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Crisis no deja recursos para vacaciones familiares 

Crisis no deja recursos para vacaciones familiares 


Compra de alimentos, medicinas y pagos de servicios cobran mayor importancia

En los 25 años que tiene Antonio Rico removiendo los rastrojos de algas  que forran la bahía de Los Totumos, en Higuerote, 2016, afirma sin ademanes,  tiene la flaqueza del ser el más desolado: hay pocos turistas en la costa y  son exiguos los ingresos por ventas de comida, bienes y servicios.

Ya adentrada la temporada vacacional, admiten los comerciantes del municipio Brión, uno de los más concurridos de Miranda, es poco el provecho económico que han podido capitalizar de un asueto que goza de plenitud, pero ha sido relegado por familias enteras que han descartado sus acostumbrados viajes a la playa para fijar su prioridad en la búsqueda y compra de alimentos, medicinas y pagos de servicios.

En las playas de Vargas y las costas de Miranda, que en otros tiempos eran los sitios más visitados, después de Morrocoy, Anzoátegui y Margarita, la temporada transcurre con desmayo, según Conseturismo.

Carmen Birriel vive de vender conservas de coco en las playas de Higuerote y es poco entusiasta al admitir que las vacaciones familiares dejaron de ser una diversión y han cobrado un sentido fastuoso. “Venir a la playa, comerse un pecado a la orilla del mar cuesta unos reales”, dice, mientras se resguarda del sol en una palmera. Es más de mediodía y aún no ha logrado vender su primera conserva. “Estamos arruinados”, suelta conmovida.

Las sillas despobladas, las sombrillas batidas por la brisa y los toldos recogidos hacen que el lugar cobre un aspecto de quietud que languidece el turismo entre semana y que, a juicio de  los quiosqueros, persiste los sábados y domingos, días sobre los cuales han depositado todas sus energías.

“Aquí no hay vida”, sentencia la comerciante Gloria Duque. “Todo ha cambiado. La gente solo quiere comer y salir de sus deudas. La prioridad es el día”, insiste en un intento personal por desgranar la crisis que embiste el turismo nacional y ha obligado a las familiar a reinventarse para vacacionar con pocos recursos.

Carolina Gordillo es turistas y vine de Caracas. Dice que ha bajado a Higuerote para no perder la costumbre. Por dos días de playa calcula que se requiere al menos 100 mil bolívares y manifiesta ser conservadora con la suma. Su madre, Carmen Berazmede, busca sacar provecho al paseo. Lleva consigo al menos una decena de trajes de baño que espera vender, pero al igual que los comerciantes de la zona, se le torna cuesta arriba. Camina la playa de manera exhaustiva pero no hay quien le compre. “Está dura la cosa”.

Elizabeth Patiño asegura que pese a la coyuntura hay familias que han decidido recortar sus vacaciones para procurarse  al menos un fin de semana de diversión. “Quienes tienen por costumbre viajar y hacer turismo buscarán la manera de salir”, comenta. Una posibilidad que para Ruperto Macías solo se circunsbribe fronteras adentros. “La crisis no me permite volver a Los Roques”.

De las 47 habitaciones que posee el Hotel Barlovento, el más famoso de la subregión, menos de 10 estaban ocupadas hasta el jueves. De los 60 u 80 toldos al día que alquilaba Antonio Rico, en Los Totumos, en el mejor de los casos alcanza a rentar 18. “Estamos consternados porque hemos hecho todo un esfuerzo para atender a gente que no llega”, agrega, mientras ratrea con la mirada el espectro del turismo extranjero. “Ya no vienen como antes”, asevera.

Victoria Escalona, de San Antonio, relata que en lugar de ir a Falcón, como solían hacerlos los últimos años, irán a La Guaira el último fin de semana de agosto. “Es más barato”.

José Yapur, presidente de Conseturismo, explica que se trata de un comportamiento ajeno a los costos, pues destaca que Venezuela tiene los precios más bajos de la región. “Para los venezolanos viajar ya no es la prioridad de otras épocas. Antes, las familias entendía que había que tomarse unos días para cargarse las pilas, pero ahora es distintos”, afirma.

