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Bolsas CLAP no logran resolver la escasez de alimentos

Bolsas CLAP no logran resolver la escasez de alimentos


 

Si el diagnóstico es equivocado, el medicamento recomendado no logrará curar la enfermedad. Así sucede con la escasez de alimentos y medicinas, entre otros productos básicos.

El gobierno sigue sin atacar la baja producción de bienes y servicios, que es lo que genera la escasez. Por el contrario, se empeña a atacar fantasmas con políticas ineficientes que no tiene en el foco la verdadera causa del mal.

La realidad es que después de 17 años de políticas públicas “revolucionarias”, los venezolanos no consiguen los alimentos de la dieta básica, los medicamentos de cualquier tipo –ya sean para enfermedades crónicas, graves o para simples catarros- y ni que decir de los repuestos para equipos o los equipos mismos. La escasez es una constante en todo los sectores industriales y comerciales del país.

Para el gobierno, el problema de la escasez es consecuencia de una supuesta “guerra económica”. Una guerra orquestada por las potencias capitalistas, para lo cual contarían con la colaboración de los opositores venezolanos.

En la búsqueda de referencias ideológicas, el gobierno ha venido comparando la crisis de abastecimiento venezolano con el bloqueo al que ha estado sometida Cuba desde principios de los años 60.

La dos realidades sin embargo, no pueden ser más diferentes y diversas. El bloqueo en Cuba fue producto de medidas políticas aplicadas por el gobierno en contra de empresas estadounidenses.

En el caso venezolano, la escasez tiene un origen endógeno. El presidente Chávez aplicó políticas públicas que fueron afectando al sector productivo nacional, fuera público o privado. No hay en el 2017 renglón ni sector productivo del país cuya producción de bienes o servicios sea superior a lo producido en 1999.

Mientras los precios del petróleo eran cada año más elevados, el déficit productivo fue compensado por la importación de esos productos. Cuando el ingreso petrolero comenzó a caer, empezaron a verse las costuras de un modelo económico que ha resultado ineficiente.

Tal vez ha sido el papel toilet el primer producto de uso diario que comenzó a escasear. La respuesta del gobierno, en la manera como lo hizo, mostró una política equivocada.

Las manufacturas del papel toilet comenzaron a producir cada vez menos rollos de papel, en la medida que le iban reduciendo las divisas para importar la materia prima.

Problema que también afectó el abastecimiento de un producto de la misma familia: los pañales, tanto para niños como para adultos.

Cuando la producción mermó a niveles críticos –que se manifestaron en los estantes vacíos del rubros en los supermercados- el gobierno en vez de restituir las divisas a las fábricas, comenzó a importar directamente el papel manufacturado en el exterior.

Si el dinero que se destinó para importar el producto ya listo para la venta, se hubiera destinado a importar materia prima, hubiera rendido más, a parte de motorizar la economía interna generando trabajo para los obreros venezolanos, pagando impuestos y generando miles de puesto de trabajo indirectos. Eso no sucedió.

Montado en el tobogán de los bajos ingresos, los distintos sectores industriales del país comenzaron a experimentar la falta de materias primas, con lo cual las fábricas comenzaron a producir cada menos.

Los ensayos de racionamientos

El segundo sector que hizo aguas fue el farmacéutico. Cuando esa agua hizo crisis en la calle, el gobierno volvió a aplicar la receta de sus políticas públicas. Importó medicamentos e implementó un sistema de distribución centralizado y manejado por el gobierno: Siamed.

Con este sistema –desde principios del 2015- las personas debieron asistir a su farmacia más cercana, llevar el récipe de los medicamentos que tiene que administrarse con frecuencia; esperar que le confirmaran su inscripción en el Siamed, y volver a esperar a ser notificado que esos medicamentos habían sido enviados a la farmacia.

Ya nadie habla de ese sistema que no le resolvió el problema a nadie. No se sabe que pasó. Muy pocos lograron acceder a esa distribución estatal.

Simultáneamente, el gobierno implementó el uso de captahuella, para limitar la cantidad de unidades adquiridas por comprador. Un mecanismo que posteriormente se extendería a los supermercados.

Una revisión de la problemática farmacéutica muestra que la afectación provino inicialmente de la regulación de los precios. Muchos medicamentos de uso común, como las penicilinas y analgésicos, o los utilizados para las enfermedades crónicas, como la hipertensión, la diabetes o neurológicas, debían ser vendidas a precios por debajo del valor de la factura que deber emitir la farmacia que lo expende. Cuando Cadivi comenzó a disminuir las divisas asignadas al sector, ya la escasez se había iniciado. Los bajos precios, que no pagaban los costos, habían desestimulado la producción.

Los alimentos

Lo sucedido en el sector farmacéutico se evidenció en poco tiempo en el sector alimentos. Un sector que también venía siendo afectado por el control de precios, la inseguridad en el campo y la discrecionalidad de los entes públicos para importar productos manufacturados de países ideológicamente afines al gobierno venezolano.

