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“Disputa por el muñeco” por Leonardo Morales P.

“Disputa por el muñeco” por Leonardo Morales P.


Leonardo Morales P. / @leomoralesP.

Al hablar de los partidos políticos existe la necesidad de darles una ubicación espacial. No siempre es suficiente denominarlos por nombres, existe una suerte de urgencia de ubicarlos, bien a la izquierda o a la derecha.

Por lo pronto diremos que a los partidos de izquierda les interesa que se sepa dónde están ubicados y, en buena medida, su ubicación está dada por un fuerte componente ideológico que determina, al menos eso creen, la causa común hacia donde se dirigirá la acción partidista.

Los partidos socialistas abrazan la ideología marxista y se pelean por la propiedad de su pensamiento. Todos se dicen marxistas aun cuando pocos párrafos de sus escrito se hayan leído. Eso ni importa, basta vociferarlo intensamente para que las puertas del templo les sean abiertas.

Se presentan como entusiastas defensores de los derechos de los trabajadores, y adversarios a muerte del mercado, de la acumulación del capital y fuerza telúrica que acabará con el Estado productor de la ideología dominante y, obviamente, burguesa.

En el ínterin de sus motivaciones teleológicas, en ese lugar espacial denominado izquierda, acontecieron fenómenos que el viejo Marx no pudo prever. La genialidad de la planificación central se vino al suelo: las reformas post-Brézhnev fueron un detonante para el fin del comunismo soviético, y el Muro de Berlín no resistió ni 30 años de pie, para bien de los alemanes. El fin del Estado y la dictadura del proletariado nunca estuvieron en los objetivos reales de los comunistas de entonces, por el contrario el fortalecimiento de un estado represor imperó sin compasión, siempre bajo la conducción de un líder con poderes absolutos.

A pesar de tener fines claramente establecidos que los unen, la división entre ellos es frecuente. Por estos tiempos, la izquierda venezolana que jamás ha estado unida, ha comenzado a dar los primeros pasos para fragmentarse.

Los argumentos no serán novedosos. Por un lado, algunos dirán son que los auténticos chavistas –el Che, Marx, Fidel y otros quedan para jarrones chinos- y el fundamento de sus diferencias estará razonada en una pérdida de los valores que le dieron nacimiento.

Las trompadas de unos contra otros estarán sustentadas en el extravió de los valores éticos revolucionarios. Así: ¿Cómo explicar a los venezolanos el robo de miles de millones de dólares que terminaron en manos de algunos funcionarios revolucionarios? Que decir de la debacle económica cuando el país vivió tiempos de muy altos ingresos producto del alza en los precios del crudo, y ahora los venezolanos danzan entre comercios, de una cola a otra para tratar de adquirir bienes esenciales para la vida.

Se presentarán como los dueños del “muñeco-Chávez”: no importa que el difunto haya defendido corruptos, como sin querer lo afirmó El Aissami amargado por el  concierto que mantiene Isea en los Estados Unidos. Todos quieren para sí el muñeco. Para unos es su tabla de salvación electoral y para otros el sendero para descalificar a los detentadores del poder y abrirse camino en la disputa por un espacio vital.

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