Indicó que se trata de un quebranto económico, que evidencian desde 2014, pero que ha venido agravándose desde junio de 2015 y produjo sus mayores secuelas en febrero de este año, cuando registraron una caída de 40% en la ocupación hotelera y de 50% en los servicios turísticos en la temporada de Semana Santa. En carnavales Miranda registró una baja de 40% en la actividad turística al recibir 144 mil visitantes menos, en comparación con el año anterior, según Turismo Miranda.

La poca oferta de servicios y el intenso plan de racionamiento, que sometió a muchos hoteles a una dieta eléctrica de nueve horas diarias, produjo una regresión en el turismo, advierte el gremio. Un reciente estudio elaborado por Conseturismo estima que una familia de cuatro integrantes, dos adultos y dos niños, debe destinar entre 40 y 50 mil bolívares diarios a la compra de comida, lo cual no incluye refrigerios, toldos ni alojamiento, servicios que suman otro monto similar.

“Se requieren al menos 450 mil bolívares para que una familia de cuatro integrantes pueda vacacionar cinco días”, dice Yapur. En torno a sus expectativas, el gremio espera que se produzcan reacciones de última hora, lo cual podría mejorar el panorama.

El estudio sobre Condiciones de Vida en Venezuela destaca que 73% de los hogares y 76% de los venezolanos, lo que equivale a más de  23 millones de habitantes, están en situación de pobreza. El empobrecimiento masivo, señala el capítulo “Pobreza”, hizo que grupos que antes no eran pobres lo sean hoy. “Los hogares en situación de pobreza aumentaron 53% en un año. La pobreza extrema se duplicó y la mitad de los no pobres pasaron a ser pobres en 2015”, concluyen en la investigación la UCV, USB y UCAB.

Radiografía

  • Para el asueto autoridades de La Bandera habían previsto el éxodo de un millón 900 mil pasajeros por esa terminal. A juzgar por la poca afluencia de viajeros, se trata de una meta que luce cuesta arriba.
  • El presidente de Conseturismo, José Yapur, advierte que por primera vez el sector se niega a dar cifras. Y tilda la situación de delicada. Explica que la movilización de personas no necesariamente se traduce en ocupación hotelera ni consumo de servicios.
  • De acuerdo con cifras del Ministerio de Turismo, en las vacaciones de 2015 se movilizaron 12.542.842 personas, 15,84% más que en 2014. Y más de 7 millones pernoctaron en sus destinos. El estado Vargas fue la primera opción al recibir 1.713.765 turistas. Le siguen Falcón, con 1.532.925, y Miranda, con 1.224.070. Ese año la actividad turística generó un ingreso de 84.418 millones de bolívares, 33.262 millones más que en 2014, según la cartera de Turismo.
  • Ese mismo año 195.505 venezolanos vacacionaron en otros países, lo que significó un incremento de 1,32%. Extraoficialmente algunos sectores alertan sobre una baja en el número de salidas por la crisis que ha provocado el cierre de aerolíneas en el país.
  •  9 personas fallecidas, 58 lesionados, 39 accidentes de tránsito, 57 atenciones prehospitalarias y 10 incendios reportó hasta el viernes el Plan Vacaciones Seguras 2016 en Miranda, cuya gobernación desplegó  3.473 funcionarios.
  • Artesanos hace un esfuerzo para ofrecer productos en un asueto que califican de “fantasma”. A dos semanas del cierre de la temporada alta, el sector hotelero espera que se produzca una reacción de última hora que permita salvaguardar algunas inversiones aisladas en bienes y servicios

En cifras

15 mil bolívares, en promedio, requiere una familia de cuatro integrantes para almorzar en la playa; 66,44% del sueldo mínimo que entrará en vigencia a partir del 1 de septiembre (Bs 22.576,60)

mil bolívares cuesta alquilar un toldo en Higuerote; un traje de baño femenino 10 mil y entre 9 y 17 mil una noche en un hotel, según su ubicación. La coyuntura económica ha hecho que muchas familias resten importancia a las vacaciones.

EL UNIVERSAL

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