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Con sus trampas el gobierno perdió la confianza de los venezolanos

Con sus trampas el gobierno perdió la confianza de los venezolanos


Las trampas funcionan cuando logran sorprender a los incautos. Pero esos incautos, luego de caer varias veces, se vuelven incrédulos y precavidos.

A pesar de que los humanos son los animales que tropiezan más de una vez con una piedra, según reza un viejo adagio, puede ser que algunos vuelvan a caer varias veces. Lo que ocurre por terquedad, descuido o falta de inteligencia. Sin embargo, la gran mayoría aprende la lección y se cuida de no volver a pisar la trampa.

La actitud de estos precavidos es lo que expresa otro dicho popular venezolano: quedaron picados de culebra. En alusión a que quien transita un camino donde le picó una culebra, por lo general no vuelve a pasar por ese camino.

Con el gobierno de Nicolás Maduro, que es la continuación del régimen del expresidente Hugo Chávez, ocurre lo mismo.

Las promesas electorales del chavismo, repetidas elección tras elección y cadena tras cadena, ya no enamoran a los venezolanos; por lo menos a la mayoría. Aunque existe un grupo, de no más 2 venezolanos de cada 10, que de manera atípica -e inexplicable para el resto de la población- lo sigue apoyando.

Pero hay otras trampas que este gobierno suele repetir, y que igualmente ya no son pisadas por los venezolanos. Tales son los casos de las triquiñuelas institucionales de las cuatro rectoras del Consejo Nacional Electoral, y del más alto tribunal del país.

Otras trampas a las que suele recurrir el gobierno, están referidas a dos temas muy significativos: los llamados a la paz de la nación, y el cacareado llamado al diálogo. Ambas son especulaciones de la retórica presidencial.

Luego de 17 años de represión y criminalización de la disidencia, el llamado a la paz y al diálogo son temas difíciles de tragar para los venezolanos.

Las olas represivas, en cada una de sus versiones y momentos, echan por la borda esos vacíos de contenido. Basta que el presidente hable de la paz, para que las cárceles y los tribunales se llenen de opositores.

Otro tanto ocurre con el diálogo. Si partimos del hecho, de que los términos de la Constitución no son dialogables, alguien debería explicar porqué hay que ir a negociar a Miraflores la realización de un referendo revocatorio, o la separación de los poderes, o el respecto a la inmunidad de los parlamentarios, o la libertad de prensa y expresión, entre otros derechos de los venezolanos.

Un diálogo, una negociación, sería lo que esperarían los ciudadanos para resolver los graves problemas del país. Lo que en un sistema democrático se sucede en virtud de la cooperación entre poderes, en lo que sería una expresión de la “cohabitación”, cuando el parlamento está en manos de un grupo opositor al gobierno.

En Venezuela, de acuerdo al proceder del gobierno del presidente Maduro, la cohabitación no es posible ni aceptable. Esto a pesar de que la oposición controla las dos terceras partes de los votos del parlamento.

En ese no reconocimiento a la mayoría parlamentaria, el gobierno no se cuida de mostrar la manipulación que hace del poder judicial. Lo que exhibe sin ambigüedades la ausencia de separación entre el poder Ejecutivo y el judicial.

En casi 9 meses del período legislativo, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ha anulado cada una de las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional (AN).

Pero el gobierno no se ha contentado con esto, puesto que ha logrado que el TSJ en su sala constitucional, vaya aún más allá eliminando competencias de la AN –sobre todo las de control-, traspasándolas al poder Ejecutivo y, apadrinando como “legales” casi con rango de Ley, decisiones del gobierno.

En otras de las trampas, el gobierno ha logrado convertir la retórica presidencial en un fin en si mismo. Es decir, se anuncian logros o políticas carentes de contenido, al presentar situaciones que solo son reales en la mente de quien escribe los discursos o notas de prensa.

Todas estas trampas tienen un precio para la confianza en el gobierno: Nadie les cree. así lo refeljan todos los sodeos de opinión, incluyendo los que ordena el propio gobierno.

Por ello empieza a ser impensable de que el gobierno, con el auxilio de esos dos poderes que actúan a su discreción –el CNE y el TSJ- deje que se realicen en este año tanto la elección de gobernadores como el referendo revocatorio presidencial.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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