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“¿De qué se ríe?”, por Ysaira Villamizar

“¿De qué se ríe?”, por Ysaira Villamizar


Ysaira Villamizar

 

 

Cuánto tiempo costó a los venezolanos aprender un libreto tan elemental, tan fácil para memorizar y anticipar medidas o actuaciones políticas dirigidas a generar efectos ilusionistas en quienes, buscando una utopía, se negaron a ver una realidad que paulatinamente les ha ido cercando y en la cual los más golpeados siempre han sido justamente los humildes. Como si se tratara de un paquete mediático, durante todos estos años, el gobierno ha repetido un círculo vicioso en el que los elementos centrales son: a) el discurso redentor de los pobres para transmitir esperanza en una distribución justa de la riqueza; b) ataque a la iniciativa privada para asegurar como único dispensador de bienes y servicios al Estado, c) culto al líder para llenar la necesidad espiritual que tiene cualquier población de sentirse protegida por un ser “superior”. Este último elemento ha sido manejado de la misma forma en diversas naciones con gobiernos autoritarios. La verdad es que prácticamente ninguno ha calzado los puntos para considerarse líder mesiánico, si partimos de que el Mesías  es el ser especial que concentra todos sus esfuerzos en dirigir a su comunidad por el sendero del bien con el fin de que alcance valores supremos, ideales divinos, en especial el amor que todos debemos profesar por todos; no excluye, no maltrata, no persigue.

Los hoy llamados líderes mesiánicos parecen ser una categoría para calificar a gobernantes que en su intento de eternizarse en el poder, manipulan a los más desposeídos como instrumento eficaz para conquistar sus objetivos. Con discursos encantadores hacia un sector de la sociedad, diseñan estrategias para confrontarlo con la otra porción  del mismo pueblo (no importa su número), a quien, por fuerza de hábiles manejos comunicacionales, identifica como el enemigo que les impide alcanzar su felicidad como pueblo. Es la masa cautiva para adelantar cualquier ofensiva.

En el empeño por conservarlo, los gobernantes que han asumido el poder bajo estas condiciones, “saben” lo que tienen que hacer para mantener entretenido al pueblo. Cuando la realidad se asoma, entonces hay que sacar como herramientas, la calumnia, el montaje, el juicio, el llamado a la defensa del “proceso” y la “sepultura” del adversario, lo cual debe ser garantizado con una sistemática persecución política, censura de prensa, entre otros mecanismos. Cada vez que urge distraer al pueblo de cualquier situación que le afecte profundamente y cuyo causante directo es el propio gobierno vienen las  estratagemas políticas mediáticas (“trapos rojos”); sin duda, el magnicidio es el libreto favorito del gobierno, por la facilidad para colocarlo en el centro de la polémica de la opinión pública.

La diferencia del libreto en estos días, es la ausencia del hipnotizador. No todos nacen ni desarrollan  habilidades comunicacionales y de persuasión altamente eficaces. Los políticos que han logrado cautivar a las masas para conducirlas tras de sí han destacado en la historia política del mundo. Pero lo que hoy presenciamos en el país es el esfuerzo desesperado del gobierno por recrear el efecto ilusionista del fallecido presidente. No ha habido mago que lo sustituya. Se necesita tener las manos llenas de recursos para repartir y ejercitar mucho más las artes de la manipulación para que las realidades que golpean el estómago y el espíritu de los venezolanos sea percibida como una “sensación” y no como la verdadera calamidad que los mata a diario.

De esto está plenamente consciente el gobierno. Su única salida, entonces, es profundizar (cuando la capacidad de convencimiento falla), en el método de control por excelencia de los gobiernos no democráticos: la opresión. No importa cuán cruel e inhumana sean las decisiones; hay que impedir que el pueblo explote su inconformidad y no hay para ello discurso que convenza, hay que hacerlo como lo sabe hacer quien no tiene la razón: por la vía de la violación de los derechos humanos, la aplicación de la violencia física, verbal, mental y espiritual.

Hoy, llega a mi memoria un poema de Mario Benedetti,  hecho canción  interpretada por Mercedes Sosa, la cual cantaban seguramente Ramírez, Rodríguez, Maduro y tantos hombres de la “revolución” que combatieron tan duramente a los gobernantes de la hoy llamada cuarta república:

En una exacta foto del diario//Señor Ministro del imposible//Vi de pleno gozo y en plena euforia y en plena risa, su rostro simple//De tu ventana se ve la playa//Nuestra miseria no está visible

Tienen tus hijos ojos de mando//Pero otros tienen mirada triste//Aquí en la calle suceden cosas//Que ni siquiera pueden decirse//Los estudiantes y los obreros//Ponen el punto sobre las íes

//Usted conoce mejor que nadie//La hiel amarga de estos países//Usted es duro con nuestra gente//Porque con otros son tan serviles//Cómo traicionan el patrimonio

Mientras el gringo Nos cobra el triple//Cómo traicionan usted y los otros,

Los adulones y los seniles//Por eso digo señor Ministro, de qué se ríe, de qué se ríe

Aquí en la calle sus guardias matan//Y los que mueren son gente humilde

Y los que mueren son gente humilde//Y los que quedan llorando rabia

Seguro piensan en el desquite////Allá en la cárcel sus hombres hacen

Sufrir al hombre y eso no sirve//Después de todo usted es el palo mayor

De un barco que se va a pique

Seré curiosa señor Ministro……… ¿De qué se ríe?

Por supuesto, el nombre del poema: ¿De qué se ríe?

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