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“El bisonte del sur” por Carlos Raúl Hernández

“El bisonte del sur” por  Carlos Raúl Hernández


Carlos Raúl Hernández / @CarlosRaulHer.

Pese a la crónica confrontación entre halcones y palomas, la MUD no se puede dividir, menos por las declaraciones de amor eterno de sus miembros, que por ser la única tarjeta opositora con existencia legal ante el CNE. Quien se le ocurra irse, no podrá ser candidato a gobernador, alcalde, diputado, concejal ni presidente. Muerte civil para cualquiera con status y reconocimiento asociados a tales cargos. Un vínculo sostenido solo por las leyes, lo contrario de aquellos a los que une la intensidad sin importar tales lazos. Para los ratones de filmoteca, la Unidad es lo contrario del  matrimonio a la italiana, que el neorrealismo romano de posguerra inmortalizó como dos seres unidos solo por el sentimiento, él (Mastroiani) casado, ella (Sofía Loren) incondicional. Como en toda casa de vecindad en la Unidad hay lunas de miel, sentimientos candentes, divorcios no consumados, convivencias infelices, infidelidades.

Hay quienes no trabajan, no producen, no estudian, no tienen votos, no aportan políticamente, no representan a nadie, ni son queridos por la opinión pública y están ahí prueba de la amplitud y tolerancia de la familia. Pero ciertos cargos de origen electoral tienen, como el amor, más tracción que un misil Titán. Por eso algunos soportan vivir juntos pero  dormir en camas separadas hasta que haya condiciones políticas normales y puedan hacer la partición de bienes. Sufrirán los hijos pequeños, los micropartidos inhábiles para sobrevivir por sí solos, ya que los grandes no reclamarán su guardia y custodia. Cuando el CNE los llame a matricularse, las cosas tenderán a cambiar.  Al no ser el gobierno una amenaza electoral, como ya dejó de serlo, cada quien querrá tener sus candidatos y tarjetas, y la unidad perfecta y también la imperfecta se harán más complicadas.
Es del sur, viene del norte
Las tensiones internas obedecen a algo normal: las diferentes ideas sobre qué hacer. Pero a algunos lo único que se les ocurre es denigrar, sin capacidad para construir su propia plataforma política. Solo saben hacer y decir lo contrario del núcleo dirigente principal, ser su fotografía en negativo, lo que ahorra muchos esfuerzos intelectuales. El mito ingenuo que llaman la calle, termina por ser el joker, el mono de la baraja, el sustituto de la política y de la imaginación. Fukuyama hace un par de años escribió sobre la inutilidad de desgastar los movimientos de masas en eso y Montaner lo hizo hace apenas dos meses. Frente a cualquier problema, en medio de discursos estremecidos, aparece la idea salvadora: ¡una marcha! Se ponen en eso esperanzas y ensoñaciones. Va la marchita o marchota y luego la gente regresa a su casa  en trauma porque “no pasó nada”.

Ecuánime desde su trinchera europea, un combatiente originario del cono sur revienta una mañana en bufidos de bisonte salvaje, arroja el gorro de sensatez que descubre la recia cornamenta del testuz, y embiste hasta su propia sombra. Bisonte tendría que haber sabido de siempre, por diablo y por viejo, que el RR era un embarazo ectópico, pero descubrirlo tarde fue para él una banderilla de fuego clavada en el lomo. Sus coces furiosas causan estupor, justificadas, según él, en la pasión de la lucha. Refutó “la salida” en 2014 y ahora defiende su procedimiento en 2016 (“¡calle, calle, calle!”, pero constitucional, eso sí) y escupe fuego contra “la MUD dialoguera”. En La vía láctea de Buñuel, un orador diserta brillantemente frente a un embelesado auditórium. Irrumpen cuatro enfermeros, le ponen camisa de fuerza, se disculpan y se llevan de nuevo el fugado al manicomio. Con asesores así no se necesitan adversarios y si se confiaba que ayudaría a un importante cliente, ha fomentado un caos.
Haga lo suyo
La revolución de espiroquetas pálidas ha hecho perder a los venezolanos casi 20 años y al que se le acerca, aunque sea virtualmente, lo puede tornar demente y tragasables como al Bisonte del sur. Los combatientes del teclado, y la guerrilla off-shore, han encanecido denigrando de la Unidad, y acusan a sus líderes de traidores con la entrepierna vacía, sin testigos, en término traducido del latín. De repente se animan y para predicar con el ejemplo, tal vez emprendan su propia invasión por Machurucuto como una vez Moleiro y Pérez Marcano, solo que ahora sería una hermosa regata desde Florida. Los frena que en ese rudo montarascal no hay Internet, sólo culebras, bilharzia, leishmaniasis, zancudos, cadillos, arañas y mucho calor pero tanta rabia por los traidores tal vez no de otro recurso. Pasa hasta en las mejores familias.

En la Nicaragua del primer Daniel Ortega las diferencias entre la oposición eran tan irreconciliables que unos se fueron a la guerra, la llamada contra y otros asumieron la acción civil, sin odiarse. Del movimiento peronista que hacía resistencia pacífica a la dictadura argentina y pedía elecciones, se diferenciaron los Montoneros que mataban gente y cada quien en lo suyo. Los partidos hacían oposición pacífica a Bordaberry en Uruguay, y los Tupamaros en sus rocambolescas aventuras. A diferencia de muchos de los duros varones del teclado, que están bastante fuera de forma, próstata grande e hipertensión, las mujeres se ven muy sexy vestidas de guerrilleras, con sus mochilas, gorras y Kalashnikov como aparecen las combatientes de FARC por televisión.

El Universal, 13 de noviembre de 2016

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