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“El plan y la ciudad” por Marco Negrón

“El plan y la ciudad” por Marco Negrón


Marco Negrón / @marconegron.

La gestión de Jaime Lerner como alcalde de la brasileña Curitiba marcó un hito en el urbanismo…

La gestión de Jaime Lerner como alcalde en tres ocasiones de la brasileña Curitiba marcó un hito en el urbanismo de la región: cuando fue electo por primera vez en 1971 la idea predominante en Latinoamérica era que nuestras naciones estaban «asediadas por la “ciudad prematura”, anticipo de una futura “no-ciudad”», lo que alimentó poderosas corrientes para frenar el crecimiento de las ciudades por, supuestamente, constituir un lastre para el desarrollo nacional.

Lerner y su equipo no compraron esa tesis y entendieron, por el contrario, algo que ya hoy pocos discuten: que las ciudades de calidad son en verdad los más poderosos motores del desarrollo. Para ello era indispensable dotarlas de planes eficaces e innovadores, pero también susceptibles de ser llevados a la práctica, y quizá aquí residió la más importante innovación: garantizar la gobernabilidad de la ciudad y la progresividad de un plan que se va ajustando en el tiempo.

Lerner no fue un alcalde cualquiera: arquitecto de profesión, fue uno de los fundadores y director del IPPUC, la oficina de planeamiento urbano de Curitiba, cuya continuidad de gestión y elevada solvencia profesional le han valido niveles de respeto y confianza de la ciudadanía poco comunes, esenciales para asegurar esa ansiada gobernabilidad. Ha afirmado que «una ciudad solo puede encontrar soluciones de futuro a partir del momento en el que sabe lo que quiere ser», lo que a algunos podría sonar un tanto críptico si no entienden que la ciudad son los ciudadanos, y que son ellos los que deben sentarse a debatir para saber qué es lo que quieren de su ciudad: el plan centralizado, desde arriba, hace rato pasó a mejor vida para ser sustituido por la laboriosa búsqueda de consensos.

Entre nosotros, en los últimos tres lustros el plan ha sido borrado del lenguaje gubernamental, sustituido por la improvisación y el capricho, cuando no por la operación fraudulenta que busca el provecho propio y de los amigos, mientras se menosprecia o ignora lo que hacen los críticos del régimen. Así puede llegarse al extremo del ridículo de afirmar que desde el plan de la OM-PU de 1983 Caracas carece de un instrumento que oriente su crecimiento urbano. Sin concederle nada a la corrupción, hay quien sostiene que ésta es más tolerable que el fanatismo. En nuestro caso ambos se combinan en un coctel mortífero.


El Universal, 10 de junio de 2015
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