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EEUU: ¿Son justas las elecciones de segundo grado?

EEUU: ¿Son justas las elecciones de segundo grado?


El triunfo de Donald Trump el martes 8 de noviembre trae al debate de nuevo la legitimidad de un sistema electoral mediante el cual un candidato obtiene la mayoría del voto popular pero pierde los comicios por el método de los colegios electorales. Algunos especialistas cuestionan severamente este sistema, pues otorga mayor peso a ciertos estados y crea votos de primera y votos de segunda, restando la igualdad de todos los ciudadanos como electores.

Hay quien opina que si existe un principio universal en las democracias de todo el mundo, según el cual todos los hombres son iguales ante la ley, porqué no hay un principio según el cual todos los votos son iguales a la hora de elegir a un mandatario.

Muchos se echan las manos a la cabeza cuando se dan cuenta de que Hillary Clinton obtuvo una ventaja de 280.646  mil votos (60,071,781) sobre Trump (59,791,135). Pero fue Donald Trump el que obtuvo el premio mayor por el peso de los colegios electorales en varios estados de la Unión.

En Venezuela Nicolás Maduro obtuvo 7.505.338 y  venció a Henrique Capriles Radonski, quien obtuvo 7.270.403, es decir, Maduro ganó con una diferencia similar a la de Hillary Clinton sobre Donald Trump y es el legítimo Presidente de Venezuela, nadie cuestiona eso. Si en Venezuela hubiera elecciones de segundo grado, quizá Capriles sería el Presidente de la República, pues obtuvo la mayoría en 9 estados, entre ellos cuatro de mucho peso demográfico como lo son Miranda, Zulia, Bolívar y Anzoátegui.

Tal vez por este sistema de segundo grado se han generado protestas en varios estados como en California. Muchos electores de Clinton se sienten estafados al descubrir que su candidata recibió más votos populares, pero no es la Presidenta. Probablemente habría ocurrido igual si lo cosa hubiese sido a la inversa, y entonces los electores de Trump se habrían lanzado a la calle indignados.

Pero los hechos son así: El proceso electoral de Estados Unidos no es de votación directa sino de segundo grado. Muchos votantes estadounidenses creen que cuando asisten a las urnas su elección va automáticamente a su candidato presidencial. Sin embargo, ellos designan a “electores” que se han comprometido a votar por un candidato en particular.

Para que un candidato gane la presidencia necesita al menos 270 votos electorales de los 538 que hay en total. En caso de que ninguno de los candidatos obtenga la mayoría de votos electorales, la Cámara de Representantes debe determinar al ganador.

El candidato que recibe la mayoría de votos populares en un estado, por muy escaso que sea el margen, gana todos los votos electorales de esa entidad. Por esto es que el voto popular no tiene fuerza decisiva en el proceso electoral de EEUU.

En al menos 17 elecciones ha pasado que el ganador no obtuvo la mayoría de los sufragios en términos del voto popular, pero ganó por la sumatoria de los votos electorales. El caso más reciente fue la contienda de 2000 entre el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore, donde finalmente el conservador recibió los 29 votos electorales de Florida que le permitieron sumar más de 270 votos y resultar presidente.

Para quienes están acostumbrados a la elección presidencial directa, el sistema de Colegio Electoral puede parecer injusto y antidemocrático. Su aplicación ha sido objeto de numerosas polémicas. En el año 2000, el candidato demócrata Al Gore perdió la presidencia ante el republicano George W. Bush, pese a aventajarle en más de 500.000 votos.

No obstante, los defensores del sistema de Colegio Electoral afirman que este método evita que en las elecciones sean ignorados los estados pequeños y las zonas rurales en favor de las grandes capitales, por lo que garantiza que los candidatos se vean forzados a buscar apoyo en todo el país.

En contraposición, los críticos del sistema argumentan que, en la práctica esto no es así y los candidatos suelen concentrar sus esfuerzos en una decena de estados, como Florida u Ohio, considerados clave debido a que sus votantes no guardan de forma mayoritaria fidelidad a ninguno de los dos grandes partidos.
Ciudadanos pierden el poder

“El sistema electoral de Estados Unidos está diseñado para que los votos electorales reduzcan el poder popular. Un estado recibe dos votos electorales que corresponden a los dos senadores que cada estado tiene, sin importar su población, más aquellos que otorgan por la proporcionalidad de habitantes. De esta manera, el poder de los grandes estados es disminuido”, acota Steffen Schmidt, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Iowa.

El profesor explica que actualmente los candidatos hacen campaña en solo diez estados (Iowa, Ohio, Wisconsin, Florida, Nueva Hampshire, Carolina del Norte, Nevada, Colorado, Pennsylvania, Virginia y Wisconsin) donde los votantes están divididos.

“No hay una contienda nacional porque la mayoría de votos son rojos (republicanos) o azules (demócratas) y no tienen por qué gastar tanto tiempo ni dinero”, producto de la historia regional, sobre todo en el sur, donde la guerra civil y las relaciones racionales han segmentado el control de los republicanos, acota el catedrático.

Por otra parte, entre las singularidades de las elecciones en Estados Unidos también está la opción de votar anticipadamente por correo o en un centro electoral. De hecho, esta es la primera elección en la historia de la nación en la que un presidente vota anticipadamente.

Aunque las encuestas señalan que la mayor parte de los ciudadanos son favorables a la adopción de un sistema de elección presidencial directa y el tema ha sido objeto de debate público, resulta poco probable que vaya a ser adoptado en el corto plazo.

La última vez que el tema fue debatido seriamente en el Congreso estadounidense fue en 1934, cuando una propuesta para eliminar el Colegio Electoral fue derrotada por apenas dos votos.

El peso de los estados

 

Visión Global con información de BBC

 

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