Visión Global

“¿Dónde está tu bien?”, por Ysaira Villamizar

“¿Dónde está tu bien?”, por  Ysaira Villamizar


Hace pocos días, comentando el Evangelio según San Marcos, texto en donde se hace referencia a la vocación de Jesús por los excluidos y necesitados de auxilio, un sacerdote preguntaba a la feligresía: ¿Cuál es tu bien?  ¿Dónde esta tu bien? ¿Qué cuenta puedes dar de lo efectivamente hecho por ti en favor del bien?.

Tal vez adivinando el pensamiento de quienes le escuchaban, se adelantó: “hay muchos que dicen que su bien está en no hacerle mal a nadie, en que viven una vida tranquila, en que siempre están quietecitos”. Estas expresiones fueron la apertura para un sencillo e interesante desarrollo de lo que podemos llamar la filosofía del “quietecito”, según la cual basta sólo con rezar para considerarse un buen cristiano. El lenguaje era directo y tocaba una vez más el deber de acompañar las oraciones con la conducta, con la manera de acercarse al prójimo tal como lo predicaba y hacía Jesús. Ciertamente, no es manifestación de cristianismo auténtico permanecer pasivo y ser indiferente ante las injusticias y el dolor ajeno. Eso no hace honor a Jesús.

 ¿Dónde estará tu bien o tus bienes hacia el prójimo? Es la interpelación permanente que nos debemos hacer. ¿Callas ante las injusticias que se cometen contra ti, contra tu familia, tu comunidad, tu país? O ¿callas olvidando que como dice Lutero ““Usted no es solamente responsable de lo que dice, sino también de lo que no dice”?.

 La homilía fue una invitación a ir más allá de la oración; es necesario ir a la obra que la concreta; es el permanente llamado del Papa Francisco a  “realizar gestos de fraternidad”,  de solidaridad, a revisar nuestras conciencias, nuestra forma de afrontar las responsabilidades en nuestro espacio concreto de vida terrenal según la misión de Jesús,  a “que no sean cómplices de este mal, para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas en humanidad, privados de libertad y dignidad, sino que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristo, que se hace visible a través de los numerosos rostros de los que él mismo llama «mis hermanos más pequeños»”.

 Obrar en función de los más vulnerables, es una acción que requiere vocación, compromiso, organización, desprendimiento. El sólo orar no es suficiente para provocar las transformaciones. Definitivamente no. No basta rezar. Tiene que haber otro bien, aquél con el cual se demuestre que somos verdaderos cristianos, sensibles a lo que acontece a nuestro alrededor, en nuestro entorno cercano o no tan cercano. En la epístola universal, Santiago es sumamente expresivo: “la fe si no tiene obras es muerta en sí misma … como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”.

 La lección del leproso refleja a un ser que hace congruente  su teoría con la práctica. Haciendo uso de los talentos que el Padre le proveyó, cumpliendo la misión de redimir a los hombres, Jesús fue capaz de hundir sus manos en las llagas del leproso y hacerle el milagro de la curación.

No podemos ser seguidores de la cultura del silencio ante las heridas sociales  que asemejan a las llagas del relato de Marcos, esas heridas que están llenando el país de excluidos de la salud, de la vivienda digna, de la alimentación, de la seguridad; en fin, llenándolo de una pobreza que alcanza ya a más quince millones de personas, y de persecución a quienes la denuncian. La conciencia de opresión debe despertar y con ella, la lucha por conquistar los derechos negados.

 En estos evangelios, hay otra lección que va mucho más allá del mensaje de la solidaridad: el enfermo rompió con la prohibición que tenía de acercarse a la gente. No sólo se acercó, también apeló, habló. Su querer, su deseo, su atrevimiento fue importante para restituir la dignidad perdida. Superó la incertidumbre, la desesperanza, el fatalismo frente a su triste presente y el futuro. Su angustia encontró eco. No calló. No cayó.

 Hoy, cuando tantos hermanos resultan víctimas de las formas modernas de esclavitud, la oración debe cobrar vida a través de nuestra actitud. “Ora como si todo dependiese de Dios y trabaja como si todo dependiese de vos.” 

Atras
Visión Global

2013 © Visión Global. Todos los derechos reservados. Contacto: visionglobal.info@gmail.com - visionglobal.ventas@gmail.com - Teléfono: 0212 4186529