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Ciberpiratas rusos le echaron una mano a Trump

Ciberpiratas rusos le echaron una mano a Trump


Los organismos estadounidenses de inteligencia han concluido con “muchísima confianza” que Rusia actúo en forma encubierta en las últimas etapas de la campaña presidencial para afectar las posibilidades de Hillary Clinton y promover a Donald Trump, según altos funcionarios del gobierno.

Basaron esa conclusión, en parte, en otro resultado –en el que, dicen, también tienen mucha confianza– en cuanto a que Rusia ciberpirateó los sistemas computacionales del Comité Nacional Republicano, además de sus ataques contra organizaciones demócratas, pero no dieron a conocer ninguna información que hayan recopilado de las redes republicanas.

En los meses previos a las elecciones, filtraron, en su mayor parte, documentos de los sistemas del Partido Demócrata. Los organismos de inteligencia han concluido que los rusos le dieron a WikiLeaks los documentos de los demócratas.

Los republicanos tienen una explicación distinta sobre por qué nunca se dieron a conocer los documentos de sus redes. En los últimos meses, funcionarios del comité republicano dijeron constantemente que sus redes no estaban comprometidas y aseveraron que solo se había atacado a las cuentas de republicanos en lo individual. El viernes, un alto funcionario del comité dijo que no haría comentarios.

 La oficina de Trump para la transición emitió un boletín el viernes por la noche en el que se reflejan las profundas divisiones que surgieron entre el equipo de su campaña y los organismos de inteligencia por la intromisión rusa en las elecciones. “Se trata de las mismas personas que dijeron que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva”, se dice en el boletín. “Las elecciones terminaron hace mucho tiempo en una de las mayores victorias en la historia del Colegio Electoral. Ahora es tiempo de avanzar y “¡volver a hacer grande a Estados Unidos!”.
Un alto funcionario gubernamental, a quien se había informado de la investigación del FBI sobre el asunto, dijo que, si bien hubo intentos de penetrar los sistemas del comité republicano, estos no fueron exitosos.

Sin embargo, las conclusiones de los organismos de inteligencia en cuanto al éxito de los esfuerzos de ciberpirateo, las mismas que se le presentaron al presidente Barack Obama y a otros altos funcionarios, añaden un giro complejo a la cuestión de cuáles eran los objetivos en desarrollo del Kremlin para intervenir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

“Ahora tenemos muchísima confianza en que ciberpiratearon al CND y al CNR, y, obviamente, no dieron a conocer ningún documento de la organización republicana, dijo un alto funcionario gubernamental, al referirse a los rusos.

No está claro cuántos archivos se robaron del comité republicano; en algunos casos, los investigadores nunca tienen un panorama claro. También está lejos de quedar claro que la intención original de Rusia era apoyar a Trump, y muchos funcionarios de inteligencia –y exfuncionarios de la campaña de Clinton– creen que el motivo primordial de los rusos era, simplemente, trastocar la campaña y socavar la confianza en la integridad de la votación.

Los rusos estaban tan sorprendidos como todos los demás con la victoria de Trump, dijeron funcionarios de inteligencia. De haber ganado Clinton, creen, se podrían haber utilizado los correos electrónicos que le robaron al comité demócrata y a miembros sénior de la campaña para debilitar su legitimidad. The Washington Post fue el primero en informar sobre la conclusión de los organismos de inteligencia relativa a que Rusia trató de ayudar a Trump.

En sesiones informativas en la Casa Blanca y el Congreso, los funcionarios de inteligencia, incluidos los de la CIA y el Departamento de Seguridad Nacional, han identificado a funcionarios rusos, en lo individual, que ellos creen fueron los responsables. Sin embargo, no se ha castigado públicamente a ninguno.

Es posible que en el ciberpirateo al comité republicano, agentes rusos simplemente estaban minimizando los riesgos. El ataque ocurrió en la primavera, dijeron altos funcionarios, más o menos en la misma época en que un grupo de ciberpiratas que se cree están vinculados al GRU, el organismo militar de inteligencia de Rusia, robó los correos electrónicos de altos funcionarios del Comité Nacional Demócrata. Los organismos de inteligencia creen que los mismos rusos que penetraron al CND y otras organizaciones demócratas realizaron el ciberpirateo contra el CNR.

