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“De los tumbos al diálogo” por Elías Pino Iturrieta

“De los tumbos al diálogo” por  Elías Pino Iturrieta


 Elías Pino Iturrieta / @eliaspino.

Parece que cesarán los tumbos efectuados por la oposición en dirección afortunada. Un movimiento social que se ha hecho presente masivamente, pero también el crecimiento de una sensibilidad orientada a los cambios que se siente en todos los rincones y se respira en todos los ámbitos, conduce a una primera desembocadura cuyo destino es la culminación de una conducta relativamente coherente de los partidos políticos para que se inicie un proyecto de mayor consistencia que puede conducir a la solución de la crisis política. De la presencia excepcional de las masas se puede valer la dirigencia de la MUD, ahora sí, para sentarse con los voceros del régimen a mover las piezas en un tablero cuyo destino es un acuerdo que permita el restablecimiento de la democracia representativa.

Las vacilaciones del pasado reciente eran inevitables, porque dependían de un capital escurridizo que no podía insuflar movimiento permanente al mercado político. La MUD dependía de una plata que no tenía en caja y que el pueblo le prestaba cuando quería. No era una oferta permanente. La gente se mostraba generosa solo en ocasiones, para cerrar la hucha de sus pocas ilusiones en espera de una mejor oportunidad que apenas se asomaba cuando soplaba buen viento. Los líderes sacaron las cuentas de una inopia que parecía crónica, de una carencia de posibilidades que trababa sus movimientos hasta la proximidad de la hemiplejia, e hicieron un trabajo más constante de acercamiento a sus destinatarios, una comunicación más efectiva; un activismo que buscó oxígeno en las frustraciones pertinaces y en las ilusiones morosas, hasta acumular una fuerza digna de consideración, o hasta obtener un préstamo de confianza con la disposición del largo plazo. Tal entrega de créditos se comenzó a observar hacia finales de 2015 y ha sido la señal más permanente y persistente de 2016, para que los voceros de la lucha contra el régimen la puedan llevar con tranquilidad en la carpeta, libre de carteristas, y la puedan sacar como cosa propia cuando deban mostrarla en la cara de un adversario cada vez más alicaído y solitario.

Sabemos que el socio capitalista más importante que ha tenido la oposición ha sido el chavismo. Ha sido espléndido en disparates, robos, carestías, persecuciones y palabras vanas que han abultado la bolsa de los rivales, pero lo que ahora conviene destacar es la fortaleza de quienes pueden exigirles a los inesperados colaboradores que aprovechen la posibilidad que pueden tener de salvar los muebles antes de que se les caiga el techo de la casa. No la casa entera, porque todavía tienen maneras de apuntalarla, pero sí lo principal de su cobijo. En suma, con plata prestada por una ciudadanía cada vez más presente en los negocios relacionados con el bien común y por ese absurdo botarate que ha sido el gobierno, pero también debido a una actividad más apropiada frente a las solicitudes del contorno, la MUD puede hacer tratativas serias con la “revolución” para que entienda que ha llegado la hora de su despedida, o que no tardará en llegar.

Pero, aparte de la natural resistencia del interlocutor, la MUD también topará con la renuencia y aun con el rechazo de buena parte de la sociedad que no la quiere ver en pláticas con los causantes de su desgracia. Ha sido doloroso y escandaloso el agravio que le ha hecho la “revolución” a las gentes sencillas, como para que no quieran ellas sino la ejecución de una justicia implacable. Por consiguiente, el diálogo no estará rodeado de simpatías. El oficio de la política, que depende de la percepción de los matices y de búsquedas prácticas en el momento oportuno, no forma parte de la sensibilidad de un numeroso conglomerado que reclama la potencia de una manguera que apague  de una buena vez las candelas de su infierno, el énfasis de una decisión que saque de inmediato a los demonios de su mundo. Pese a haber llegado a una cúspide después de establecer una sintonía de importancia con la mayoría de la sociedad, le falta a los partidos un desafío más escarpado que deben culminar sin perder los apoyos que han logrado, o cuidándolos como oro en paño. Hacer el trabajo conveniente es hazaña peligrosa.

El Nacional, 18 de septiembre de 2016

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