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Carlos Cruz Diez, el arte de todos los tonos

Carlos Cruz Diez, el arte de todos los tonos


Recuerda que cuando niño le fascinaban los últimos rayos del sol que se colaban por la ventana. Discreto, enemigo de los flashes publicitarios y dueño de una imaginación indetenible, este caraqueño de cabello desordenado, y unas patillas alargadas que lo identifican, ha confesado innumerables veces que su arte es una persecución de la utopía. Pero antes de llegar a esta invención de su propio lenguaje, Carlos Cruz Diez, quien este miércoles 17 de agosto celebra sus 93 años, admite que todavía le falta por aprender.

Considerado, junto a Jesús Soto, como máximo representante del arte cinético, Cruz Diez no es el típico artista consagrado a su labor, sin prestarle atención al resto de los movimientos que emergen a su alrededor. La literatura también ha sido parte de su vida, pues desde pequeño escuchó hablar de arte, música y teatro de boca de su padre, el químico Carlos Eduardo Cruz, quien igual se dedicó a la poesía. Pero el dibujo y una caja de colores le hicieron descubrir un mundo nuevo: las artes plásticas.

“Desde los 6 años no he hecho más que dibujar y pintar”, confesó alguna vez a la revista francesa Diapo. “En la escuela le llamaban la atención a mis padres porque no le prestaba atención a las clases, y me entretenía dibujando figuras. Así que cuando terminé el primer año de bachillerato, les dije que yo quería ser artista… ellos se fascinaron y me dieron todo el apoyo”, evoca.

Cruz Diez tenía segura la larga y rica trayectoria de su carrera: sería artista, “y si no hubiera podido vivir del arte” me hubiera dedicado al diseño y a la ilustración de la prensa, tal y como lo hice durante más de 20 años para diarios venezolanos”. Cruz-Diez es considerado uno de los artistas venezolanos esenciales del siglo XX, su obra ha abarcado la escala internacional al profundizar una de las investigaciones más importantes referidas al cinetismo y a las experiencias ópticas.

En la actualidad es presidente de la Fundación del Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez en Caracas y miembro de la Orden de Andrés Bello (OAB). En 2005 su familia creó la CruzDiez Foundation dedicada a la conservación, desarrollo, difusión e investigación de su legado artístico y conceptual.

EL ETERNO INVESTIGADOR DEL COLOR
Carlos Cruz-Diez no es un artista plástico convencional. Desde sus inicios se define como un “investigador”, condición que lo llevó a realizar más de ocho trabajos sustentados sobre el color, su interacción con la luz, el espacio y otros colores; además de situarlo entre los padres funcionales del arte cinético mundial.

Sus inicios se remontan al movimiento cinético de los años 50 y 60, en el cual varios venezolanos, como el maestro Jesús Soto, realizaron aportes fundamentales para conocer las nociones del color. Cruz-Diez, al igual que Soto dijeron en su momento que no buscaron crear un “ismo” dentro del movimiento solo investigar sobre el color y estructurar sus obras de acuerdo a las percepciones profundas sobre el color y su interacción con el espacio urbano o intervenido. Luego de varios años de reflexión sobre su trabajo, Cruz-Diez ahora lo define como “Arte del Movimiento y Espacio Reales”, donde se conjugan elementos generalmente de forma tridimensional que permiten visualizar el color de acuerdo a la percepción de la persona.

En el desarrollo de su reflexión plástica ha ampliado las nociones del color, demostrando que la percepción del fenómeno cromático no está asociada a la forma. Para ello, Cruz-Diez realizó 8 investigaciones en torno al color: Couleur Additive, Physichromie, Induction Chromatique, Chromointerférence, Transchromie, Chromosaturation, Chromoscope y Couleur dans l’espace.

Cruz-Diez se describe a sí mismo como un artista que practica la disciplina del investigador: “En mis obras nada está hecho al azar, todo está previsto, programado y codificado. La libertad y lo afectivo sólo cuentan a la hora de elegir y combinar los colores, tarea a la que impongo una restricción única: ser eficaz en lo que quiero decir. Es una integración de lo racional y lo afectivo. Yo no me inspiro: reflexiono.” En cada una de sus investigaciones pone de manifiesto distintos comportamientos del color. En Couleur Additive (Color Aditivo) que se inició en 1950, Cruz-Diez fundamenta su obra en la irradiación del color, es decir, en la evidencia de que cuando dos planos de color se tocan, aparece una línea virtual más oscura en la zona de toque.

Mediante el aislamiento de este fenómeno óptico, Cruz-Diez obtiene los llamados “módulos de acontecimiento cromático” responsables, en parte, de la continua transformación del color. Le siguen las famosas Psysichromie (Fisiocromías) que iniciaron a partir de Cruz-Diez llama “trampas de luz” 1959. En esta investigación, las estructuras son las que revelan los diferentes comportamientos y otras condiciones inherentes del color, que se modifican según el desplazamiento e intensidad de la luz ambiente y del espectador proyectando el color en el espacio y creando una situación evolutiva de color aditivo, reflejo y sustractivo.