Se espera que se incluyan las conclusiones sobre el CNR en un informe detallado sobre “las lecciones aprendidas” que Obama ordenó que concentraran los organismos de inteligencia antes de que él abandone el cargo el 20 de enero. El objetivo de dicho informe, en parte, es crear una historia integral del esfuerzo ruso para influir en las elecciones, así como para consolidar las conclusiones de inteligencia antes de que Trump tome posesión de la presidencia.

En repetidas ocasiones, Trump ha expresado dudas sobre la inteligencia que sugiere que un esfuerzo ruso influyó en las elecciones. “No creo que hayan interferido”, le dijo a la revista Time en una entrevista publicada esta semana. Sugirió que los ciberpiratas podían ser de China o que “podría ser algún tipo en su casa, en Nueva Jersey”.

Funcionarios de inteligencia y compañías privadas de ciberseguridad creen que dos ciberunidades rusas piratearon al Comité Nacional Demócrata. Se cree que una de ellas, llamada “Oso amigo” o APT 29, como le dicen algunos expertos occidentales en seguridad, pasó meses dentro de la red computacional del CND, así como de otras instituciones gubernamentales y políticas, pero nunca hizo público ningún documento que sacó. (APT, siglas en inglés para amenaza avanzada y persistente, con lo que, por lo general, se describe a un sofisticado ciberintruso que tiene respaldo del Estado).

Se cree que la otra, controlada por el GRU, conocida como “Oso elegante” o APT 28, creó dos agencias en internet, Guccifer 2.0 y DCLeaks, para hacer públicos los documentos demócratas. Muchos de ellos también se le dieron a WikiLeaks, el cual los publicó durante muchas semanas antes de las elecciones del 8 de noviembre.

El representante republicano por Texas, Michael McCaul, presidente del Comité de Seguridad Interna de la Cámara de Representantes, dijo en CNN, en septiembre, que Rusia había ciberpirateado al CNR, pero retiró rápidamente la aseveración.

McCaul, a quien Trump consideró para secretario de Seguridad Interna, le dijo, en un inicio, a Wolf Blitzer de CNN: “Es importante notar, Wolf, que no solo han ciberpirateado al CND, sino también al CNR”. Agregó que “básicamente, los rusos ciberpiratearon a ambos partidos en el ámbito nacional, y eso nos inquieta a todos por cuáles eran las motivaciones”.

Minutos después, el CNR emitió un boletín en el que negaba que lo hubiesen ciberpirateado. Posteriormente, McCaul dijo que se había expresado mal, pero que era cierto que “agentes políticos republicanos” habían sido el blanco del pirateo ruso. Al igual que republicanos de la élite, sin ningún vínculo con la campaña, incluido el exsecretario de Estado, Colin L. Powell.

Es posible que McCaul haya tenido en mente una colección de más de 200 correos electrónicos de funcionarios y activistas republicanos que aparecieron este año en el sitio web DCLeaks.com. Dicho sitio obtuvo muchísima más atención debido a la gran cantidad de documentos del Partido Demócrata que publicó.

Los mensajes robados a los republicanos han atraído poca atención porque la mayoría son correos electrónicos rutinarios, de negocios, de funcionarios partidistas locales en varios estados, del personal congresal y de activistas.

Los correos electrónicos de Peter W. Smith, quien tiene una firma de capital riesgo en Chicago y ha estado activo desde hace mucho en la investigación de oposición para el Partido Republicano, estuvieron entre los que se publicaron. Contó que no se había dado cuenta de que habían ciberpirateado su correo electrónico hasta que lo buscó un reportero el jueves.

Dijo que cree que su material fue parte de un ciberpirateo al Partido Republicano de Illinois. “No estoy nada molesto”, notó. “Con bastante franqueza, yo trato de que mis comunicados no digan nada que pudiera ser vergonzoso si se hiciera público”.

 

David E. Sanger y Scott Shane/The New York Times

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