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Crónicas de la pobreza: El último aumento de salario mínimo lo sumó al ejército de parias

Crónicas de la pobreza: El último aumento de salario mínimo lo sumó al ejército de parias


Es temprano, apenas son las 8.00 de la mañana, pero su ropita ya está curtida. Tiene apenas cuatro añitos y agachada con un carrito de plástico en la mano, ve cómo su padre revisa bolsas de basura buscando la manera de llevar algo para su hogar. La inocencia en su carita es notoria y a su padre “le parte el alma” saber que su pequeña lo observa.

Jerzy Agüero tiene 24 años y reside en las tuberías. Hace dos meses fue despedido de su trabajo en Cabimas, luego de los rumores de aumento de sueldo decretado por el Ejecutivo. De allí en adelante todo cambió, pasó a lavar carros, después a hurgar la basura y tocar las puertas de las casas en busca de comida.

Asegura que es primera vez que su niña lo acompaña en el recorrido por los basureros de la ciudad. Comenta que busca latas, cables, objetos de valor e incluso ha conseguido dinero. “No hemos comido de la basura. Todo esto lo hago por necesidad y me da mucha pena, pero qué más hago si no consigo trabajo”.

Incertidumbre 

Mientras Jerzy revisa cuatro bolsas negras en la prolongación de la Circunvalación 2, tres personas se acercan a su pequeña y le ofrecen café con leche, panes, caraotas y plátanos. Sentada en la acera, frente a la mirada de ciertas personas que se desplazan en sus vehículos, devora bocado a bocado la comida.

El zuliano hace un repaso por su vida y afirma que se graduó de bachiller en 2010 y vive con su esposa, que se desempeña como ama de casa. Su día inicia a las 6.20 de la mañana y por más de seis horas recorre la ciudad en busca de un sustento para su hogar. “A veces pasa gente que conozco y me tapo para que no me vean. Casi siempre salgo solo porque no me gusta que mi niña me vea en esto. Mi esposa me pide que nos cuidemos”.

Para él, cada día es diferente y -aunque a veces comen tres veces- hay otros en los que solo un plato de comida les acompaña en el estómago. “Mi esposa colabora y siempre buscamos resolverle a la niña. Los vecinos nos regalan comida y a veces pedimos en las casas. Cuando sabemos que en el colegio no hay, se nos hace muy difícil enviarla”.

Más allá de la pena 

El sociólogo Ender Arenas explica que la sociedad observa este tipo de actividades desde diferentes ópticas. Según él, unos pueden llegar a sentir lástima, indiferencia, rechazo o enojo. “El sentimiento es diverso. Las personas que hurgan en la basura pueden sentir mucha pena o pasar por alto el qué dirán. Pueden existir problemas psicológicos o psiquiátricos, tanto en la persona que busca en los desechos como en su familia”.

Arenas agrega que las consecuencias que trae el buscar alimentos en la basura o que esta sea la fuente de ingreso familiar, son graves. “Las personas sienten desespero, angustia, preocupación o rabias y podrían recurrir a otras maneras de conseguir alimentos y dinero, de una forma que viole la ley en busca de resolver su situación. Los niños pueden llegar a tener muchas dudas y percepciones de por qué sus padres hacen esto”.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), en su informe de 2016, reveló que durante el año pasado persistió el desempleo entre los jóvenes y la inestabilidad del empleo. Jerzy dice no buscar problemas con nadie. En algunos pasajes de la vida, personas bondadosas que detienen sus vehículos y le echan una mano. Sus necesidades y el hambre están allí, al igual que su inocente pequeña. Por ahora la basura es el sustento y aunque de esta sobre mucho, el presente suyo y el de su familia, es igual de incierto que su futuro.

Francisco Rincón/La Verdad

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