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El Estado no garantiza la soberanía alimentaria

El Estado no garantiza la soberanía alimentaria


Venezuela experimenta una incuestionable crisis alimentaria. El desabastecimiento y la escasez de productos de primera necesidad, dificultan que buena parte de los venezolanos se alimenten correctamente. La gente tiene hambre. Hay casos de desnutrición e inanición. Un extracto del Resumen sobre la Situación de Derechos Humanos desde la perspectiva de Transparencia Venezuela (septiembre 2016), expone que  la situación alimentaria y nutricional en el país se caracteriza por la ausencia de rubros, principalmente aquellos que contempla la canasta básica.

Causas y consecuencias

El economista Alejandro Gutiérrez rememora que un conjunto de políticas económicas implementadas a partir de la presentación del proyecto Socialismo del Siglo XXI (2004-2005), trajo consigo una fuerte intervención económica por parte del Estado a partir de 2006, lo que se tradujo en nacionalizaciones, expropiaciones, confiscaciones y adquisiciones de empresas y tierras, sumado al control de cambio y control de precios, instaurado en 2003.

Durante la bonanza petrolera creció el consumo y la producción nacional resistió. Para la época, masivas importaciones complementaron lo hecho en casa, hasta 2007 cuando los indicadores comenzaron a descender. En el 2009 la crisis financiera internacional repercutió en el precio del barril de petróleo, que se recuperó ligeramente en los años 2011 y 2012.

Desde 2013 y hasta la fecha la contracción económica afecta el mercado de divisas, estrechando las importaciones.

“En el año 2012 el país importó 59.600 millones de dólares, en 2016 vamos a importar alrededor de 21 mil millones de dólares”, señala el profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de los Andes.

Cuando al productor se le restó el incentivo por la vía del control de precios, afectando su taza de ganancia, aunado a la falta de divisas para importar materia prima, declinó su fuerza productiva.

Esta realidad la reitera Vicente Pérez, director ejecutivo de Fedeagro, quien expone que la agricultura siempre ha tenido controles pero ahora son tan estrictos que muchos precios están por debajo de los costos. Si al cabo de tres años un productor no tiene rentabilidad, evidentemente producirá menos.

“Esto tiene años ocurriendo pero el consumidor no lo veía porque había un papá Estado que importaba los diferentes rubros. Ahora que el Gobierno no tiene divisas, la gente siente que no existe ninguna soberanía alimentaria porque sencillamente nos quedamos en el aparato. No hay nada en el anaquel porque el agricultor venezolano está desvalido”.

Pérez subrayó por ejemplo que con el rubro maíz apenas se abastece el 32% de la demanda nacional, arroz 54%, carota 16% y café 18%.

Se criminalizó la protesta

En esta lucha por la comida el Observatorio Larense de Conflictividad Social de la Asociación Civil Funpaz registra que el acceso a los alimentos se convirtió en una de las primeras causas de protesta de la gente.

Andrés Colmenárez, vicepresidente de Funpaz, explica que la alimentación es un derecho humano garantizado en la Constitución, que se reivindica en todos los pactos internacionales firmados por el Estado venezolano, sin embargo, ese principio en el país ha devenido en conflictos los últimos meses a raíz de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), mecanismo que el Gobierno dispuso en abril de 2016.

En el primer trimestre de 2016 inició la conflictividad por alimentación. En enero contabilizan 8 protestas, febrero 13 y marzo 21. A partir de abril, cuando comienza la distribución de alimentos por parte del Ejecutivo nacional, sobre todo de los productos de la canasta básica, se dispara la conflictividad, siendo el pico más alto el mes de junio con 89 protestas. En abril y mayo se realizaron 25 y 51, respectivamente. En julio, agosto, septiembre y octubre cerraron con 32, 35, 23 y 10 protestas. Se percibe una disminución considerable de la protesta ciudadana en virtud de la fuerte criminalización. Asimismo, la ONG Movimiento Vinotinto, reporta que el Estado tiene en sus manos más del 50% de la producción agroalimentaria nacional.

Manuel Virgüez, director de la institución, explica que alrededor de la violación al derecho a la alimentación giran cinco patrones o efectos colaterales: la detención de una persona por estar en una cola, la criminalización por la posesión de bienes, la opacidad, la criminalización de la protesta ciudadana y del ejercicio de la empresa privada.

“El Estado no garantiza la soberanía alimentaria y sumado a esto atropella el ejercicio del sector agroalimentario en su capacidad de proveer alimentos a la población en general”, acotó el abogado.

Situación nutricional amenazada

La doctora e investigadora Mariela Montilva, del Decanato de Ciencias de la Salud de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), asegura que la situación alimentaria y nutricional en Venezuela está amenazada por el desabastecimiento y el alto costo de los alimentos.

Añade que debido al menor consumo de carnes y harina de maíz fortificada con hierro, aumentará la prevalencia de anemia, que también conlleva al deterioro de la salud. En los niños, la carencia de hierro provoca disminución de la atención y concentración, con repercusiones en el aprendizaje. “La desnutrición en un país repercute en la salud de la población y en sus aspectos económicos y sociales. La desnutrición en los niños ocasiona mayor susceptibilidad para contraer infecciones, que son más severas y de mayor duración. El cerebro también se ve afectado, por lo cual se reduce el coeficiente intelectual, con repercusiones a futuro en el aprendizaje y la capacidad laboral, que incide en el mantenimiento del círculo de la pobreza”.

Impactos

La crisis de alimentación genera conflictividad social y deteriora el proceso educativo del venezolano, además de modificarle sus costumbres alimenticias y golpearle su estado nutricional, estos cuatro impactos los puntualiza la nutricionista Susana Rafalli, especialista en Seguridad Alimentaria.

