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Cubanos temen el regreso de los “alumbrones” por la crisis en Venezuela

Cubanos temen el regreso de los “alumbrones” por la crisis en Venezuela


Durante la crisis económica de principios de los noventa, los cortes de electricidad en La Habana eran tan habituales que los cubanos llamaban “alumbrones” a los escasos momentos en que tenían electricidad.

Ahora, las perspectivas económicas no son buenas. La crisis de Venezuela, su principal socio, y las advertencias del gobierno a la población para que ahorre energía empiezan a despertar antiguos temores entre los cubanos, que temen un regreso de aquellos días en los que tenían que iluminar los salones con lámparas de aceite y caminaban o recorrían kilómetros en bicicleta para llegar al trabajo porque no había gasolina.

Durante un discurso ante el parlamento la semana pasada, el ministro de Economía cubano, Marino Murillo, dijo que el país tendría que reducir el consumo de petróleo en casi un tercio durante la segunda mitad del año. También reducirán las inversiones del Estado y las importaciones. Sus declaraciones, en una sesión a puertas cerradas, se hicieron públicas el sábado a través de los medios de comunicación estatales.

La economía cubana sólo creció un 1 por ciento durante la primera mitad del año en comparación con el 4 por ciento del año pasado. Según Murillo se debe a la disminución de las exportaciones y de suministro de petróleo a la isla.

“Esto nos ha puesto en una situación económica tensa”, dijo. Según sus autoridades, los bajos precios del petróleo y el níquel, y una débil cosecha de azúcar han contribuido a los problemas de Cuba. La agonía económica de Venezuela ha llevado a muchos cubanos a preguntarse cuánto tiempo más podrá seguir suministrando a la isla. Sobre todo si cae el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Esos temores aumentaron la semana pasada después de que Murillo advirtiera sobre apagones y le pidiera a los trabajadores estatales que limitaran sus horas de trabajo y redujeran el consumo de energía.

Cubans sit around a monument sit by car headlights during a blackout in Havana on September 9, 2012. Some six provinces in the country experienced the blackout, with only centers popular with tourists with a dedicated electric supply remaining with light.      AFP PHOTO/ADALBERTO ROQUE

Cubans sit around a monument sit by car headlights during a blackout in Havana on September 9, 2012. Some six provinces in the country experienced the blackout, with only centers popular with tourists with a dedicated electric supply remaining with light. AFP PHOTO/ADALBERTO ROQUE

“Todos sabemos que el petróleo de Venezuela mantiene las luces encendidas”, dijo Regina Coyula, una bloguera que trabajó muchos años para la seguridad del Estado. “La gente está convencida de que si cae Maduro habrá apagones”.

El presidente cubano, Raúl Castro, reconoció que existían temores pero dijo que eran infundados. “Hay especulaciones y rumores de un colapso inminente de la economía y un regreso a la situación crítica del ‘periodo especial’”, dijo Castro en un discurso ante el parlamento, haciendo referencia a los noventa, cuando Cuba perdió miles de millones de dólares de ayuda soviética.

“No negamos que habrá consecuencias negativas”, añadió. “Pero estamos en mejores condiciones que en ese entonces para afrontarlo”. Mark Entwistle, quien fue embajador de Canadá en Cuba durante el ‘periodo especial’, dijo que pese a su dependencia del petróleo venezolano, la economía de la isla hoy es más sofisticada y está más diversificada de lo que lo estaba durante el colapso de la Unión Soviética.

Además, dijo, Cuba “tiene esa fenomenal capacidad social y económica para adaptarse a cambios críticos”. En un discurso inusualmente tajante ante varios periodistas, Karina Marrón, subdirectora de Granma, el periódico oficial del Partido Comunista, advirtió del riesgo de protestas como las de agosto de 1994, cuando cientos de cubanos salieron a las calles de la capital durante varias horas.

“Estamos creando la tormenta perfecta”, dijo, según una transcripción de su discurso que se publicó en varios blogs. Y añadió: “Señores, este país no puede asumir otro 93 u otro 94”. Un estudiante de arte de 29 años, Herbert Delgado-Rodríguez, recordó que su madre cocinaba con carbón en los noventa.

“No sé si llegaremos al punto de salir a las calles”, dijo. De todos modos, agregó, “los cubanos no tolerarán la extraordinaria dureza a la que nos enfrentamos en los noventa”. Una mujer que trabaja en un banco dijo que se les ha pedido a los empleados que usen el aire acondicionado durante solo dos horas y que trabajen solo la mitad de la jornada. La gasolina de los autos oficiales se ha reducido a la mitad. Un profesor de una universidad dijo que le habían dado un ventilador y que le han pedido que trabajara en casa cuando pueda.

José González, dueño de una pequeña cafetería en el casco viejo de La Habana, fue más optimista: “Raúl nos está pidiendo que cortemos cualquier consumo innecesario, eso es todo”, dijo. Cree que hablar de otro periodo especial es “un montón de especulación”.

A partir de un acuerdo firmado en el 2000, Venezuela suministra a Cuba unos 80.000 barriles de petróleo al día, un trato por un valor de 1300 millones de dólares, dijo Jorge Piñón, experto en energía en la Universidad de Texas. A cambio, Cuba envía miles de especialistas, sobre todo médicos, a Venezuela.

A fines de la semana pasada, Castro dijo que había “cierta reducción” de ese suministro de petróleo. Pero el tamaño de esta reducción no está claro. Reuters ha informado que los cargamentos de crudo a Cuba han disminuido hasta en un 40 por ciento en la primera mitad del año.

Si Venezuela detiene las exportaciones de petróleo a Cuba, no necesariamente se va a producir una crisis política, dijeron expertos y blogueros. Estados Unidos podría ofrecer ayuda para prevenir la inestabilidad o un éxodo masivo de cubanos desesperados. Para Entwistle, el gobierno cubano podría acelerar las reformas y abrir la puerta a más inversión extranjera. “Extrapolar consecuencias políticas graves no es prudente”, dijo Entwistle, y añadió: “Hay muchas palancas que mover”.

The New York Times

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