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“Daños ocultos”, por Ysaira Villamizar

“Daños ocultos”, por Ysaira Villamizar


En cada evento, reunión o foro en donde se expone el proyecto que las fuerzas democráticas le proponen al país, aparece la interrogante de cómo se podrán reparar los daños que en la conciencia del pueblo se ha provocado durante los más de quince años de este gobierno. Se refiere a algo más allá de las consecuencias socioeconómicas que padecemos diariamente los venezolanos. Hay una angustia por el presente y por el futuro que se manifiesta en el día a día. ¿Cómo superar las desuniones, los odios, incluso entre familias, generados y estimulados por un discurso oficial agresivo, guerrerista, sectario y un estilo de gobierno que divide a la gente entre “revolucionarios” y “escuálidos” para acceder o no a los derechos garantizados en la constitución nacional?.

Estamos hablando de “daños ocultos” para utilizar el lenguaje de los aseguradores de vehículos, a daños que no se ven exteriormente cuando se ha producido un choque, un volcamiento, es decir, un siniestro,  pero que aparecen luego, cuando se hace la revisión más detallada del automóvil. Como decíamos anteriormente, son daños que están en la conciencia de la gente, en sus conductas, en sus psiquis, en la evaluación íntima que cada quien asume como experiencia de lo que nos ha estado ocurriendo como nación. Por ejemplo, en muchos jóvenes, -nos consta, no lo imaginamos-, cada vez que oyen la consigna “así es que se gobierna”, parece que transmitieran a su subconsciente  la idea de que la acción correcta de gobierno es aquella asociada a conductas contrarias a los derechos humanos y a la sana convivencia: la persecución a la disidencia, la criminalización de la protesta, al trato despectivo y discriminatorio contra quienes piensan diferente a la línea oficial, al pensamiento oficial, a la historia oficial. Es eso lo que se presenta como modelo de gobierno, generalmente cuando el Presidente anuncia medidas contra la oposición a la cual infructuosamente achaca el origen de los males pasados, presentes y futuros.

Hoy, socialismo es sinónimo de improductividad, burocratismo, anarquía, desorden, corrupción, total incapacidad para garantizar el funcionamiento normal de la institucionalidad, de la economía del país con sus secuelas de inflación, escasez, pérdida de poder adquisitivo. Muchos venezolanos verán con tristeza a donde fue a parar tanto sacrificio del pasado y del presente por ver un país libre, productivo y autónomo. A mucha gente se le hace daño, puesto que se les está reafirmando erróneamente, ahora más que nunca que practicar la política es mentir, ser deshonesto, practicar el ventajismo derivado del manejo abusador del cargo público que se tiene o vivir del gobierno aprovechando los recursos de la nación porque no se puede ser un pend….o, o ingenuo para estar “donde hay” y no aprovechar. Actuar en contrario es “no entender, es no saber, es no ser político”. Ése es el modelaje ofrecido, es lo que la gente ve, es lo que vive, despojando así a la POLÎTICA de toda virtud y nobleza, de toda condición humana y humanista.

El daño oculto también se manifiesta en esa especie de apatía, indiferencia y sensación que invade a un sector de la población que siente que nada o poco se puede hacer para cambiar lo que nos ocurre como país porque el pueblo se está acostumbrando a sobrevivir y no a buscar mejores destinos para sus hijos o nietos. El daño oculto está en que la gente vive atemorizada y ya no vive en paz, teme ser víctima de la criminalidad, de la trampa, del engaño, de la exclusión o la persecución; también siente como el grupo social al que pertenece se fracciona y se divide. Hay un daño aún más sofisticado. Es el originado por la intención de borrar la identidad histórica pretendiendo hacer pensar que nada de lo vivido hasta hace algunos años valió la pena, que aquí lo único importante es lo que ha realizado este extraño proceso político.

Es parte del drama que viven los venezolanos de cara al futuro; futuro que nos exige con apremiante urgencia dar el giro que nos garantice la cultura pública necesaria para permitir que en éste, nuestro hermoso país, vuelva a reinar la tolerancia, la convivencia, el reencuentro, la solidaridad, en fin, aquellos valores que nos unen como humanos, como venezolanos, como familia. Es una tarea que requiere un gran modelaje, el que recibimos de nuestros padres, de nuestros maestros, de nuestra iglesia, y, muy especialmente, de nuestros gobernantes. El pueblo sigue a sus líderes y por ello, los imita. Es hora de recrear la cultura pública. Basta de daños. Es hora de sanación. Es hora de cambios.

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