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“El Papa en México” por Eduardo Fernández

“El Papa en México” por Eduardo Fernández


Eduardo Fernández.

El Papa Francisco sigue deslumbrando al mundo con su magisterio. El mundo está enfermo y la receta para curar al mundo de todas sus enfermedades está en el Evangelio. Si tan solo siguiéramos las enseñanzas que se derivan del Evangelio, el mundo ofrecería un panorama completamente diferente. Y el Papa Francisco es la voz más autorizada para predicar el evangelio a la humanidad dolida del mundo contemporáneo.
Si tan solo siguiéramos las enseñanzas del Evangelio, los venezolanos seriamos más felices y también los mejicanos y el mundo entero sería un testimonio de justicia, de paz, de armonía y de felicidad.
En México, el Santo Padre nos ha hecho un dramático llamado a “abrir los ojos” frente a la injusticia de una sociedad “de pocos y para pocos”. Este llamado lo hizo en una misa ante más de 300.000 personas en un suburbio pobre en la periférica de la Ciudad de México.
El Papa llamó a recuperar la alegría y la esperanza y a “sacarse las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza”.
Nos recordó que la Cuaresma es el tiempo para ajustar los sentidos y abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el sueño y el proyecto de Dios.
Ecatepec, que así se llama el suburbio en donde habló el Papa, está inmerso en la inseguridad cotidiana, como Venezuela, y ha sufrido numerosos asesinatos de hombres y mujeres. Los habitantes de ese suburbio sufren un calvario cotidiano, de varias horas, como ocurre en tantos sitios de nuestro país, para trasladarse a sus lugares de trabajo o para comprar los bienes y servicios que necesitan para sobrevivir.
Dijo el Papa en su homilía que el sueño de Dios “está continuamente amenazado por el padre de la mentira, por aquel que busca separarnos, generando una sociedad dividida y enfrentada”. Como ocurre entre nosotros.
Propuso “desenmascarar las tentaciones de la riqueza, la vanidad y el orgullo, y advirtió que la riqueza conseguida adueñándose de los bienes que son de todos, tiene sabor a dolor, amargura y sufrimiento.
Criticó la búsqueda de prestigio con base en la descalificación constante de los que no piensan como uno.
Pero, sobre todo, habló de la alegría y de la esperanza que se derivan del Evangelio. Es lo que queremos y necesitamos los venezolanos, recuperar la alegría y la esperanza.
Seguiremos conversando.

Últimas Noticias, 19 de febrero de 2016

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