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“Barcos hundidos, héroes ahogados” por Carlos Raúl Hernández

“Barcos hundidos, héroes ahogados” por Carlos Raúl Hernández


Carlos Raúl Hernández / @CarlosRaulHer.

Aumentan la confrontación, los intentos del TSJ para castrar el Poder Legislativo, y el gobierno acelera a fondo hacia ninguna parte. Restituidos los tres diputados de Amazonas, se desata la retaliación contra ellos, y trasladan al inocente jefe de seguridad de la AN a una cárcel común. Parálisis institucional por el choque de la Asamblea contra el gobierno y los organismos apendiculares del PSUV (CNE, TSJ, Fiscalía), y se escala el conflicto. Corre la amenaza de detenciones por desacato en esta supresión del Poder Legislativo de facto. El análisis estratégico enseña que antes de tomar iniciativas en un conflicto, hay que prever la respuesta del contrincante. El esquema en desarrollo parece ser intensificar el esfuerzo para doblarle el brazo y obligarlo al revocatorio 2016 -el break down-, gracias a la presión nacional e internacional. Se parte de que el rechazo al gobierno es creciente por la crisis económica y el tiempo está contra él.
Claro que el referéndum 2016 es posible, pero lo rodean interrogantes: ¿es una expectativa racional o depende de algún imponderable, de un golpe de la fortuna?… ¿qué tendría que ocurrir para que el gobierno accediera a entregarse incondicionalmente? Tal vez podría desencadenarlo un impromptu, un cisne negro, como el juicio de Nueva York a los confesos sobrinos, o unos vladivideos de Fujimori. Pero contra este esquema de jaque mate, juegan varios elementos. El primero es que los interesados saben que este sería su escenario catastrófico, una entrega beata, mártir, y vendrían contra ellos todas las furias acumuladas, las temidas facturas. Y cualquier otro les resulta preferible, hasta un golpe de militar o una guerra civil. Un jerarca habría dicho dramáticamente que “prefería la muerte”. Los poderes globales apuestan a soluciones pactadas, porque saben que las impuestas aseguran inestabilidad.

Transición sin acuerdo
Los procesos de transición exitosos conceden garantías a los derrotados. En los países soviéticos por nombrar solo estos, se materializó el cambio político gracias al entendimiento y no hubo persecuciones (Putin es hoy Presidente). El largo proceso de transición a la democracia en el planeta, que comienza en los años sesenta lo confirma: triunfaron los convenios, y donde se quiso imponer una parte, vinieron cadenas de desventuras, golpes, secesiones y resentimientos históricos. El Papa y Felipe González criticaron la cerrazón (no hay que dejar desocupada la silla del diálogo) y el lustre de la victoria del 6D puede opacarse ante poderes democráticos internacionales que saben mucho de política y pierden interés ante rivalidades extemporáneas, terquedad, contratos a periodistas para desacreditar mediadores y dirigentes que defienden el discernimiento.
Entre las delegaciones que asistieron a la toma de posesión de Kuczynski en Perú aparecían sombras de desánimo sobre el tratamiento del diálogo en Venezuela, porque -visto Daniel Ortega- todo el mundo quiere, incluso Cuba, que Maduro se vaya. Para quienes marcan la política global, pedir “revocatorio este año” es legítimo, pero ese no es el objetivo, sino cuadrar un gobierno de transición, de entendimiento nacional, con sectores el chavismo. La entrada del General Padrino en plan de hombre fuerte del gobierno, despertó expectativas en sectores de la ciudadanía y entre los militares. Muchos pensaron que podría “gobernar” como él mismo dijo -la palabra era auspiciosa porque todo lo devora la ingobernabilidad-, pero el gobierno retrocede y designa ahora al General Reverol para mondarle las alas al otro.

Ayayay Maracay
Decían que Padrino no podría hacer nada porque carece del equipo humano armado de los conocimientos económicos. El gobierno elude los problemas y se entretiene en radicalizar el gabinete y poner nombres originarios a empresas que ha destruido, como Kimberly Clark, ahora Cacique Maracay, al que asesinaron mientras dormía, vendido por su tribu que no quería seguir en guerra contra los españoles (por eso procura desde el más allá buen sueño para quien lo invoca, y protege contra las traiciones). Si el supergeneral no satisface las expectativas, se vendrá abajo muy rápido, perderá liderazgo en las FAN, que caerán en un desprestigio mayor. Una institución armada en trozos, con poca estimación, es una mala noticia para quienes quieran enderezar la marcha, lo que no se logra con rabietas, malacrianzas ni golpeando con mazo de plástico hueco. El peor enemigo de una negociación es dárselas de duro y radical porque eso paga dividendos en la galería, pero la nave igual se va a pique.
En el fondo del mar hay muchos barcos hundidos y héroes ahogados. La conclusión de las conversaciones posibles sería dar los óleos al gobierno que no gobierna, apenas agoniza. Negociaciones tarde o temprano tendrían que llevar allá. Por eso poner el RR- 2016 como condición previa sine qua non contiene la aporía de iniciar por el final con la decisión que debería ser el resultado, exigir que el gobierno se entregue con las manos en la nuca y que pase lo que Dios quiera. ¿Para qué embotellarse en un solo camino cuando hay varios, ponerse una dead-line? Si las partes llegan al acuerdo para que el gobierno se vaya, porque se modifica la relación de poder, cualquier fórmula constitucional es viable. La negociación sería para arbitrar las garantías exigidas por las partes.

El Universal, 7 de agosto de 2016

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