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“Diplomacia del hielo” por Oscar Hernández Bernalette

“Diplomacia del hielo” por  Oscar Hernández Bernalette


Oscar Hernández Bernalette/@bernalette1.

Una nueva terminología tendrá que ser incluida en The Diplomat’s Dictionary de Chase Freeman, Jr., y es el de “relaciones congeladas”. Su origen no es de un oscuro cubículo académico anglosajón, sino de nuestra misma Cancillería que la establece como la nueva forma de no relacionarnos con Brasil. Venezuela –dice el texto oficial– “ha decidido retirar definitivamente a su embajador en la República Federativa de Brasil, y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario.”

Ahora bien, en aras de la precisión, deberíamos entender qué significa este mandato. Por ejemplo, el gobierno rechaza la injerencia extranjera pero cuestiona la Constitución de Brasil y sus mecanismos, como lo es el “impechment” tal como lo aplicaron en esta oportunidad el Tribunal Supremo de Brasil y el Parlamento. Aquí en Venezuela cuando se aplique el RR, y si desfavorece a Maduro, se podría entonces hacer la misma lectura de “golpe institucional” como lo refiere el presidente Correa de Ecuador.

Por otra parte, en términos diplomáticos no existe la figura de congelar relaciones. Si usted retira su embajador, como lo hizo Venezuela, entonces deberá designar un encargado de negocios a.i. Si le quiere bajar permanentemente el nivel, deja las relaciones a través de un encargado ad hoc. Aún nada está congelado. Si quiere que esas relaciones estén a un nivel más bajo, puede romper relaciones diplomáticas y todavía no están congeladas. Quedan las relaciones consulares y las comerciales, y así hasta que llega a un rompimiento total y, sin embargo, aún no se congelan, pues dejará a un tercer país manejando sus intereses. Además, Venezuela con Brasil, al formar parte de Mercosur, tiene un acervo normativo que debe igualmente honrar. Hay una frontera abierta, y acreedores brasileños que tienen cuantiosas cuentas por cobrar todavía.

En otras palabras, la Cancillería sigue sin entender los códigos. Pide respeto, pero no respeta. Nos guste o no, la salida de la señora Dilma Rousseff se basó en preceptos constitucionales. Juzgar la estructura política y las maniobras que se aplicaron le pertenece al dictamen que concluyan los ciudadanos de ese país.

El Nacional, 2 de septiembre de 2016

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