila y masacrar a la ciudadanía. Alguien advertía que el 1S no cambia la opinión del CNE y el TSJ sobre el revocatorio, quizás, pero si cambia la realidad y la opinión en ese entorno de poder. Al participar en la marcha, imaginaba lo que pensaban esos soldados y policías al ver esa oleada de venezolanos en actitud pacífica y defendiendo sus derechos. ¿Qué pensarán sobre su propia realidad, si su familia sufre por igual la escasez, la inflación, inseguridad, etc? Pensarían ¿Cómo hago para detener a esta inmensa mayoría? ¿Será capaz mi Teniente de obligarme a disparar a este rio humano? Mientras tanto lo mismo piensa el Teniente con relación al Capitán y algunos Generales o Coroneles se preguntan ¿Y Maduro hasta dónde pensará llegar? La misma duda que se planteó el Alto Mando Militar de Pinochet, hoy se la plantean los empleados públicos venezolanos que obligan a marchar y los chavistas de base que siempre han sido víctimas del populismo. Por ejemplo ¿Qué pensaban los chavistas apostados en la Redoma La India cuando veían que en ese mar de gente se confundía la gente de los barrios de La Vega y Antímano con sus vecinos de Montalbán o El Paraíso? Y así en toda Venezuela, una mayoría contundente que se mostraba como un solo pueblo: ese 80% que -según todas las encuestas- rechaza a este gobierno, no es un simple dato estadístico sino gente de carne y hueso, firme, en la calle. ¿Cómo ese activista puede frenar el cambio, si le dijeron mil veces que “el pueblo unido, jamás será vencido”? En fin, quizás el 1S no toque a las cúpulas podridas pero su fuerza imponente es demoledora en los cimientos de esa estructura de poder sostenida solo por las bayonetas y por unos resortes “institucionales”, hoy deslegitimados por un pueblo que pacíficamente toma las calles y permanece en ella para defender sus reivindicaciones. Ese efecto es un catalizador del proceso de cambio, sin duda!

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