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“Defender la naturaleza” por Bernardo Kliksberg.

“Defender la naturaleza” por  Bernardo Kliksberg.


Bernardo Kliksberg.

La advertencia de la FAO sobre la incidencia del cambio climático en la situación nutricional mundial debería ser escuchada. El respetado organismo que preside José Graziano da Silva previene que “el cambio climático es una amenaza fundamental para la seguridad alimentaria mundial, el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”. Plantea un amplio programa de acción, “la agricultura, incluidas la silvicultura y la pesca deben adaptarse a sus efectos y mejorar la resiliencia de los sistemas de producción de alimentos para alimentar a una creciente población”. Enfatiza que “el cambio climático debe abordarse como parte integral de la agenda general del desarrollo”.
Según la ONU, “el Niño” afecta ya 60 millones de personas y se prevé que su impacto seguirá aumentando en el 2016. Pide “una respuesta internacional más firme y coordinada”.
Algunos cambios regresivos se están presentando en el 2016 más aceleradamente que lo previsto. 2015 fue el año más caliente en los 136 años en que se llevan mediciones. Pero el 2016 lo está superando. Según la NASA la temperatura media global de enero 2016 fue 1.13% por encima de la media de 1951-1980. Las temperaturas en la zona ártica no tienen precedentes. De acuerdo a la Administración de la Atmósfera y el Océano de EEUU, en la última semana del 2015 y la primera del 2016, hubo en el Polo Norte temperaturas superiores en 30 grados centígrados a las usuales en esas fechas.
Según informa, llamando a alarma al respecto el New York Times, esta tendencia continuó acentuándose en los meses siguientes. En febrero se hicieron más intensos los efectos de “el Niño”, afectando incluso significativamente costas como las de Miami y Charleston.
En marzo un grupo de expertos, que incluyó a James Hansen, el primer científico que presentó los peligros del cambio climático al Congreso de EEUU en 1988, ha señalado que los cambios en el clima pueden ser abruptos, dando muy poco tiempo a las sociedades a prepararse para sus consecuencias, en inundaciones, sequías, y otros.
La revista Nature termina de publicar un estudio que traza un escenario de alta gravedad. Si las emisiones de dióxido de carbono provenientes de los combustibles fósiles no descienden, la Antártida Occidental puede empezar a desintegrarse, y el agua del mar puede elevarse de cinco a seis pies al final del siglo. Esto es virtualmente el doble que los tres pies que anticipaba un estudio de un panel de Naciones Unidas de tres años atrás. Los efectos pueden ser devastadores. Es posible el hundimiento de naciones islas, la destrucción de ciudades costeras, y otros daños ambientales. La medición de hace tres años había subestimado la rapidez con que están siendo afectados las grandes extensiones heladas de Groenlandia y la Antártida.
Este destino no es inexorable. El colapso de la Antártida puede evitarse si se cumplen realmente, e incluso más allá de lo fijado, los acuerdos de París, se baja la emisión de gases contaminantes, y se logra mantener el aumento de la temperatura general de la Tierra por debajo de los dos grados Celsius en relación al periodo preindustrial.
Claramente obstaculizan esos acuerdos, y los esfuerzos en marcha las actitudes negacionistas sobre el cambio climático. Su ejercicio sistemático, mientras los hielos crujen bajo calores récords, pueden ser fatales para las generaciones venideras.,
Se necesita como pide el Papa Francisco, entre otros aspectos clave: “programar una agricultura sostenible y diversificada, desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, asegurar a todos el acceso a agua potable”.
Directivo Alto Panel Mundial de Seguridad Alimentaria
kliksberg@aol.com

El Universal, 06 de abril de 2016

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