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El lugar común: “Acuerdos y desacuerdos.” por Simón García

El lugar común:  “Acuerdos y desacuerdos.” por Simón García


                                                                                 Simón García / @garciasim.

Es natural que la trayectoria unitaria pase por sucesivos acuerdos y desacuerdos. Su palanca es el contraste porque se comparten los mismos objetivos. Pero, hay que sujetar con firmeza las riendas para canalizar las tensiones entre las agendas particulares y las exigencias de mayor energía unitaria. Si este equilibrio se rompe, surge el conflicto.

La unidad está bajo tensión. Las decisiones unilaterales adoptadas por uno de los tres principales líderes de la oposición crearon la dificultad de consentirlas por consideración al preso político o disentir de ellas, por poner a los demás frente a hechos cumplidos y porque no se pudo establecer su oportunidad, la forma óptima de llevarlas a cabo o las ventajas de otras iniciativas.

Leopoldo López pudo evitarlo. Ha comprobado que sabe cumplir el segundo deber de todo preso político: encontrar los medios de comunicarse con quienes están afuera. Realizó sus anuncios por video, evento más sofisticado que enviar un papelito miniaturista a quienes podían ayudarlo a rodear la huelga de hambre y la marcha de un respaldo unitario y más allá de la MUD. A menos que no le interesara compartir triunfos.

Si una motivación de este nuevo acto unilateral es mover la calle para equiparar una estrategia con el éxito de las primarias, entonces debería atraer a quienes le dan prioridad a la vía electoral. Pero como a veces las buenas intenciones hacen el trabajo de las malas, ha surgido una ola de discriminaciones e insultos que ha dejado instalada la rabia contra la banda de opositores colaboradores y agentes del mal. Indeseable división maniquea desde la acera que sea.

Es legítimo formular objeciones, ser exigentes con los requisitos a cumplir e incluso oponerse a la huelga de hambre. Ningún dirigente puede tomarse el derecho de comprometer su vida si esa acción está rodeada de incertidumbre sobre sus desenlaces y puede poner en riesgo la esperanza de todo un pueblo. Es un acto de valentía, pero no ha sido la falta de coraje lo que nos ha generado limitaciones y derrotas.

Gandhi, quien  realizó diecisiete huelgas de hambre, nos enseña la importancia  de la pasión social, de la organización, de las relaciones, del discurso y de otros factores que llevan al éxito. Sólo hay que sopesar un dato: tras la marcha de la sal hubo 60.000 activistas de la no violencia presos.

En la otra banda, cuando la falta de resultados obliga a honrar los principios, ocurren desgracias terribles como la de los diez huelguistas irlandeses que fueron muriendo, mientras se realizaban elecciones y donde uno de ellos, Boby Sands, resultó electo diputado. La osadía no es atreverse a frotar el vidrio para liberar al genio, porque a veces, como relata Stevenson, el que sale de la botella es el diablo.

El punto no es volver a discutir si estamos ante una segunda edición de La Salida. Las peticiones y exigencias planteadas por Leopoldo López forman parte de la visión de la MUD. El mensaje transmitido por Patricia de Ceballos a nombre de su esposo, concediendo perdón a quienes lo encarcelan y despojándose de odios es ejemplar.

La cuestión es la confianza en el otro. Alianzas entre partidos, como las de la MUD, suponen que la competencia es secundariamente rivalidad y dominantemente solidaridad. Exige actuar con reglas claras y de obligatorio cumplimiento por parte de todos, no por responder a un principio burocrático de autoridad sino para contribuir conjuntamente a la calidad de la política y la eficacia de los resultados.

Ahora, en mitad del rio, necesitamos pasar de los reparos a la promoción activa de la causa de los huelguistas. Una solidaridad para sumar, sin descalificaciones que aíslen,  radicalismos que ahuyenten o amenazas que restablezcan la vieja polarización.

Es momento del aporte de todos para enfrentar las provocaciones del gobierno, resguardar la solidaridad internacional y añadir nuevos sectores a la lucha por otra Venezuela. Después habrá que definir otros modos de hacer política y comenzar a practicarlos.

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