Otra de las famosas investigaciones de Cruz-Diez se refiere a la Chromosaturation (Cromosaturación).

El artista explicó que es un ambiente artificial compuesto por tres cámaras de color, una roja, una verde y otra azul, que sumergen al visitante en una situación monocroma absoluta, lo que origina perturbaciones en la retina, habituada a percibir simultáneamente amplias gamas de colores.

La Cromosaturación puede actuar como detonante activando en el espectador la noción del color en tanto que situación material, física, que sucede en el espacio sin la ayuda de la forma e incluso sin soporte alguno, independientemente de las convenciones culturales, detalló Cruz-Diez.

En todas sus obras, el maestro Cruz-Diez demuestra que el color, al interactuar con el observador, se convierte en una realidad autónoma y evolutiva, capaz de invadir el espacio sin anécdotas, desprovisto de símbolos, sin tiempo ni ayuda de la forma y aún, sin ayuda del soporte.

Con más de 90 años, todavía sigue investigando en el color y divide su tiempo entre sus talleres de París y Panamá, donde realizó su última Fisiocromía, en la cual fue “desaparecido” por el artista chino Lui Bolin. Actualmente, sus obras son manejadas por cinco fundaciones que maneja su familia y cuenta con siete exposiciones permanentes en Nueva York, Montreal o París.

MAIQUETÍA, EL ARTE PARA LAS DESPEDIDAS
En el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía se encuentra la Cromointerferencia Ambientación Color Aditivo, una obra del artista plástico venezolano Carlos Cruz Diez y que se convirtió no solo en la referencia de las vacaciones escolares para muchos, sino ahora también en la imagen triste de la despedida.

La Cromointerferencia ha estado ahí para los venezolanos y extranjeros que visitan el país desde 1978, aunque se empezó a construir desde 1974. El mismo artista explicó en junio de este año para la revista Producto que la obra estuvo pensada “para que se cumpla con el desplazamiento, resolviendo la visión rasante y la visión directa” porque “¿Qué es lo que hace uno en un aeropuerto? Pasearse todo el tiempo con una maleta en la mano”. Cruz Diez señaló que la “visión directa” es el muro de fondo y que eso iba a ser provisional. “Se creía que iba a ser mucho más largo, por eso los muros están hechos en metal y no sólido, porque se iban a demoler, cosa que no sucedió”.

Para que el piso pudiera resistir al peso de las maletas y del caminar de las personas se tuvo que buscar materiales que fueran resistentes, para evitar el desgaste de forma rápida. “Me costó mucho encontrarlo, pero lo hallé en Francia. Es un material compactado a 2 mil kilos por cm2 y quemado a 1.500 C° ¡Es antiecológico! Pero tiene que ser así”.

Este fue el primer piso que ideó el artista plástico y a partir de ahí pensó en que uno es capaz de transformar cualquier cosa como aviones, barcos y por supuesto, pisos. En un artículo publicado por Prodavinci en septiembre de 2013 se explicó que esta Cromointerferencia ocupa 2.608 metros cuadrados, incluyendo el piso y paredes del corredor de espera y los salones de boletería de las líneas aéreas.

La obra también incluye un vitral de Héctor Poleo y tan solo dos años después de haber sido inaugurada, en 1980, obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura. Sin embargo aunque se pensó en materiales fuertes que evitaran su desgaste, el tiempo pasa y las cerámicas se han ido despegando con el tiempo, desde al menos 2013 hay reportes del desgaste.

Entonces, El Universal publicó que existían 23 espacios con mosaicos despegados.

Igualmente señaló que había desgaste, fracturas y fisuras de diverso espesor y también zonas con abultamientos. Ocho meses después El Correo del Caroní publicó que la obra de Cromointerferencia de Maiquetía empezaría a ser restaurada.

Este famoso piso no solo produce fotos para ser compartidas en las redes sociales. En el año 2015, María José Ovalles Vásquez participó en el Concurso Cartas de Amor con su escrito “Carta al piso de Maiquetía”. Aunque Ovalles señala que en los años 90 este piso se asociaba a las vacaciones… “Hoy tus 2.112mts2 muestran tu desgaste, tus fracturas y tus fisuras… Ya sé que no es cortés decirle eso a alguien pero es que al transitar por tu pasillo es eso justamente lo que se siente… Hoy te has convertido en un ícono: Eres la foto cliché de las despedidas, eres el arte pop que representa la emigración; la fuga de cerebros. Eres el camino de regreso que recorren los padres que se despiden de sus hijos esperando que les vaya mejor lejos de su hogar, mientras su corazón se siente igual que tú cuando se te caen los mosaiquillos”.

Luisa Quintero/Saraí Coscojuela y Emily Plasencia/TalCual

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