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“EE.UU y Venezuela endurecen sus posiciones, ¿hasta dónde…?” por María Teresa Romero

“EE.UU y Venezuela endurecen sus posiciones, ¿hasta dónde…?” por María Teresa Romero


María Teresa Romero.

Era lógico esperar que tras el anuncio de Barack Obama y Raúl Castro en diciembre pasado de reanudar las relaciones diplomáticas y las primeras tentativas de negociación este enero en La Habana, Cuba, también se diera un deshielo en relaciones político-diplomáticas entre Venezuela y los Estados Unidos. Hubo manifestaciones de acercamiento, tanto de parte de Obama como de Nicolás Maduro. Pero ello no sucedió. Los dos mandatarios han endurecido sus posiciones, cada uno a su manera, y han priorizado las relaciones con la Cuba castrista, cada uno por sus propios intereses.

Tal vez persuadido de que no vale la pena insistir en una actitud moderada, de ¨soft power¨ hacia el gobierno venezolano porque éste está muy débil, en situación límite, y porque a la vez es evidente que no va a cambiar su política antiimperialista radical, el presidente Obama decidió el pasado diciembre firmar la ley de sanciones ya aprobada por el Congreso estadounidense, que suspenden visas y congelan activos en territorio estadounidense pertenecientes a funcionarios chavistas considerados responsables de violaciones de derechos humanos en Venezuela.Y la promulgó, por cierto, a tan sólo un día después que anunciara el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba.

Ya antes, en julio de 2014, el Departamento de Estado había suspendido las visas a 24 funcionarios venezolanos acusados de violar derechos humanos durante las protestas de estudiantes y opositores venezolanos de febrero y marzo de ese año, que dejaron un saldo de 43 muertos. Luego, este 2 de febrero de este 2015, la administración Obama anunció que las sanciones a funcionarios venezolanos incluirían a un mayor número de representantes de este gobierno, así como que las medidas se extenderían a los miembros de sus familias.

A su vez, el gobierno estadounidense ha continuado publicando sus informes sobre derechos humanos y corrupción en los que aparece Venezuela como uno de los que más violan esos derechos, al tiempo que ha mantenido sus críticas al chavismo por sus cada vez más fragrantes violaciones constitucionales, y persecuciones y encarcelamientos de opositores. Y como si esto no fuera poco para desesperar al régimen madurista, no ha confirmado o negado la noticia de la deserción a EE.UU del Capitán Leamsy Salazar, ex jefe de seguridad del ex presidente Hugo Chávez y del actual presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello. Tampoco han dicho nada que ese y otros 8 militares pertenecientes al anillo de seguridad de Nicolás Maduro, estarían testificando en Washington en una causa por narcotráfico de la Fiscalía Federal, en contra del propio Cabello y otros miembros de su gobierno.

Por su parte, las respuestas y reacciones de Nicolás Maduro han sido las de siempre: aumentar su arremetida contra el gobierno de los Estados Unidos por todos los medios de comunicación social y foros internacionales a su alcance, culpándole de una supuesta conspiración contra su gobierno. Hasta anunció que enviará al presidente Obama una carta exigiéndole “el cese de las conspiraciones que desde su gobierno se ejecutan en contra del pueblo venezolano y la revolución bolivariana”. De los ataques No se ha salvado el vicepresidente John Biden a quien Maduro acusó de orquestar una “campaña internacional” para sacarlo del poder.

La verdad es que el delfín de Chávez está muy molesto porque Biden coordinó la primera Cumbre de Seguridad Energética del Caribe que se llevó a cabo el 27 de enero en Washington D.C. Él sabe que, si bien en esa cumbre no se hicieron menciones específicas a Venezuela, sí se alentó a los países caribeños a aceptar un “nuevo paradigma” energético que gire en torno a las inversiones privadas, en virtud del gran temor que han manifestado los caribeños de que Venezuela les falle en los suministros de petróleo a través de Petrocaribe. La grave situación nacional y la caída del petróleo a menos de 50 dólares por barril, los tiene muy preocupados y en búsqueda de otras alternativas de cooperación energética.

Los últimos dos inventos de Nicolás Maduro contra Barack Obama parecen chistes de niños. Primero, la solicitud al ex presidente colombiano Ernesto Samper, actual secretario general de Unasur, de encabezar una iniciativa diplomática “para buscar un mecanismo de dialogo con el gobierno de Estados Unidos para construir una diplomacia de paz, de diálogo, de entendimiento, para detener la agresión contra Venezuela”. Ello a pesar las autoridades de EE.UU le retiraron la visa a Samper cuando se constató que en la campaña que le llevó a la presidencia de Colombia en 1994, había entrado dinero del narcotráfico. Y segundo, invocar al Tribunal Supremo de Justicia venezolano a “dictar sentencia histórica sobre la pretendida ley de sanciones del Congreso de los EEUU repudiándola, rechazándola”.

Visto lo anterior, parece plausible pensar que las relaciones de Venezuela y los Estados Unidos se mantendrán en la misma situación en la que están desde el 2010, diplomáticamente congeladas, sin jefes de misión, aunque normales en términos comerciales (EE.UU sigue siendo el principal comprador de petróleo venezolano). Especialmente al gobierno “revolucionario” venezolano, le interesa mantener la tensión en este momento de caída libre. Incluso, en un momento dado, Maduro podría tomar la decisión de cortar definitivamente las relaciones diplomáticas, aunque no las comerciales. Sería una acción poco costosa ya que esos nexos diplomáticos entre ambos países son prácticamente inexistentes. De hecho, Maduro viene amenazando con ello por los supuestos informes que dice tener en mano, pero nunca muestra, sobre la injerencia y desestabilización estadounidense hacia su gobierno.

Infolatam, 13 de febrero de 2015

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