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Curiosas similitudes entre el referendo del 2004 y el referendo del 2016

Curiosas similitudes entre el referendo del 2004 y el referendo del 2016


Cuando se repasa la historia electoral de Venezuela de los últimos 12 años, resulta curioso descubrir las constantes en el forcejeo entre el Poder Ejecutivo, el Poder Electoral y la oposición, hoy agrupada en la denominada MUD. Más específicamente, en la repetición de los mismos trucos del Consejo Nacional Electoral de entonces para retardar en 2016 la convocatoria al referendo revocatorio presidencial.

Desde el mismo momento en que la MUD asumió su mayoría parlamentaria el 5 de enero de este año, su presidente, Henry Ramos Allup, anunció que lucharían por desplazar del poder al presidente Nicolás Maduro Moros. Comenzó las gestiones frente al árbitro electoral y el 26 de abril el CNE anunció la entrega de los formularios de recolección de las firmas para promover la activación del referendo revocatorio presidencial.  

Pocos días después, la oposición venezolana inició la recaudación de firmas, lo que era apenas el primer escalón de un largo proceso legal que  conduciría a la activación del revocatorio.  

El 10 de junio, un mes después de que la MUD entregara un millón 957 mil 779  rúbricas, Lucena informa a la opinión pública que se anularon, por distintas “irregularidades”, 605 mil 727 rúbricas. Anormalidades, alegó el ente comicial, que van desde la falta de datos en las planillas hasta la existencia de firmas de personas fallecidas. 

El resultado de esa auditoría obligaba a la oposición a validar un total de 1 millón 352 mil 052 registros que fueron verificados exitosamente por el órgano electoral. Para ello, el CNE le dio un plazo a la MUD de una semana, del 20 al 24 de junio, para lo cual activó 128 puntos, con una distribución que ignoraba a municipios claramente opositores como Baruta y Chacao, y los validantes tenían que desplazarse a lugares remotos del estado Miranda para no colapsar los pocos centros con máquinas captahuellas.

Finalmente, en una carrera contra el tiempo y contra toda clase de obstáculos, más de 400 mil firmas fueron validadas y ahora habrá que esperar hasta el 26 de julio para que el CNE anuncie su auditoría y convoque a la cuarta etapa del proceso que consiste en la recolección directa del 20 por ciento del padrón electoral.

Hace más de 10 años el destacado periodista argentino Andrés Oppenheimer lanzó al mercado un libro de crónicas (Cuentos chinos) en el que incluía un resumen del proceso de referendo revocatorio del 2004 contra el extinto expresidente Hugo Chávez, donde con lujo de detalles se puede leer una historia menuda, casi calcada de lo que hoy ocurre en Venezuela.

Allí Oppenheimer recopila minuciosamente los mismos trucos que el 2016 El CNE repite, junto con el Gobierno, para retrasar e impedir el referendo revocatorio contra el presidente Maduro. El siguiente es un fragmento de  la reseña del periodista argentino.

“Luego de que la oposición organizó el “firmazo” en 2003 y juntó más de 3 millones de firmas –muchas más de las 2.400.000 que necesitaba- en formularios impresos por el Estado, el Gobierno cambió retroactivamente los requisitos para que las firmas fueran válidas, inhabilitando alrededor de 1 millón de firmas, y adujo que no se había llegado al número necesario para la realización de un referendo. En mayo de 2004, tras una ola de protestas y bajo presión del Centro Carter y la OEA el Consejo Nacional Electoral, dominado por simpatizantes chavistas, accedió a permitir la verificación, una por una, del casi un millón de firmas que había invalidado anteriormente.

El Gobierno puso todo tipo de trabas: Limitó el número de formularios, centros de votación, y los días y horas en que los opositores podían firmar, y anunció 38 nuevos criterios con los cuales las firmas podían ser invalidas. Paralelamente, el Gobierno hizo saber a través de sus voceros en la televisión estatal que examinaría detenidamente la lista de quienes habían firmado el petitorio para el referendo, y que ni los empleados gubernamentales ni los empresarios firmantes que tenían negocios con el Estado podían esperar que el Gobierno los siguiera tratando como hasta entonces. En otras palabras, habría represalias contra los firmantes. Y mientras aparecían en la prensa las primeras denuncias de despidos arbitrarios de opositores que habían firmado el petitorio, el Gobierno anunció que los “arrepentidos” podían firmar un nuevo formulario exigiendo ser retirados de la lista. Sin embargo, la oposición volvió a juntar las firmas, y aun después de que el Gobierno invalidara cientos de miles, sobrepasó ampliamente el número requerido para convocar el referendo. EL Consejo Nacional Electoral no tuvo más remedio que llamar al referendo para el 15 de agosto de ese año”.

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