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“Balance y Perspectivas”, por Simón García

“Balance y Perspectivas”, por Simón García


Balance y perspectivas

Simón García / @garciasim

Las protestas estudiantiles quebraron paradigmas. Han sorprendido a los dos campos de la polarización,tanto por su intensidad como por su extensión. El grito estudiantil fue acompañado por la clase media, tuvo un eco inesperado en algunos sectores populares y contó con una neutralidad de las bases populares chavistas. Los llamados gubernamentales a llevar el enfrentamiento a escenarios de pueblo contra pueblo, intensificaron el vandalismo de los grupos paramilitares, pero afortunadamente no lograron el objetivo de lanzar a los barrios contra los estudiantes.

A estas alturas el movimiento ha obtenido logros importantes. Despertó y movilizó pacíficamente a miles de ciudadanos golpeados por la crisis económica y la inseguridad. Puso fin a la imagen democrática del Gobierno dentro y fuera del país. Obtuvo apoyos destacados, aunque todavía hay muchos sectores que prefieren ver los acontecimientos desde afuera.

Si se quiere seguir en una línea de resistencia social a las políticas que ocasionan el insostenible costo de la vida, el desabastecimiento creciente, la inseguridad o los espectáculos de corrupción de las élites en el poder hay que pensar en cómo proteger las luchas de la represión, en cómo movilizarla en diversos espacios y cómo sumar nuevos apoyos.

Esta voluntad de continuar enfrentando el proceso de transición de un régimen autoritario a otro vocacionalmente totalitario necesita mucha inteligencia para sobreponerse a las dificultades y la lentitud con la que tropiezan los cambios. Afortunadamente los dirigentes naturales de este movimiento, ejercido por líderes estudiantiles que convenientemente irrumpen en primera fila de las luchas concretas, han demostrado temple y maestría.

Estos estudiantes en Manifiestos como el de Valencia o el de Mérida han expuesto cuáles son sus objetivos y cuáles son las condiciones para establecer un diálogo confiable y con resultados deseables, la mayoría de los cuales dependen en primera instancia del Gobierno. Los estudiantes no están dando ningún golpe de Estado sino actuando como portavoz de un país maltratado por males que requieren solución.

El movimiento estudiantil, uno de los pocos que ha logrado mantener su organización y autonomía, tiene suficiente conciencia sobre la necesidad de evitar que la protesta se aísle del venezolano común y termine reduciéndose a perturbaciones ocasionadas por unas  minorías.

A este callejón conduce la proliferación de la guarimba cuando afecta más a los ciudadanos que a lo que se combate. A veces la barricada ha sido la única forma para evitar razias represivas contra una urbanización, pero hay que saber que ella es aprovechada para desacreditar la protesta y para confundir sobre un asunto de gran importancia: de qué lado está la causa de la paz y quienes son los verdaderos generadores de la violencia.

Las jornadas de febrero y marzo constituyen un gran antecedente de rebeldía democrática. Una actitud que inevitablemente irá creciendo a medida que las consecuencias de la ineptitud oficial se meta en los bolsillos y en la mesa de los que más padecen las crisis. Entonces se comenzarán a tejer nuevas causas y motivos de encuentro entre los sectores populares y las fuerzas democráticas.

Dentro del oficialismo hay malestar. La cúpula gubernamental pasó la raya amarilla de disparar contra el pueblo. Hay muertos, heridos, torturados y presos políticos producto de un enfrentamiento, masivo y pacífico, a un estado de cosas que marcha en dirección a restringir la libertad, anular la democracia y multiplicar las penurias por las que hay que pasar para medio vivir en Venezuela.

Muchos militantes oficialistas viven el drama ético de ver que sus ideales son negados por la saña represiva y el uso del poder para sostener privilegios mal habidos. Allí hay gente todavía desconcertada, pero que intuye de que lado está la razón entre los estudiantes y el poder. Esa es una gente decisiva hacia el futuro y cuya incorporación depende de nuestro discurso y de nuestra capacidad para encontrar los puntos que nos unen.

El éxito principal de estas protestas se pondrá de manifiesto cuando junto a la gran movilización de calle se continúe con la realización de miles de asambleas en miles de lugares, con la aparición de diversas formas de organización de la gente para acrecentar la fuerza de la resistencia democrática y con centenares de iniciativas que hagan imposible la agresión represiva. Ni profecías ni falsas expectativas deben sacarnos de los caminos para ser una mayoría consistente y estable.

Esa es la perspectiva que nos debe guiar para perseverar en la defensa de la paz, la convivencia, la justicia y el bienestar para todos los venezolanos. Es decir, para vencer.

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