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El célebre hotel Waterwate reabre sus puertas (video)

El célebre hotel Waterwate reabre sus puertas (video)


Escándalo es algo de lo que suele rehuir todo aquel que aspire a mantener una relación provechosa y duradera con las esferas del poder. Salvo si se trata del Watergate. El hotel cuyo nombre simboliza una de las mayores conspiraciones políticas de Estados Unidos y que provocó la caída de un presidente, ha reabierto sus puertas este verano tras casi una década de abandono, y no tiene intención alguna de eludir su pasado.

En la madrugada del 17 de junio de 1972, cinco hombres eran arrestados por allanamiento de la sede del Comité Nacional Demócrata situada en la zona de oficinas del Watergate, un lujoso complejo de edificios de inusuales formas redondeadas erigido pocos años antes a las orillas del río Potomac que baña la capital estadounidense. Los ladrones se habían alojado la noche previa en el aledaño hotel Watergate, en habitaciones con vista al objeto de su delictiva estancia en Washington. Pero no eran unos ladrones cualquiera ni se trataba de un hurto más. La investigación periodística que iniciaron dos periodistas del diario The Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, empezó a destapar un entramado de espionaje político que llevaba directamente a la Casa Blanca. El inquilino de la época, el republicano Richard Nixon, negó enfáticamente cualquier relación. Hasta que las pruebas, en parte proporcionadas por un Garganta Profunda cuya identidad no se conoció hasta hace una década, acabaron provocando la dimisión de Nixon dos años más tarde. Hasta hoy, es el único presidente estadounidense que se ha visto obligado a dimitir. El sufijo “gate” sigue siendo adornando escándalos jugosos en todo el mundo.


El nuevo Watergate Hotel abrió sus puertas en junio, 44 años después de la fatal noche de marras. Las referencias y guiños al pasado imborrable de uno de los edificios más emblemáticos de la capital estadounidense son constantes en esta nueva era del hotel que invita a una experiencia “escandalosa” y “lujosa sin remordimientos”.

“No need to break in” (no hace falta entrar por la fuerza), reza en las llaves electrónicas que abren la puerta de una de las 336 habitaciones. Los clientes pueden firmar la cuenta —onerosa, la habitación más barata cuesta 425 dólares la noche— con un bolígrafo que tiene grabada la frase “robé este bolígrafo en el Watergate Hotel”. Y el teléfono de atención al cliente acaba en los números 6-17-1972, en referencia a la fecha del robo en la sede demócrata que destapó la conspiración política. Aunque ya no son las mismas que las de la época, muchos clientes han solicitado reservar las habitaciones 214 y 314, donde se alojaron los famosos ladrones, apuntan desde el hotel.

“Confieso que nuestra atracción inicial a este proyecto fue el escándalo del Watergate”, ha declarado el responsable de la remodelación interna del edificio, Ron Arad. El prestigioso arquitecto israelí aceptó el reto de renovar un hotel abandonado durante años respetando el diseño original del italiano Luigi Moretti, que en los 60 sorprendió al neoclásico Washington con un complejo de edificios de formas redondeadas que tardó en ser aceptado —un crítico del Post dijo que era tan apropiado “como que una stripper baile en el funeral de tu abuela”—, pero que hoy es uno de los más reconocidos de la ciudad. Arad trasladó al interior del hotel las líneas moduladas que imitan el agua, hasta el punto de que es casi imposible encontrar una línea recta en un hotel que también aprovecha al máximo la luz y las vistas al río. Los nuevos dueños no han ahorrado en costos —la factura final de la renovación fue de 200 millones de dólares— para devolverle al icónico edificio su antiguo glamour con el objetivo de volver a ser un lugar de paso obligado de las élites del arte y, tratándose de Washington, de la política. “En su apogeo, el Watergate Hotel era el patio de recreo de los poderosos”, recuerda la copropietaria, Rakel Cohen.

Los detalles van más allá del diseño interior del hotel que ya en los años 60 se vendía como “la segunda dirección más prestigiosa de Washington”, tras el 1.600 de Pennsylvania Avenue, la Casa Blanca. Los uniformes del personal fueron diseñados por Janie Bryant, encargada del vestuario de la premiada serie de televisión Mad Men. No es el único guiño a los venerados 60. El Next Whisky bar en el lobby rinde tributo al éxito de The Doors Alabama song (Whisky Bar), de 1966. Se entra rodeando una pared en espiral construida con más de 2.500 botellas de whiskey cuyo valor supera el millón de dólares (las botellas están fijadas a una estructura de hierro).

En su libro sobre el caso Watergate, All The President’s Men (Todos los hombres del presidente), llevado al cine por Alan J. Pakula con Robert Redford y y Dustin Hoffmann en los papeles de los periodistas Bernstein y Woodward, estos se sorprendían por la decisión del Partido Demócrata de establecer su sede en un complejo residencial que había sido —y siguió siéndolo— privilegiado por la élite republicana: allí llegaron a residir el senador y candidato presidencial Bob Dole o la secretaria de Estado de George W. Bush, Condoleezza Rice. Pero no han sido los únicos. El Watergate ha atraído durante décadas a famosos y poderosos de todas las formaciones e ideologías. Fueron inquilinos Elizabeth Taylor o Plácido Domingo y también, brevemente, la protagonista del otro gran escándalo en la Casa Blanca, Monica Lewinsky. Hoy día vive allí la juez del Tribunal Supremo que más escandaliza a los conservadores, Ruth Bader Ginsburg. Pero el “escandaloso” Watergate Hotel tendrá pronto competencia: el candidato republicano y magnate inmobiliario Donald Trump tiene previsto abrir un nuevo hotel a pocos metros de la Casa Blanca en otoño.

El País de España con edición de Visión Global

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