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“Desmontar el espejismo”, por Ysaira Aponte

“Desmontar el espejismo”, por Ysaira Aponte


En no pocos hogares humildes que visitamos por compromiso social y diario trabajo, encontramos pegado un afiche de Chávez o de Maduro, o un volante en la  puerta de entrada,  alusivo a las promesas de la revolución  en beneficio de las grandes mayorías de este país. Paradójico, porque justamente en esa vivienda, mientras sentimos la mirada vigilante de los presidentes nos vemos ubicados en  una especie de  “sala de usos múltiples” levantada con latas de zinc, en la cual se mezclan camas o colchonetas, cocina, ollas, platos y ropa, indicando que justamente allí aún no ha llegado la revolución, pero sí el efecto del discurso envuelto en un manto de supuesta igualdad que logró ilusionar en primer lugar a los más humildes, creándoles el espejismo del poder en manos del pueblo y con ello la justicia, equidad, democracia, seguridad personal, el combate a la corrupción.

Paradójico  porque allí es innecesario hacer las preguntas tradicionales de los estudios socioeconómicos, pues las respuestas son obvias ya que todo está a la vista. La pobreza, la necesidad es inocultable. Hace poco una investigación seria, científica, realizada por tres instituciones de innegable prestigio en nuestro país, utilizando un método de trabajo similar al de Naciones Unidas, desmonta crudamente la simulación de bienestar social que nos ofrecen mediáticamente. El «Estudio sobre condiciones de vida, Venezuela 2014», realizado por la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello, arrojó como conclusiones inobjetables que en este país el año pasado casi la mitad de la población, (48,4%) alcanzó el estado de pobreza por encima del porcentaje de hogares pobres que había en Venezuela en 1998 y superior a cualquier registro de los últimos años. En números absolutos significa que tres millones trescientos treinta y ocho mil novecientos hogares están en situación de pobreza; de ellos un millón setecientos mil están en pobreza extrema.

En verdad  no hace falta leer un informe científico de prestigiosas instituciones públicas o privadas para que un venezolano concluya cómo es su situación social y económica en este momento. Estas referencias sólo son importantes para mostrar al resto del mundo la verdad de lo que aquí ocurre, una realidad terca a la cual no hay manera de esconder, disimular o adornar con discursos demagógicos por mucho tiempo.

Éste es un país empobrecido. No, no nos extrañan los resultados del Informe porque lo vemos a diario en nuestras visitas a los barrios; pero no extraña tampoco a sus habitantes porque a ellos no les pueden echar cuentos.  Cada día conocemos de protestas espontáneas, gente en la calle reclamando al gobierno respeto por su dignidad, reclamando el abandono al que han sido sometidos por más de quince años. Se estima que diariamente durante el 2014 se produjeron al menos 17 protestas sociales en el país, superior a la cifra registrada en el año 2013. En el 2015, con una situación económica más deprimente, es lógico deducir que el pueblo estará  movilizado exigiendo sus derechos en mucho mayor proporción que el año pasado.

Hasta hace poco nos decían  que Venezuela tenía  el  salario mínimo en dólares más alto de América pero no nos explicaron, ni a nosotros ni al mundo,  cuántos dólares tendríamos que pagar mensualmente en bolívares, para sobrevivir. La evidencia empírica “mata” cualquier informe estadístico manipulado o real. Después del cubano,  el nuestro es  el salario más bajo en poder adquisitivo, pues “no sólo de pan vive el hombre” y los venezolanos necesitan mucho más que sólo alimentos de Mercal (quienes tienen acceso a ellos). ¿Acaso existe para nosotros el dólar a 6, 30 o a 12?.  No se trata de medir la situación social sólo por el método del ingreso; hay que compararlo con el método de las necesidades básicas insatisfechas. ¿Cuántas podemos cubrir en este país con el salario mínimo?. Pero, además, el salario mínimo dividido por el valor del dólar  Simadi, el más asequible de los dólares oficiales (Bs. 191, promedio), nos arroja la cantidad de 35 dólares al mes. Es decir, 1, 17 dólares al día.

Los niveles de precariedad alcanzados en el país son tan alarmantes que ya estamos  por debajo de la línea de pobreza, estimada en  1,25 dólares al día por el Banco Mundial. Las conclusiones del estudio referido son apoyadas por las estadísticas de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), institución que utiliza datos de las fuentes oficiales de los países que estudia y que en Venezuela provienen del Instituto Nacional de Estadística, INE. Los datos, reforzados por la CEPAL son corroborados por el propio Ministerio del Poder Popular de Planificación que reconoce  en el documento «Venezuela en cifras. Nuestra transición al socialismo», la escalada de pobres sufrida en 2013-14.

Y estamos hablando de los ciudadanos que tienen un salario mínimo. ¿Y los desempleados?, es decir, el 6,4% de la población venezolana, uno de los porcentajes de desempleo más altos de la región?. ‘¿Y las posibilidades de salir de la pobreza? El estudio revela que hasta la matrícula de educación primaria ha descendido. Entonces, ¿qué hay de  los procesos fundamentales constitucionales (Educación y Trabajo) para alcanzar los fines de “desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad” con todo lo que ello significa?. Igual comprobación se hace de las ofertas de las Misiones. La propia Misión Vivienda, por ejemplo,  cumplió su meta sólo en el año 2012; en 2014, de  400 mil viviendas ofrecidas para todo el país, redujeron la promesa a 250 mil y de esta cantidad sólo se entregaron 127 mil viviendas, aunque nunca se ofrecen cuentas del número exacto de viviendas entregadas por cada municipio. Cualquier logro pequeño ha servido para hacer gran difusión publicitaria pero no para atender las necesidades de la mayoría sin techo.

Con realidades como éstas, el acceso a la vivienda, a los servicios públicos, a la educación económica, la CEPAL mide la situación de pobreza de un país. Pero no importa si lo dice esta institución, las Universidades o el gobierno. Lo que importa es que ahí están millones de venezolanos en situación de pobreza y otro tanto luchando para no descender a ella.

Bien sea calculado por el método del nivel de ingresos de las familias o según las necesidades básicas insatisfechas se demuestra que la pobreza en Venezuela crece. ¿Acaso se necesita mucha imaginación para saber lo que ocurrirá durante este año 2015?. ¿Cuál será el razonamiento y el sentimiento en esos humildes hogares en donde como testigos mudos de la calamidad y la angustia del núcleo familiar, se observa algún afiche de un liderazgo que con el transcurso del tiempo, está pasando a formar parte de un nostálgico recuerdo del “país que pudo haber sido y no fue”.

Hay un camino, hay esperanzas. El camino electoral será la vía por la cual retomaremos el rumbo perdido hacia el progreso, bienestar y seguridad.

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