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“Civiles contra militares” por Alexis Alzuru

“Civiles contra militares” por Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / @aaalzuru.

Que la lucha es contra generales chavistas, no solo contra Nicolás Maduro, es el resultado que dejaron los recientes cambios de la FANB. Lo relevante es que este giro obliga a la oposición a redefinirse. Basta pensar que cualquier apoyo militar le fue eliminado; ahora las opciones para sustituir al presidente se concentran en el terreno civil con exclusividad. Que la primera línea de defensa del régimen la lleven soldados significa, entre otras cosas, que para algunos sectores de la oposición el sueño militar terminó. También sugiere que cualquier fórmula que se utilice para impulsar la remoción del presidente acarreará un alto costo que el pueblo deberá pagar. Obviamente el precio de algunas recetas será más elevado que el de otras. Por ejemplo, el que tendría que cancelarse por reeditar las guarimbas sería superior al de dialogar y negociar. Además, las revueltas agregarían heridos, muertos y detenidos a la batería de problemas que existen.

La energía con la que algunos recomiendan calentar las calles para que los soldados salgan a encarar al presidente a lo mejor debe reorientarse. En este momento la prioridad es rescatar las instituciones desde las cuales los civiles pueden tomar decisiones, lo que en la práctica se traduce en presionar por la restitución de los diputados que ilegalmente fueron separados de la Asamblea y, por supuesto, realizar las regionales este mismo año. Tampoco hay que perder de vista que desincorporar a los magistrados del TSJ designados mediante fraude y aclarar la nacionalidad de los padres de Maduro son factores que permitirán que los jefes de la oposición se pongan en simetría con los militares.

Hay que resolver un grupo de asuntos de carácter constitucional para fortalecer la capacidad de presión y decisión de quienes adversan al gobierno. En varios de esos problemas la Asamblea ha venido trabajando, pero sigue sin tener éxito. Tal vez la forma de concretar los resultados que se desean es convertir aquellos asuntos en parte de la agenda que debería negociarse con ayuda de la mediación internacional, en el entendido de que el arma que tiene la oposición para conseguir sus objetivos es la negociación y no el conflicto. Después de todo, bastaría conseguir que se negocien algunos de los puntos pendientes para obligar al gobierno a medirse en un revocatorio.

El presidente deberá ser derrotado en la mesa de negociación o con las armas para hacer que el revocatorio se realice, pues los generales que lo tutelan no cederán un milímetro por el hecho de que lo exijan algunos políticos. Tampoco retrocederán por que la población pase hambre, haya muertos o por falta de medicinas. Los cuarteles están casados con el régimen, no con las aspiraciones del pueblo. De hecho, el malestar que había en Fuerte Tiuna resultó un mal cuento que se le vendió a la opinión pública.

Hoy se sabe que los militares solo se rebelan cuando pasan al retiro dorado que los trabajadores les financian con sus impuestos. En pantuflas algunos se muestran polémicos y hasta amenazan con participar en una nueva revolución, pero mientras están activos juran fidelidad al presidente cada vez que algún sargento cubano se los exige, lo cual se explica no solo porque han obtenido cuantiosos beneficios por defender a Maduro, sino porque comparten la visión hegemónica que Hugo Chávez tenía del poder y de su proyecto.

Julio ha permitido mostrar que todas las alternativas que están sobre la mesa para sustituir a Maduro son inciertas, resbalosas. Sin embargo, la oposición tiene mayores probabilidades de conseguir la revocatoria del gobierno a través de una negociación política que mediante la confrontación abierta contra aquellos que hoy monopolizan las armas.

El Nacional, 16 de julio de 2016

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