La investigadora y consultora de la Fundación Bengoa señala que no solo nos secuestraron el alimento físico, sino que además nos expropiaron el hecho de compartir y disfrutar la comida, actividad sagrada para el ser humano. Ahora, hablar de alimentación es sinónimo de violencia, trácala, mafia, dificultad y odisea.

“Nos cambiaron el patrón y el significado de la alimentación en el imaginario de todos los venezolanos. Estamos comiendo dulces criollos que se hacían con papelón con edulcorantes, hemos tenido que aprender a hacer carne mechada con conchas de plátano y a hacer arepas sin harina de maíz, es creativo pero al mismo tiempo eso es violencia alimentaria suprema porque le están cambiando arbitrariamente el estilo de vida al venezolano”, enfatizó la consultora de la Fundación Bengoa.

El INE  a través de la Encuesta de Seguimiento de Consumo de Alimentos (ESCA) evaluó que hubo una disminución promedio del 30% en todos los rubros, mientras que para la leche en polvo se situó en 60%, harina de maíz y pasta, 34%.

“Si entre 2014 y 2016 hubo un empeoramiento de la escasez y pasamos de un índice de escasez general de alimentos de 30% a un índice de 80% para algunos rubros, calculo que hay una disminución del consumo de alimentos promedio de 40%”, indicó Rafalli.

El pronóstico es de temer advierte la nutricionista. Si a la crisis de alimentación no se le aplica un freno inmediato, el hombre nuevo será un individuo enflaquecido, sin mencionar que en los niños menores de dos años, los daños en términos cognitivos, serán irreparables. Ese niño no se va a morir, podrá recuperar su peso pero tendrá dificultades para crecer y desarrollarse.

Los niños desnutridos de hoy podrían convertirse en los padres y madres de los hogares pobres venezolanos dentro de 20 años por lo cual urge que el Gobierno canalice la ayuda humanitaria y disponga medidas macroeconómicas que permitan el restablecimiento de la producción nacional.

Inflación aumenta 1,54% cada día

Otra arista de esta realidad la encontramos en el valor de la Canasta Alimentaria y la Cesta Básica. Mientras que el sueldo mínimo se ubica en Bs. 27.091 y el bono de alimentación en Bs. 63.720, la Canasta Alimentaria se situó en 405.452,78 bolívares en septiembre, acercándose a los 450 mil bolívares en octubre, es decir, se requieren 18 sueldos mínimos para cubrir el costo de la Canasta Alimentaria y 24 para la Cesta Básica, según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).

Oscar Meza, director del Cendas-FVM, apunta que para el estudio de estos  indicadores el cálculo se está haciendo diariamente. El poder adquisitivo del sueldo mínimo para septiembre fue apenas de 5,6%. Al comparar septiembre de 2015 con septiembre de 2016 el aumento es de 555%.

El ente también reporta que la inflación aumenta 1,54% cada día, un dato increíble por tanto que la inflación de República Dominicana en todo 2015 fue de 1,02%. “Cuando se entra en la autopista de la hiperinflación los cálculos se hacen diariamente en virtud de la velocidad de variación de los precios. No hay ninguna duda de que los precios ya se pueden calcular diariamente”.

Respecto al valor de los productos importados, que recientemente aparecieron en los anaqueles, el especialista señala que se legitimó el precio del producto “bachaqueado”.

“Hay que ubicarse en una nueva etapa porque el Gobierno prácticamente abandonó el control de precios”.

Meza añade que la opacidad persiste. No hay datos oficiales de inflación ni de la canasta normativa. Aunque sabe que los equipos técnicos del Banco Central de Venezuela (BCV) y el Instituto Nacional de Estadística (INE) continúan haciendo su trabajo, la orden del directorio es no publicarlos. Por la falta de transparencia, la gente recurre a las cifras del Cendas-FVM.

Al consultarlo sobre la distribución de alimentos a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), puntualizó que si tal y como lo expresó Freddy Bernal, jefe del Estado mayor de los CLAP, la bolsa de comida llega a seis millones de personas, significa que 80% de la población no está cubierta, sin mencionar que el mecanismo es irregular. Hay bolsas de comida en Bs. 5.000 y otras en Bs.15.000. No hay una medida ni valor estándar, al contrario, el Cendas-FVM- registra una diversidad de vicios y corrupción alrededor de los CLAP.

“Tenemos pruebas de que se discrimina a las personas que firmaron para la solicitud del revocatorio. Los CLAP no pueden ser una política de distribución de alimentos porque es totalmente ineficiente. Es un mecanismo para la manipulación política”.

Desnutrición aguda

Hay un vacío oficial en torno al estado nutricional de los niños menores de 5 años. La última publicación del Sistema de Vigilancia Nutricional del Instituto Nacional de Nutrición (INN) data del año 2007. De allí en adelante, no hay duda de que se registra la información, pero no se publica. Los datos que se manejan se alcanzan gracias al trabajo de la sociedad civil organizada. La Fundación Bengoa a través del programa FARO, pesa y mide a los niños de Fe y Alegría en tres ciudades del país.

“Estamos reportando una tasa de desnutrición infantil aguda de 28% en niños menores de 5 años. En 2012 esa cifra fue de 12%, es decir, se duplicó en tres años. Mientras que la estadística de desnutrición severa (la que llega a los hospitales) está alrededor de 5%, que en 2012 no llegaba a 2%. El hospital de niños J. M. de los Ríos en Caracas cerró 2015 con 34 casos de desnutrición. 2016 no ha cerrado y se contabilizan hasta la fecha 72 casos. Esto es alarmante”, señaló Rafalli.

Lorena Quintanilla Muñoz | El Impulso

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