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El miedo se apodera de los comerciantes

El miedo se apodera de los comerciantes


Luis Gómez no oculta su miedo. Como dependiente de una tienda de la cadena de pequeños supermercado De Paso, vive con el temor de que en cualquier momento la llegada de insumos que escasean (alimentos y artículos de cuidado personal) provoque que una turba arremeta contra el local.

“Lo único que nos queda es rezar para que no pase nada”, afirma con verdadera de cara de preocupación el joven trabajador, quien al igual que sus compañeros asegura que en las últimas semanas las aglomeraciones de personas en la tienda han subido en cantidad y tono, por lo que los temores de que se produzcan hechos de violencia no cesan, en especial porque cada día ven que llegan menos mercancía para satisfacer la demanda de una clientela creciente.

Como Gómez, trabajadores y propietarios de todo tipo de comercio presienten estallidos y saqueos, una precepción nada infundada en virtud del auge que ha experimentado este tipo de acciones violentas, de las cuales han producido al menos 254 episodios entre enero y mayo de este año, según datos de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS).

Y la aprensión sube en la medida que lo hace la conflictividad. Según la ONG en mayo se registró un alza de 320% en el número de saqueos frente al mismo mes de 2015 tras reportar un total de 54 casos concretos y 36 intentos, una estadística que Marco Antonio Ponce, director de OVCS, estima seguirá creciendo en la medida que sigan escaseando productos básicos.

Frente a esta ineludible realidad, los comerciantes se sienten atados de manos. “Se trata de un fenómeno social de descontrol y como tal no hay forma de prevenirlo o evitar que suceda”, comenta Víctor Maldonado, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas, a g r e g a n d o que en medio del caos socioeconómico que vive el país, son los comerciantes quienes pagan las consecuencias de la aplicación de políticas erradas.

“Se culpa al comerciante cuando en realidad la responsabilidad es de un gobierno que ha tenido un pésimo desempeño económico”, dice Madonado. Precisa además que es imperativo hacer llegar este mensaje a la población, a fin de evitar males mayores al sector del que depende buena parte de la distribución de productos básicos.

“No dudo que vayamos a ver un incremento de la violencia, de disturbios y saqueos simplemente porque la gente va a buscar alimentos de cualquier manera”, acota el dirigente gremial, quien reitera que los comerciantes seguirán vendiendo en la medida de que las posibilidades lo permitan, tomando en cuenta que informaciones cruzadas dan cuenta de una eventual suspensión de la distribución de productos de primera necesidad a la red comercial privada.

PAÑITOS CALIENTES
“¿Qué puedo hacer si vienen a saquear? Nada”, se pregunta y responde Gabriel Pereira, propietario de un pequeño abasto en la urbanización El Marqués, muy cerca de Petare. Afirmando que su angustia es diaria y mostrando cómo su local ha venido quedando sin inventarios, Pereira señala que entre las pocas cosas que puede hacer para prevenir desmanes está regular la entrada de clientes cuando llega mercancía sensible, y ayudarse con agentes del orden público para intentar contener la exasperación de los compradores.

Al respecto, tanto Gómez como Pereira afirman que el arribo de policías o militares durante la venta de productos básicos es espontáneo. “Ellos se acercan cuando ven la aglomeración de personas y ayudan a organizar las colas”, dice Gómez, asegurando que no hay ningún tipo de compensación económica para los uniformados, quienes se dan por satisfechos si se les permite adquirir los productos en venta.

Desde el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), su primer vicepresidente Alfonso Riera, concuerda en afirmar que es imposible predecir y evitar un saqueo. “Hay iniciativas privadas como por ejemplo que en los bajos mirandinos, los comerciantes se mantienen comunicación por radio para advertir conatos de disturbios. Son pequeña acciones de prevención que se pueden a aplicar en otros lugares del país”, comenta.

No obstante, Riera precisa que se trata solo de paños calientes que en nada resolverían una situación de conflicto generalizada, precisando que es tarea de las autoridades (nacional, regional y local) resguardar la seguridad de todos los venezolanos y sus bienes, pero que ante inacción del Estado los comerciantes han tenido que buscar sus propias herramientas de defensa.

CERO CONTINGENCIA
“No tenemos ningún plan de contingencia”, afirma José Mata, jefe de seguridad en el local de una gran cadena de farmacias ubicada en el este de Caracas, quien apela al sentido común como única guía para evitar tumultos: cerrar puertas y pasar un número determinado de clientes durante la venta de productos regulados.

Añade que ante un episodio de saqueo la orden es resguardar la vida del personal, aspecto que es secundado por una fuente anónima de otra cadena de tiendas con presencia nacional, quien añade que para minimizar la tensión que viven día a día en los locales se ven forzados a bajar las santamarías en caso de observar alteraciones. “Hasta que se calma la tensión no abrimos”, dice.

Al señalar que ellos tampoco cuentan con un protocolo para contener una explosión espontánea como un saqueo, Teodoro Bellorín, presidente de la Cámara de Comercio de Margarita, dice que tampoco cree conveniente que un empresario revele sus estrategias.

“No creo que nadie salga a decir `tengo este plan’’, dice, al tiempo de agregar que los conatos de saqueos en la región se han incrementado de forma alarmante en la última semana.

Su par de Maracaibo, Amaya Briner, sostiene igual opinión, asegurando que en previsión los comercios independientes han comenzado a cerrar sus puertas más temprano (4:00 pm), mientras que los centros comerciales mantienen un horario “extendido” hasta las 6:00 pm.

Sin data que permita medir el impacto, Briner afirma que el incremento de los costos en seguridad privada se ha disparado este año entre los comerciantes zulianos, quienes aun con la caída de las ventas (50% en lo que va de año, según voceros de la cámara) han tenido que invertir en seguridad privada y en reforzar los sistemas la estructura física de sus locales.

ALGO ES ALGO
Aunque no se trata de una estrategia general, algunas empresas han comenzado a aplicar medidas que de alguna manera ayuda a minimizar el impacto de posibles hechos violentos.

“Se ha previsto que haya un reordenamiento de los anaqueles para ordenar las colas y facilitar el despeje en caso de contingencia”, señala una fuente del sector automercados que pide el anonimato, quien precisa que es obligación contactar a la fuerzas del orden público si se va a despachar productos básicos.

En caso de detectar posibles conatos de violencia, se plantea el desvío de la mercancía a despachar hacia otros locales con ambientes más controlados, así como realizar los envío en horas con menor flujo de clientes para evitar exasperación por el arribo de mercancía.

“Un saqueo es impredecible pero se han aplicado algunos protocolos para el manejo de las colas y ayudar a evitar tensiones”, señala la fuente, quien no obstante recuerda que se trata de decisiones que no frenarían una turba dispuesta a saquear.

Jesús Hurtado/TalCual

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