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“El día del periodista en tiempos de lacrimógenas y Guardia Nacional” por César Miguel Rondón

“El día del periodista en tiempos de lacrimógenas y Guardia Nacional” por César Miguel Rondón


César Miguel Rondón / @cmrondon.

27 de junio, Día del Periodista. Hubo un tiempo en que este era un día festivo. Se entregaban los Premios Nacionales de Periodismo que, desde hace ya muchos años, han sido secuestrados, como tantas otras cosas, por el régimen bolivariano. En la actualidad sigue siendo un día importante para los de este oficio, pero no es un día para celebrar.

En un interesante trabajo firmado por Diana Sanjinés, en El Nacional, se lee: “Periodismo bajo asedio. Las alertas que contabiliza el Instituto de Prensa y Sociedad van en aumento. A la par que se incrementa la conflictividad en el país, también crecen las agresiones a periodistas y trabajadores de los medios de comunicación. En Venezuela, informar se ha vuelto un desafío para valientes. A los ataques violentos se suman otras formas de censura que engrosan la lista de violaciones a la libertad de expresión e información. Desde que se creó el Complejo Editorial Alfredo Maneiro para centralizar la compra de papel prensa, 41 periódicos han tenido fallas de papel. Este año 6 impresos han dejado de circular”. Eso si nos referimos solo a la prensa, pero no dejemos de lado las presiones sobre canales de televisión y emisoras de radio. Más la nefasta tendencia que se ha implementado en los últimos días de detener a reporteros para llevarlos a declarar al Sebin, en abierta violación de todas las prerrogativas que establece la Constitución Bolivariana.

En El Correo del Orinoco, diario oficialista, recuerdan la fecha: “El día del periodista se inspira en el ideal bolivariano”. Por aquello de que en este día circuló por primera vez El Correo del Orinoco. Pero llama la atención que, en el llamado en primera página, se mezcla la imagen de Bolívar con la de Hugo Chávez. Pareciera que ya son una y la misma cosa; una misma entidad indivisible. Es curioso, el pasado 24 de junio, cuando se celebró el Día del Ejército, día conmemorativo de la Batalla de Carabobo, no hubo un desfile con gran despliegue de personal y equipo en el Campo de Carabobo, como se estilaba. Solo una especie de parada militar con acto cultural, en el patio de la Academia Militar, y en horas de la noche. En la inmensa pantalla no se veían alusiones a la gesta histórica sino al legado de Hugo Chávez. De manera que hasta el mismo ejército bolivariano ya no parece rendirle tributo a la memoria del Padre de la Patria y su gesta fundamental allí en Carabobo, sino casi exclusivamente al comandante galáctico de reciente desaparición. Y no deja de levantar suspicacias que el régimen ahora prefiera manifestaciones militares pequeñas, en espacios de poco acceso, en lugar de los fastuosos desfiles de antaño. Allí es cuando a la memoria siempre caprichosa nos el recuerdo de Anwar El-Sadat. No deja de ser un detalle sobre el cual no está de más reparar.

Y, hablando de las fuerzas armadas, recientemente, en Aporrea, declaró el general retirado Clíver Alcalá Cordones: “La soberanía popular no puede ser obstaculizada por ninguna instancia o persona, y mucho menos bajo manipulación de normas dirigidas a impedir que sea realmente el pueblo quien determine su destino. El carácter administrativo de un procedimiento no puede estar nunca por encima de la Constitución, y todo retardo o formalismo no esencial va contra un pueblo que demanda participación.” Esto en alegato abierto y directo a favor de la realización del referéndum revocatorio y en condena a todas las trabas que ha impuesto el régimen a través del CNE.

Según José Guerra, de Cliver Alcalá Cordones es la frase, que también le han atribuído a Chúo Torrealba: “La única manera de que no haya revocatorio es que Nicolás Maduro renuncie antes”. Y hablamos de un general recientemente pasado a retiro, de mucha importancia en los cuadros chavistas del estamento militar.

Lo medular: no se puede ocultar que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana –como todo el país– pasa por un período de fuerte sacudimiento interior. Sus niveles de aprobación en la opinión pública son muy bajos, su desprestigio es creciente. Y la Guardia Nacional Bolivariana, por su presencia cotidiana en la calle, es la que paga la cuota más alta en semejante descrédito.

Recién ocurrió el incidente con Henry Ramos Allup. Éste regresa, en vuelo privado, de su vsita en Washington a la sede de la OEA. Gracias al Periscope –porque en tiempos de redes sociales ya nada se puede ocultar; todos son periodistas– vimos cómo funcionarios del Seniat y de la GNB se ensañaron en su contra, extralimitando a las claras sus funciones y deberes. Cuando Ramos alega que es diputado y que tiene inmunidad parlamentaria, el Guardia Nacional le espeta “me importa muy poco su inmunidad parlamentaria”. Este militar, pues, desconoce y viola con su proceder lo establecido en la Constitución Bolivariana. Así sólo actúa un militar que sirve a un régimen totalitario y dictatorial.

Luego el general Reverol, Comandante de la Guardia, publica varios tuits a propósito del incidente:

@NestorReverol: “Los Centinelas de la Patria exigen respeto ante su dialecto y gesticulaciones escatólogicas (las de HRA), las cuales no harán mella a nuestro compromiso”.

“El Dip. Henry Ramos Allup, llegando de la Capital del Imperio, irrespeta a los efectivos de la GNB de servicio. Acto provocador”.

A lo que Ramos no tarda en responderle:

@hramosallup: “El único provocador es usted. Patán, indigno que ha puesto la GN al servicio de una causa sucia. No me amenace, pillo, antipatriota.”

“Si quiere hacer política no viole la CRBV. Cuelgue el uniforme y deje de amenazar a diputados con armas de la república, actitud indigna de oficiales como usted han puesto la reputación de la fuerza armada en el subsuelo. El pueblo ni les teme ni las quiere ni las respeta, las repudia.”

“Regresamos de la OEA de lavar la cara a nuestro país no de lamerle las botas al sápatra, indigno y asesino de Fidel que es tu ídolo.”

Ese es el panorama que vivimos en nuestra nación descoyuntada. Un panorama harto preocupante, oscuro y nervioso, donde la cordura parece haber partido en un viaje sin retorno.

Para cerrar, creo pertinente reparar en esta información del diputado Miguel Pizarro, en Konzapata: “En vez de invertir en alimentos, el gobierno envió 1.400 millones de dólares a Cuba y trae más bombas lacrimógenas de China. El presidente de la Comisión de Desarrollo Social e Integral de la Asamblea Nacional fustiga las prioridades de gasto del gobierno. Denuncia que en medio de una crisis humanitaria se mantiene el convenio de orden publico con China para traer lacrimógenas, escudos y todo lo demás ¿Dónde está esa solicitud en términos generales para que aquí lleguen alimentos, medicamentos y lleguen procesadoras?

Crueles paradojas de nuestro tiempo: necesitamos comida y medicinas, pero solo vendrán más perdigones y más lacrimógenas. El general Reverol seguirá al mando.

El Nacional, 28 de junio de 2016

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