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“El enterrador de la democracia” por Román Ibarra

“El enterrador de la democracia”  por  Román Ibarra


  Román Ibarra/@romanibarra.

 

El lamentable, y fuerte título que antecede a este artículo corresponde, desde luego, a la visión elemental que tiene el ciudadano común, respecto de las condiciones de vida que nos ha impuesto el modelo corrosivo, y ruinoso de Nicolás Maduro a lo largo de 3 años, que parecen 100.

En efecto, el venezolano de hoy –incluso el que de buena fe votó por él- siente un arrepentimiento legítimo por el solo hecho de tenerlo en la Presidencia de la República, como una expresión caprichosa, e interesada de la dictadura cubana, aceptada cobardemente por su antecesor (Chávez), en la víspera de su muerte en otro acto de traición contra Venezuela, de los muchos que cometió en el ejercicio de su gobierno totalitario.

Cuando accedieron al poder, luego del triunfo electoral de 1998, sembraron una alta expectativa en el seno del pueblo venezolano, sediento de reivindicación por largas postergaciones e incumplimientos de la demanda social; heredaron –como no- vicios, errores, y prácticas reñidas con la ética administrativa de gobiernos anteriores, así como un sinfín de problemas. No obstante, hay que advertir luego de 17 años de gobierno ininterrumpido, con el disfrute y la disposición de la más alta renta petrolera de toda nuestra historia republicana; de un amplio acompañamiento social, y de escasos contrapesos políticos, que han sido incapaces de resolver ni uno solo de los problemas que encontraron al llegar, y por el contrario, los han agravado e incluso han creado nuevos vicios con características dramáticas que nos ubican en el rango de los peores países del mundo en materia de inflación, corrupción, inseguridad, violación de los DDHH, entre otras calamidades.

Hoy los venezolanos somos mucho más pobres que cuando el comunismo de los Castro, y sus esclavos  Chávez y Maduro, llegaron al poder. La mayoría de nuestros compatriotas no tiene alimentación suficiente para el sustento de la familia, ni medicinas para el alivio de enfermedades. Estamos en medio de la más pavorosa crisis humanitaria jamás vista, y el presidente niega que ello exista, e impide que lleguen a nuestro país alimentos y medicinas que el mundo civilizado nos regala por solidaridad, y en reconocimiento a nuestras carencias materiales, creadas por este gobierno indolente, corrupto, incapaz, y criminal.

Los gobiernos, parlamentos, instituciones internacionales, personalidades de mundo entero han levantado sus voces para demostrar que en Venezuela estamos frente a un abismo, y solo el gobierno y sus aliados niegan –cruelmente- esa evidencia. Llegan a tanto en su perversidad totalitaria que, no sólo persiguen a los productores privados y emprendedores hasta quebrarlos, sino que hostigan a la población reprimiéndola; pero por sobre todas las cosas, y seguro la más criminal, impiden una salida democrática a la crisis; una válvula de escape prevista en la Constitución que sirva de oxigeno al sistema político para que haya continuidad y esperanza de construir un mejor futuro. Para que incluso sirva de piso para la existencia de su partido, en una sociedad donde la convivencia pacífica les permita reinsertarse en la democracia, y finalmente la reconciliación de todos los venezolanos, más allá de odios y venganzas estériles.

Los brazos de la democracia están abiertos para recibir a quienes de buena fe acepten convivir en el marco de una sociedad moderna, libre, productiva, respetuosa de la separación, autonomía, e independencia de los poderes, siempre dentro de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El país no aguanta más dolor, e incumplimientos.

La sociedad entera reclama paz, empleo, seguridad, democracia y vida. Por el bien de todos, vete Maduro!

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