En el caso del campo hubo otro factor que impulsó la caída de la producción de la agroindustria: las expropiaciones, que demás tuvieron como consecuencia la disminución de la llamada “frontera” agrícola. Casi todo terreno expropiado, que era productivo, en poco tiempo dejó de serlo.

Adicionalmente, el gobierno tuvo a bien expropiar la empresa Agroisleña. Un conglomerado que proporcionaba a los productores insumos y hasta financiaba la producción.

Agroisleña fue sustituida por Agropatria. Y en poco tiempo las semillas certificadas dejó de llegar en la cantidad requerida y a tiempo, al igual que otros insumos como los plaguicidas y los fertilizantes.

Esta falta de semillas certificadas, plaguicidas y fertilizantes, tuvo como consecuencia inmediata la reducción de las hectáreas de siembra, y el rendimiento de producción por hectárea. Un problema que todavía no ha logrado resolverse.

La inseguridad

Por la vía de la inseguridad, una mayor cantidad de hectáreas dejaron de ser productivas. Tal es el caso de San Casimiro, una población a una hora de Caracas en el estado Aragua.

El cobro de vacunas, los secuestros, asaltos y proliferación de bandas armadas a la vista de la autoridades, han tenido el efecto de paralizar la actividad productiva.

San Casimiro, con sus poblaciones foráneas de Güiripa y Valle Morín, ya no producen alimentos. Una situación que se repite en numerosas poblaciones agrícolas del interior del país.

Las CLAP

Ahora el gobierno, teniendo en la mira el que algún día se deberán celebrar elecciones, implementó desde el 2016 las llamadas “Bolsa CLAP”. Un combo de algunos productos de la cesta básica, que cada día “cuesta más y trae menos”, en opinión de quienes logran acceder a este paliativo a la escasez. Porque es eso: un paliativo.

Caracterizado por el huir hacia delante, el gobierno transformó esta idea de subsidio directo, en una metodología de control social. La bolsa directamente llega al domicilio del beneficio. Pero para ello, debe censarse con activistas del PSUV, partido de gobierno.

Razón por la cual, ahora puso en ejecución el llamado “Carnet de la Patria”, que perseguiría el mismo fin político electoral.

Así, el aparato político logra saber dónde están los electores, dónde trabajan y cuántos son por unidad familiar.

Para coordinar este programa, al que concedieron el nivel de “Misión”, se designó a Freddy Bernal, un policía de acciones especiales de la extinta Policía Metropolitana, devenido en alcalde y diputado.

De Bernal hay que resaltar, que de su gestión pública en la alcaldía de Libertador, no se recuerdan escándalos administrativos. Lo cual no exime al programa de las CLAP de diversas denuncias por malos manejos. Un palo, no hace un bosque. Y ese bosque de miles de operadores, no ha estado a salvo de tentaciones. Sobre todo, en esta cada día más profunda crisis económica, que hace que a nadie le alcance su salario para proveer a su familia de lo mínimo necesario para vivir.

Situación esta que ha dado pié a la proliferación de toda una red de origen local, pero de presencia nacional: los bachaqueros. Gente que se ingenia para hacerse con productos a precios regulados, pero que los vende a precios calculados a dólar libre. La necesidad, tiene cara de perro. Y todos tienen necesidades. Los compradores, de conseguir los productos. Los vendedores, de dinero para vivir y no morirse de hambre.

Para muestra un botón

El diputado Carlos Valero presentó el martes los resultados de una investigación sobre las Bolsas CLAP. Reveló que los beneficiados informaron que la mayor parte de los productos fueron importados de México.

Aunque hay que señalar con carácter previo, que los productos que contiene la bolsa no alcanzan a una familia promedio para más de 10 días. Con el agravante que la bolsa llega cada mes y medio, en el mejor de los casos.

Cada bolsa viene siendo vendida a 10 mil bolívares. Dando por cierta la información del gobierno, que el dólar para importar alimentos se cambia a 10 bolívares, resultaría que cada bolsa se estaría vendiendo a 1.000 dólares.

La revisión de los precios de estos productos en México, habría arrojado que cada bolsa tiene un costo de 10 dólares, es decir un mil bolívares.

Como el gobierno ha implementado otro tasa de cabio del dólar de 694,50 bolívares, la bolsa pudiera costar 6 mil 945 bolívares. Pero eso no se sabe.

Esto lleva a preguntarse ¿quién se gana el diferencial de 9 mil bolívares por bolsa? ¿Cómo se lo reparten? ¿Cuántos intermediarios hay en la operación?.

Muchas interrogantes que probablemente nadie del gobierno contestará, y a la cual hay que traer de nuevo a colación porque el gobierno se niega a reconocer, que en la ecuación de la escasez, la producción es el principal ingrediente.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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