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“Carta a Su Santidad”, por Henrique Capriles Radonski

“Carta a Su Santidad”, por Henrique Capriles Radonski


Henrique Capriles Radonski

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Beatísimo Padre,

De antemano quiero agradecer la atención paternal que dispense a esta misiva que remito humildemente en nombre del pueblo venezolano, hoy día sometido a la humillación y al desconocimiento de sus derechos sociales y económicos fundamentales, a la injusticia y al envilecimiento de sus valores tradicionales como sociedad.

Nos anima dirigirnos a usted en conocimiento de la visita que realizará a Su Santidad el jefe del Ejecutivo venezolano, señor Nicolás Maduro, quien viajará a Roma para intervenir en la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que se celebrará en esa ciudad entre el 6 y 13 de junio próximo.

Conocemos de su amor por nuestro país, de su atención a los acontecimientos en Venezuela y de su esperanza de que se encuentren vías justas y pacíficas para superar el momento de gran dificultad que atraviesa nuestro país. Conocemos, Santo Padre, de sus plegarias por cristalizar un diálogo entre el gobierno nacional y los venezolanos que resistimos su propósito de erigir en nuestra nación un modelo político totalitario y excluyente denominado “socialismo del siglo XXI”, eufemismo que el propio dirigente cubano Fidel Castro dejó al descubierto cuando declaró que “el socialismo del siglo XXI es el comunismo, el mismo que Carlos Marx describió… el comunismo”, y luchamos bajo la bandera de Venezuela somos todos, por una sociedad democrática y solidaria, donde todos los venezolanos podamos vivir y progresar en paz.

Queridísimo Santo Padre, no queremos agobiar más su espíritu, pero el agravamiento de los problemas que afligen al pueblo venezolano nos impulsa a solicitar la orientación de su autoridad moral, su intervención para ayudar a los venezolanos a conseguir el camino del diálogo con un gobierno que ha desestimado las reflexiones de la Conferencia Episcopal Venezolana (enero 2015) sobre la crisis económica, política y social que vive el país.

Necesario resulta detallar los indicadores que contextualizan la crisis global.

En Venezuela, Santidad, se está muriendo mucha gente porque no hay medicinas disponibles. Según el gremio farmacéutico, la escasez en la lista de 150 medicamentos esenciales ronda 70%, entre ellos, productos vitales para atender enfermedades pulmonares, epilepsia, enfermedad de Parkinson, enfermedades cardiovasculares, neurológicas y cáncer. Las insuficiencias en los hospitales son dramáticas. En las maternidades no hay atención a las parturientas, y en el Hospital de Niños José Manuel de los Ríos de Caracas, 120 niños con cáncer esperan por los fármacos necesarios para sus quimioterapias.

El último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) revela que Venezuela registró un incremento en su índice de pobreza de 25,4% a 32,1%, entre 2012 y 2013. Las proyecciones apuntan a un aumento de este porcentaje como consecuencia de la profundización de la crisis económica que produce la caída de los precios del petróleo, que aporta 96% de los ingresos del país, hecho que ha generado la mayor crisis de desabastecimiento de alimentos sufrida por nuestro pueblo desde la guerra de Independencia.

También está muriendo la gente por la incapacidad del Estado y sus instituciones de justicia, que no se dan por aludidas con la tragedia de 24.980 fallecidos en 2014 por acción de la delincuencia común y con que 93% de esos homicidios permanezca impune, mientras las cárceles son antros de vergüenza y degradación de los seres humanos recluidos en ellas.

No ha recibido respuesta institucional el reclamo de justicia que ha expresado la Iglesia venezolana a través del Cardenal Jorge Urosa sobre la llamada “masacre de Uribana” (2014), internado judicial en el que murieron 63 personas y todavía no hay responsables. “No se ha esclarecido. Eso clama al cielo”, ha dicho el Cardenal Urosa.

Las necesidades básicas de salud, alimentación o seguridad no solo no son satisfechas, sino que tienden a agudizarse peligrosamente al punto de colocar al país al borde de una crisis humanitaria. Ello ocurre sin que medie una catástrofe natural o exista una guerra civil. La crisis humanitaria que nos amenaza la provoca una casta hegemónica, cuya única preocupación parece ser mantenerse en el poder.

No podemos culminar este escrito Santo Padre sin mencionar el caso de los presos políticos, sometidos a hechos de tortura psicológica y condiciones físicas de ignominia. Ampliamente conocidos internacionalmente son los casos de Leopoldo López y Daniel Ceballos, actualmente en huelga de hambre, así como el Alcalde del Distrito Metropolitano de Caracas,  Antonio Ledezma y más de 70 detenidos por el simple hecho de pensar diferente.

Para no extendernos, transcribimos declaraciones del Cardenal Urosa sobre este particular, las cuales recogen la profunda preocupación que produce en los venezolanos la indiferencia del gobierno ante sus clamores de justicia:

“Esto se refleja en el maltrato que sufren los presos políticos, con las vejaciones, humillaciones, castigos frecuentes y agresiones, que pueden considerarse como torturas psicológicas, la prohibición de visitas por parte de la familia, la restricción de las visitas. Eso viola sus derechos humanos, y va en contra de la dignidad de la persona humana”.

En Venezuela han de celebrarse este año elecciones parlamentarias. Ellas pueden ser, si fueran razonablemente limpias y equitativas, un camino de esperanza para la convivencia en democracia y paz. La autoridad electoral no goza de suficiente confianza de los venezolanos. Por eso, hace falta una misión electoral seria, objetiva y diligente que vaya más allá del simbolismo y el turismo. La comunidad internacional puede ayudarnos a lograrla.

Nos despedimos, Santo Padre, reiterando nuestro agradecimiento por su entrañable  guiatura para que en Venezuela podamos alcanzar el reencuentro como pueblo unido por valores universales de paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos, en el espíritu mariano que nos inspira Nuestra Señora de Coromoto.

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