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El huracán albiceleste luce indetenible

El huracán albiceleste luce indetenible


Argentina reescribió la idea central de la ‘Doctrina Monroe’, al menos en lo que refiere a fútbol. América no es para los americanos, no es para los estadounidenses, América está hecha para los sudamericanos. No hay Estados Unidos, ni México o Costa Rica. No apareció Panamá, Haití o Jamaica, la CONCACAF abrió su casa para que la CONMEBOL hiciera su fiesta con Argentina como el primer invitado a la gran final de la Copa América Centenario.

La albiceleste camina a igualar a Uruguay como la selección más ganadora en la historia de la Copa América tras derrotar 4-0 a los Estados Unidos en la primera semifinal del torneo.

Hace cien años, Argentina organizó en el viejo estadio de madera de Gimnasia y Esgrima de La Plata la primera Copa América de la historia. Con cuatro invitados, se metió a la gran final del torneo, mismo que perdió frente a Uruguay. Un siglo más tarde, en la tierra de la libertad busca cerrar una deuda que le quiere cobrar a la pelota.

Con diez hombres y un extraterrestre, Argentina se plantó con su jersey azul marino en el NRG Stadium de Houston para gritarle al mundo que su juego es de élite, y que dos finales en los últimos dos años no fueron una simple casualidad.

Argentina bailó tango en tiempos de reagetton. Marcó el compás en la pista desde el primer instante de juego cuando Lionel Messi le metió un pase divino a Ezequiel Lavezzi para que de cabeza pusiera el 1-0 del juego cuando apenas iban tres minutos de partido. La ‘Pulga’ llegó a diez pases de gol para convertirse en el máximo asistidor en la historia de la Copa América.

 Y ahí empezó el show. Pelé y Maradona susurraban hace días que Messi no era un líder, palabras que hicieron eco en el mundo y seguramente en los oídos de la ‘Pulga’. No había mejor forma para callarlos que con un gol de otro planeta y que además, dejara al ’10’ como el máximo anotador en la historia de la selección argentina; Messi, de tiro libre, dibujaba una parábola imposible de detener para Guzan y así llegar a 55 goles en su cuenta.
El juego era un trámite, un spoiler de lo que todos sabíamos que sucedería. Hoy no existió la ficción de las novelas estadounidenses, no apareció el traje de Superman ni la heroicidad del Capitán América. Las Barras y las Estrellas fueron vulneradas una tercera ocasión por Gonzalo Higuaín para aumentar el marcador con un 3-0 simple. El propio ‘Pipita’, aquel que derrumbó las ilusiones en el Maracaná brasileño hace dos años, selló el 4-0 definitivo tras un nuevo pase de Messi.
La deuda de Argentina con su afición es clara, se trata de un tema de honor. El centenario de la Copa y su final sudamericana en tierra estadounidense es la oportunidad perfecta para que la albiceleste al fin se quite la etiqueta de perdedor en finales; Brasil 2014 y Chile 2015 son páginas que no se borran, pero que pueden superarse con el título que corone a una generación liderada por Lionel Messi, el hombre que al menos con una pelota, contradijo a James Monroe: América es para los sudamericanos, América está a 90 minutos de ser para Argentina.
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