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Corrupción y la falta de dinero “aguó” las misiones sociales

Corrupción y la falta de dinero “aguó” las misiones sociales


Las Misiones del llamado “Socialismo del siglo XXI” fueron políticas públicas de proteccionismo a los desvalidos que se transformaron en un mecanismo de control institucional, político y social para captar votos y evitar alejarse del poder. Sin embargo, la corrupción y los bajos precios del petróleo han hecho que a muchas se les “cierre el chorro” y queden ocho.

Esta realidad es descrita por Manuel Roa, politólogo, como una “muerte anunciada por falta de sostenibilidad”. Explica que la baja en el precio del crudo -desde el 2014- puso las misiones en “debacle”, pues fueron medios concebidos para “realizar una asistencia coyuntural en áreas puntuales pero no se generaron como una estructura perdurable”.

Desde 2003, 50 “misiones sociales” han sido creadas. Unas se han olvidado, varias cambiaron de nombre, y otras se fusionaron; pero, según Roa, por más de 18 años han sido la “base fundamental” de las políticas aplicadas por parte de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, las cuales se han dedicado a atender los problemas de educación, salud, alimentación y vivienda.

Nacimiento. Las misiones se consolidan como una estrategia “política electoral”, refiere Rafael Arreaza, politólogo.

Luego del referendo revocatorio de 2004, el entonces presidente de la República, Hugo Chávez impulsó a su tren ministerial a robustecer las misiones con el fin de que fuese un mecanismo de persuasión para influir en su reelección presidencial del 2006. Luego de esa cita electoral, Chávez les otorga estructura y financiamiento a través de una partida del presupuesto ordinario la cual recibió el nombre de Programa Social Especial.

Entre 2003 y 2004 se crearon 13 misiones -todas con el apoyo del gobierno cubano-. La primera fue Barrio Adentro (en torno a la salud), luego Robinson, Ribas, y Sucre (alfabetización, educación media y universitaria ), Milagro (oftalmología), Mercal (abastecimiento y acceso asequible a alimentos), Vuelvan Caras (capacitación de jóvenes desempleados, y Hábitat (construcción y adjudicación de viviendas).
La lista continúa con: Miranda (captación de reservistas) e Identidad (cedulación de venezolanos y extranjeros residenciados para participar en eventos electorales).

Entre 2006 y 2008 se abre paso a una nueva generación de misiones: Negra Hipólita (para personas en situación de calle); Madres del Barrio (ayudas para mujeres solteras en situación de pobreza y con hijos), José Gregorio Hernández (enfocada en ayudar a las personas con discapacidad), Villanueva (sustitución de ranchos por casas), Alma Mater (creación de centros de educación superior); Ché Guevara (capacitación ideológica de trabajadores), la cual sustituyó a Vuelvan Caras en 2004; por último, la 13 de Abril (creación de las comunas socialistas).

A partir de 2011 y 2012, algunas se esfumaron con el viento y otras fueron relanzadas, dando origen a las “Grandes Misiones”: Vivienda Venezuela, Saber y Trabajo, Hijos de Venezuela, Amor Mayor y Nevado.

Auge. Hasta 2015, según declaraciones de la entonces vicepresidenta para el Área Social, Yadira Córdova, más de 20 millones de venezolanos habían sido beneficiados por alguna misión social.
Un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) documenta que en 1998, 28,9% de los hogares venezolanos se encontraban en situación de pobreza, y para 2013 bajaron a 19,6%. Los de pobreza extrema eran 10,8% y ese año se ubicaron en 5,5%. En el país las misiones se conjugaron como “una excelente estrategia política de comprar votos a cambio de cubrir las necesidades de los más necesitados”, explica Magaly Huggins, psicóloga social.

Las mismas habían calado tanto en la fibra del venezolano humilde como en los no tan empobrecidos, que por esa razón, en noviembre de 2014, la Asamblea Nacional decide darles piso político y aprueba la Ley Orgánica de Misiones, Grandes Misiones y MicroMisiones.

Además de obtener rango, valor y fuerza de ley, las misiones absorbieron gran parte de los ingresos de Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa), pues un informe anual de la empresa de 2013 revela que esta aportó 23 mil millones de dólares a las políticas sociales, que hasta ese año la inversión social fue de 62,5%. Según cifras de Transparencia Venezuela entre 1999 y 2009 los ingresos fiscales se ubicaron en 60,6%.

Huggins enumera que la principal razón por la cual el venezolano “de a pie” sintió tanto apego por las misiones fue que por fin se “sintió reconocido”, y además creó en sí mismo un síndrome de “vagancia y facilismo”. “Tenías alimento casi gratuito, un doctor al lado de tu casa, te arreglaban tu casa sin pagar; educación sin complejidad y te pagaban por ello”.

Caída. De las 50 “políticas sociales” quedan hoy vigentes las denominadas “grandes misiones”, además de Barrio Nuevo Tricolor, todas las educativas, Barrio Adentro, Abastecimiento Soberano, AgroVenezuela, Hijos de mi Pueblo y Milagro.

Manuel Roa afirma que la idea de Chávez fue “lancemos el sistema de misiones para captar votos, beneficiamos y nos beneficiamos; pero a pesar de 15 años en el transitar nunca se coordinaron con las instituciones existentes”, como los CDI con el sistema de hospitales públicos, o la Misión Sucre con las universidades públicas.

El politólogo dice que un sistema que “no tenga una estructura no permanece en el tiempo” y aunque fue una idea “extraordinaria” porque se debe atender al sector popular “no se hizo un viraje en su concepción” y eso contribuyó a que con la baja en los precios del petróleo “no existiera medio alguno de financiación y se tiraran al piso los éxitos conseguidos”.

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